Fernando se sentó en un banco de madera de los que adornan las calles. Iluminado por la tenue luz que proyectaba una triste farola sobre él, afianzó los codos en sus rodillas y se sujetó la cabeza con ambas manos, intentando ocultar el
sentimiento de culpa que le embargaba, el nudo que tenía en la garganta se deshizo y se desató en un silencioso llanto callado. Se sentía perseguido por los fantasmas del miedo y la desesperación, se vio a sí mismo como un fugitivo de sus propios sueños rotos, acosado por una mirada traicionera que se le clavaba en la piel como acículas sangrantes de resina, vacio como si le hubieran quitado de un golpe la esencia de la vida
No fue capaz de saber en qué momento había empezado a desmoronarse su vida en común, intentó en un vano esfuerzo recordar cuando se instaló entre ellos el frio glaciar que les empezó a enfriar los pies, y no paró hasta llegar al corazón. Quiso rememorar cuando dejaron de ser aquellos fogosos amantes que se empapaban de amor hasta que el amanecer les sorprendía asomado en la ventana, para convertirse en compañeros de una cama en la que agonizaban las solitarias sábanas de la soledad. Deseo evocar cuándo fue la última vez que rieron juntos por alguna nimiedad, y no encontró más que reproches vomitados en el desenfreno de la suspicacia. No supo reconocer en qué momento, sus cenas dejaron de ser el momento álgido de sus animosas charlas, para pasar a convertirse en una serenata de ruidos de cubiertos sobre platos, como silenciosa compañía para evadirse de una realidad cada vez más desesperanzadora.
Pero no halló más respuesta que su desencanto y la búsqueda de hacerse daño para reaccionar a una situación cada vez más insostenible.
Miró de soslayo a Pedro, un fino hilo de sangre bajaba hasta la comisura de sus labios para perderse en la oquedad de su boca, los ojos empezaban a teñírsele de un amoratado dolor.
Se dio la vuelta, le dejó masticando amargura, y descorazonado empezó a caminar. Se marchó, sin una palabra, sin un adiós. Estaba aturdido, una extraña niebla se había apoderado de su mente, y no fue capaz de ver ni los árboles, ni las
casas, ni las farolas, que se encontraban en su camino, como tampoco vio la sombra que le persiguió con un brillo mortal entre las manos.


Sandra.Legal
Guauuu!!!! Netor, espectacular relato. De sentimientos encontrados, de corazones rotos que terminan dando paso a la muerte y su zarpazo. Me fascinó. Brillante!!! Voto
Te felicito y un fuerte abrazo
Netor
Gracias Sandra, por leer, y comentar
un abrazo
Butterfly
Cómo las situaciones se van desacomodando con el tiempo muchas veces, no?
Lo que antes era felicidad, puede convertirse en todo lo opuesto. Dramático final, en este caso…terrible.
Excelente, Marisol…voto y besote.
Netor
Gracias Butterfly, a veces suele pasar
un beso
DavidRubio
Como la carcoma, solo cuando la casa se hunde nos damos cuenta de su poder. Perdona la metáfora. Un saludo y felicidades por el excelente relato.
Netor
Gracias David, y una buena comparación,
un abrazo
El Moli
Un relato excepcional amiga, el drama del silencio, el desamor, las culpas y los porque, una realidad muy nuestra. El final sorprende y atemoriza.
Un abrazo.
Netor
Gracias Luis, asi es a veces la vida
un beso
VIMON
Excelente relato, amiga. Felicitaciones y mi voto.
Netor
Gracias Vimon, amigo
un beso grande
volivar
Netor: qué buena narración; admiro tu estilo, claro, preciso, lógico. Excelente desenlace.
Mi voto
Volivar
Netor
Gracias Volivar, siempre atento
un beso
Eva.Franco
Excelente Netor, especialmente el final.
Mi voto y un brazo.
Netor
Gracias Eva guapa, me alegro que te haya gustado
un beso grande
Eva.Franco
Un placer llevarte a portada!!!
elpotro
Muy buena narración Marisol!!!!!!!!!
Netor
Gracias potro,
un beso guapeton
Mabel
Netor, me ha encantado, un abrazo y mi voto
Netor
Gracias Mabel, me alegro que te gustara
un abrazo
Alejandro.Romera
Me ha gustado el modo de narrarlo. Una historia dura y real
Un abrazo y mi voto
Alex
http://www.alejandroromera.com
alca
Un relato estremecedor y excelentemente narrado. Felicidades y voto aunque con petición de perdón por la tardanza. Besos.