Tanatopraxia afectiva

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    Con el sabor del café todavía en el paladar, Amadeus y Boris entraron en la habitación donde trabajaban. Sobre la mesa metálica había un foco redondo de luz pálida, bajo este, un cadáver desnudo de belleza andrógina.

    —No me gustan las mujeres con el pelo tan corto.

    —A mí sí —dijo Boris—, y esta quedará muy guapa… ¿Por dónde iba?

    —Por el día de tu cumpleaños

    —Ah, sí. Pues se presentó sin avisar en el restaurante con un regalo.

    —Toma, espero que te guste.

    —No tenías que haberte molestado —le dije mientras rompía el papel que envolvía una camisa.

    —Ya lo sé, por eso quiero decirte que si vas romper conmigo… me la quedo y la devuelvo, he guardado el ticket por si acaso.

    —No me jodas ¿te dijo eso?

    —Sí.

    —¿Y rompiste con ella?

    —No.

    Amadeus sonrió, sabía que Boris nunca dejaba a una mujer por muy mal que le fueran las cosas, simplemente esperaba a que sucediera. El cuerpo que estaba limpiando estaba frío y rígido, y las toallitas empapadas en formol empezaban a propiciarle un mareo al que creía que nunca se acostumbraría. Amadeus se colocó la mascarilla para hablar:

    —Eres un cabrón… y un cobarde.

    Boris soltó una carcajada mientras taponaba la nariz de la mujer, luego se preparó para suturarle la boca. Amadeus se quedó embelesado viendo cómo cosía aquellos delicados labios, cómo escondía las puntadas de hilo negro entre los pliegues aún carnosos. Una vez más pensó que Boris sí le ponía pasión al oficio. Le fascinaba embellecer todo lo que estaba muerto.

    —Te gusta hacer esto, ¿verdad?

    —Si te refieres a maquillar cadáveres, sí. ¿A ti no? —cuestionó Boris esta vez.

    —Me da de comer, no se suda y los clientes no se quejan.

    Al escuchar esto, Boris sintió lástima por la poca sensibilidad de Amadeus. Nunca valoraría la importancia de aquel trabajo. Seres desconocidos les confiaban su peor mueca para que ellos la transformaran en un rostro sano y con vida, les otorgaban el beneficio de resucitarlos antes de verlos desvanecerse para siempre.

    —El vestido es muy bonito —dijo Boris señalando la prenda colgada al lado de la camilla— le pondré sombra azul en los ojos para…

    —¿Por qué no la dejas? —interrumpió Amadeus— ¿Prefieres ser la víctima, el desgraciado que arrastre su triste historia por los bares?

    —¿Por qué no me dejas? Lo nuestro no tiene futuro—dijo, la chica.

    —Porque me gusta así. Es bonito.

    —Entonces te dejaré yo.

    Con el vestido azul puesto, la mujer de pelo corto parecía solamente estar en silencio, dormida como una princesa en un cuento de hadas futurista. Ahora debían hidratarse las partes del cuerpo que quedaban al aire para eliminar las sequedades producidas por los desinfectantes.

    —¿Y ya está? ¿Habéis roto? —Amadeus se mostró incrédulo.

    —No, no hemos roto, se estaba tirando un farol.

    —¿Ya está? ¿Hemos roto? —preguntó Boris.

    —He dicho que te dejaré, pero no te he dicho cuándo —contestó la chica sonriendo sin darse cuenta. El chiste implícito en su contestación la traicionó, sabía que se estaba haciendo daño, que entonces Boris se saldría con la suya, pero siguió riendo como una tonta, una tonta enamorada.

    —Boris, piénsalo, ¿qué ganas alargando esta situación?

    —Amadeus, dime, ¿qué se gana cuando se pierde algo?

    Los dos se miraron en silencio intentando descifrar lo que pensaba el otro. La maniobra telepática duró unos segundos. Amadeus comprendió que el afán de Boris por alargar un poco más la vida de todo aquello abocado al olvido le llevaba a no terminar nunca con sus relaciones, a mantenerlas bellas hasta que el tiempo las arrasaba igual que los gusanos y las condiciones anaeróbicas acababan con todo el estúpido trabajo que allí hacían.

    —Es cierto, no se gana nada —dijo al fin Amadeus. Pero Boris no le escuchaba, su mirada y todo su ser andaban perdidos en
    el estuche de maquillaje en busca de un azul que conjuntara con el vestido.

     

     

     

    Comentarios

    1. DavidRubio

      17 mayo, 2013

      Extraordinario paralelismo. Perfectamente narrado, pensado y escrito. Felicidades. Lo unico que tocaría es separar con doble línea cuando relata el dialogo con la novia, o bien cambiar el estilo de letra, para no confudir y distinguir ambas situaciones. Pero es genial. Saludos

    2. VIMON

      18 mayo, 2013

      Muy buen relato, Diego, felicitaciones y mi voto.

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