Se apagaron los latidos

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    Fernando se sentó en un banco de madera de los que adornan las calles. Iluminado por la tenue luz que proyectaba una triste farola sobre él, afianzó los codos en sus rodillas y se sujetó la cabeza con ambas manos, intentando ocultar el

    sentimiento de culpa que le embargaba, el nudo que tenía en la garganta se deshizo y se desató en un silencioso llanto callado. Se sentía perseguido por los fantasmas del miedo y la desesperación, se vio a sí mismo como un fugitivo de sus propios sueños rotos, acosado por una mirada traicionera que se le clavaba en la piel como acículas sangrantes de resina, vacio como si le hubieran quitado de un golpe la esencia de la vida

    No fue capaz de saber en qué momento había empezado a desmoronarse su vida en común, intentó en un vano esfuerzo recordar cuando se instaló entre ellos el frio glaciar que les empezó a enfriar los pies, y no paró hasta llegar al corazón. Quiso rememorar cuando dejaron de ser aquellos fogosos amantes que se empapaban de amor hasta que el amanecer les sorprendía asomado en la ventana, para convertirse en compañeros de una cama en la que agonizaban las solitarias sábanas de la soledad. Deseo evocar cuándo fue la última vez que rieron juntos por alguna nimiedad, y no encontró más que reproches vomitados en el desenfreno de la suspicacia. No supo reconocer en qué momento, sus cenas dejaron de ser el momento álgido de sus animosas charlas, para pasar a convertirse en una serenata de ruidos de cubiertos sobre platos, como silenciosa compañía para evadirse de una realidad cada vez más desesperanzadora.

    Pero no halló más respuesta que su desencanto y la búsqueda de hacerse daño para reaccionar a una situación cada vez más insostenible.

    Miró de soslayo a Pedro, un fino hilo de sangre bajaba hasta la comisura de sus labios para perderse en la oquedad de su boca, los ojos empezaban a teñírsele de un amoratado dolor.

    Se dio la vuelta, le dejó masticando amargura, y descorazonado empezó a caminar. Se marchó, sin una palabra, sin un adiós. Estaba aturdido, una extraña niebla se había apoderado de su mente, y no fue capaz de ver ni los árboles, ni las

    casas, ni las farolas, que se encontraban en su camino, como tampoco vio la sombra que le persiguió con un brillo mortal entre las manos.

    Comentarios

    1. Butterfly

      26 abril, 2013

      Cómo las situaciones se van desacomodando con el tiempo muchas veces, no?
      Lo que antes era felicidad, puede convertirse en todo lo opuesto. Dramático final, en este caso…terrible.
      Excelente, Marisol…voto y besote.

      • Netor

        28 abril, 2013

        Gracias Butterfly, a veces suele pasar
        un beso

    2. DavidRubio

      26 abril, 2013

      Como la carcoma, solo cuando la casa se hunde nos damos cuenta de su poder. Perdona la metáfora. Un saludo y felicidades por el excelente relato.

      • Netor

        28 abril, 2013

        Gracias David, y una buena comparación,
        un abrazo

    3. El Moli

      26 abril, 2013

      Un relato excepcional amiga, el drama del silencio, el desamor, las culpas y los porque, una realidad muy nuestra. El final sorprende y atemoriza.
      Un abrazo.

      • Netor

        28 abril, 2013

        Gracias Luis, asi es a veces la vida
        un beso

    4. VIMON

      27 abril, 2013

      Excelente relato, amiga. Felicitaciones y mi voto.

    5. volivar

      27 abril, 2013

      Netor: qué buena narración; admiro tu estilo, claro, preciso, lógico. Excelente desenlace.
      Mi voto
      Volivar

      • Netor

        28 abril, 2013

        Gracias Volivar, siempre atento
        un beso

    6. Eva.Franco

      27 abril, 2013

      Excelente Netor, especialmente el final.
      Mi voto y un brazo.

      • Netor

        28 abril, 2013

        Gracias Eva guapa, me alegro que te haya gustado
        un beso grande

    7. Mabel

      27 abril, 2013

      Netor, me ha encantado, un abrazo y mi voto

      • Netor

        28 abril, 2013

        Gracias Mabel, me alegro que te gustara
        un abrazo

    8. alca

      7 mayo, 2013

      Un relato estremecedor y excelentemente narrado. Felicidades y voto aunque con petición de perdón por la tardanza. Besos.

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