Mi experiencia como lector se puede dividir en dos etapas. La primera fue la de la lectura obligada. En esta etapa leía lo que la escuela, mi tío, mis padres, o yo mismo me imponía.
Leía a Sófocles, García Lorca y Cervantes para el colegio. Leía a Vargas llosa para mi tío. A Arguedas y Kafka para mi papa. A Wilde para mi mama. Yo me obligaba a leer a autores de diferentes épocas y latitudes, porque no quería ser adulto y no nada interesante que decir.
Pero hubo un autor que ninguno me recomendó, pero del que escuche hablar muchas veces. En la escuela mi profesora de Literatura lo cito alguna vez, es el escritor preferido de mi tío y de mi papa (los vi alguna vez leyendo algún libro suyo) y mi mama me dijo en una ocasión que mi abuelo leía mucho a este escritor, pero que a ella le parecía que tenía la tendencia de complicar lo simple.
Estaba en una tienda de libros en el jirón Quilca acompañado por mi tío. El cogió un libro amarillo y me lo dio. Pago a la dependienta, me miro y me dijo: “Ya es hora de que conozcas al maestro, sobrino”. Examine el libro. Borde negro y en medio de la caratula amarrilla un cuadrado de bordes negros coronado por un semicírculo. En el semicírculo el número 2, en la parte baja del cuadrado Nueva antología personal y en el medio del cuadrado Jorge Luis Borges. Mientras trataba de recordar donde había escuchado es apellido, voltee el libro y en la contratapa Colección de literatura universal Brugera.
¿Dónde había escuchado ese apellido? ¿Quién lo había mencionado? ¿Tío que es Jorge Luis Borges? Si sabes quién es, no te he dicho que es mi autor preferido. ¿Este Borges es el Borges?
Había escuchado su apellido en las clases del colegio, en mi casa. Había leído ese nombre en otros libros (ojee un libro de Savater cuyo tema era Borges, Vila-matas lo menciona en el libro suyo que más me gusta y hasta los angloparlantes Auster y Cooetze lo mencionan en sus cartas) y en frases de Facebook Mire el libro con respeto. Olía como los libros viejos de mi abuelo. Regresamos a mi casa, hice mis tareas, comí y ya en la cama antes de dormir abrí el libro amarillo.
En el momento de leer las letras impresas en el papel amarillento pase a mi segunda etapa como lector. Al leer “A Leopoldo Lugones” (no podía creer que esa pequeña obra maestra fuese un prólogo” o “El puñal” descubrí que leer podía ser placentero. Ya no me preocupaba por leer rápido, por devorar página tras página. Ahora no me molestaba demorarme saboreando cada página, frase o palabra.
Seguí tu consejo Borges,(Yo les aconsejaría a los posibles lectores de mi testamento, que no pienso escribir, que eligieran mucho, que no se dejaran asustar por la reputación de los autores, que leyeran buscando una felicidad personal, un goce personal, que es el único modo de leer; (…)Es decir, yo aconsejaría ante todo la lectura, y la lectura hedónica, la lectura del placer, no la triste lectura universitaria hecha de referencias, de citas, de fichas… JLB) eso me ha llevado a leer diferentes autores y a dejarte un poco de lado. Pero espero me perdones manipulo una frase tuya, para poder explicar por qué a pesar de no leerte últimamente sigo sintiendo que eres parte de mí.
Hay algo mágico: yo tengo libros de Borges. No suelo leerlos, pero la presencia de sus libros me ayuda… esa gravitación silenciosa, sentir que están ahí.


NicolasMattera
Seba, muy bueno, comparto la sensación que despierta Borges a leerlo. Conforme esto, y para engrandecer su honor y su amor a las letras, por favor revisá el texto y colocá las tildes que faltan (que son demasiadas…)
Un abrazo
volivar
Sebastián: un texto muy bueno, pero como dice nuestro amigo Nicolás, esa falta de acentos (tildes) en muchas palabras desmerecen, como que no dan ganas de leerlo. ah, pero si corrigieras, sería una magnífica narración.
M i voto
Volivar (Jorge Martínez. México
Eva.Franco
Muy pero muy bueno. Me encantó, sólo realiza las correcciones que te comenta Volivar y listo…
Mi voto.
Sandra.Legal
No voy a hablarte de correcciones , de normativa, de reglas , ni nada de eso. Lo impactante en este texto , por lo menos para mí, es la “lección” del buen lector, es la “decisión” de un lector. Usaría tu texto para leérselo a mis alumnos de media, a ver si logro despertar en ellos el simple placer por la lectura. Me encantó y gracias.
Per
Sebastián, buena reflexión. Borges es profundo, radical a veces. Es verdad lo que decís del placer de la lectura. A mí me pasa más con Cortázar, pero al escribir he encontrado un complemento: escribir es crear y crear es formar parte del universo creado. Acabas de crear una reflexión escrita: mantenla viva, corrígela en ortografía, para que deslumbre en su contenido. Abrazos. Per.
MayezHess
Toda mi vida he tenido la influencia de la lectura, siempre he leído por gusto propio pero reconozco que he sido lector por obligación por algunos libros que mi madre me hacía leer para “superarme”. Dejé la lectura un tiempo por cuestión personal, cuando la retomé fue como tener un casete nuevo. La primera vez que leí a Borges, mi hermana mayor llevaba unas hojas de copias y me dijo te gustará este texto, haber si lo reconoces. Cuando empecé la lectura, sentí en la punta de la lengua un cierto sabor a recuerdos. “La casa de Asterión” fue la primer lectura de Borges, por supuesto que lo reconocí, mi padre nos contaba esa historia de niñas. Me encantó tanto que hasta compré un libro y leí otro por PDF. No te culpo, Borges y su extraña manera de llamar la atención. Me gusta, mi voto, saludos desde Colima.