¿En qué piensas cuando abandonas un muerto?

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La observo cepillarse el cabello. Parada frente al espejo, desnuda. Como si no le importara dónde está.

—Es eso —digo, sabiendo que no podrá escucharme—, no te importa.

Ella detiene el cepillo. Mira hacia la ventana. Pero sólo puede ver oscuridad y tal vez, si mira bien, los faroles de la calle. Si presta la debida atención, también podría escuchar el crujido de una botella que se rompe y un silbido que se aleja.

—No hay nadie —dice, quizás pensando en voz alta.

Yo también pienso en voz alta. Aunque en este recién adquirido estado no tiene sentido. Lo único que queda de mi es esta sustancia parecida a un hálito, una voz que no es mi voz, y el cuerpo sobre la cama, que ya no es mío.

Ahora se viste. Puedo escuchar, potenciado a un nivel insoportable, el susurro de la tela. No me importa que se mueva pero el roce me enloquece. Al fin se sienta, apartando una mano, mi mano. Todavía falta para que el rigor mortis se apodere de esos dedos. Mientras ella se calza los zapatos veo mis propios ojos vidriosos. Ni siquiera se ha tomado la molestia de cerrarlos.

—¿Qué piensas hacer con el cuerpo? —le pregunto. La veo hacer un gesto. Duro. Fugaz. Como si me hubiera escuchado. Vuelvo a observarme, despatarrado, con esa expresión estúpida de sorpresa.

Ella se levanta. Comienza el ritual obsceno de recoger nuestras cosas. Pone especial cuidado en guardar mi ropa y la billetera dentro de una bolsa negra. Me sorprende que la haya llevado en su minúscula cartera todo el tiempo. Supongo que la prolijidad es parte del proceso. Como lo fue la cena. Aunque fui yo quien sugirió la salida. En estos dos meses siempre fui yo el que insistió, o creyó insistir. Sólo cuando quise ir a mi departamento ella se negó. Debí sospechar pero no lo hice. Ahora no importa. Ella había dicho que prefería ir a un hotel. Al más barato que encontrara. Uno en el que hubiese putas. Deseaba experimentar ser poseída en un lugar sórdido, que sus gemidos se mezclaran con los gritos pagados de las otras.

No tuvo que esperar. Apenas entramos a la habitación escuchamos a una mujer que chillaba. Dame, dame más, decía y ella enloqueció. Dejo de ser la que había conocido. Me cabalgó sin contemplaciones, con una lujuría que la hacía temblar. Una vulva canibal. Nunca había experimentado nada parecido. Llegué al clímax con la sensación de que moriría. Y así fue. Entonces cambié de plano, sin que ocurriera nada más que un desprendimiento inocuo. Nada de túneles. Nada de luces. Ella, simplemente, se levantó. Me dejó ahí, tirado, y se fue a dar una larga ducha. El inició de su proceso de asepsia. Se sacó mis marcas como quien fuma un habano.

Ahora repasa las superficies con un pañuelo. Una, dos, tres veces…

—Sabes lo que haces —le digo al oído. El efecto es devastador. Ella salta, se acurruca contra una esquina de la habitación. Veo a través de sus ojos un abismo. Es consciente de que estoy aquí.

—Estás muerto —dice. El rostro blanco. Y una arruga que aletea sobre sus cejas.

Me le acerco. Tiembla. Sus ojos desorbitados tienen la gracia de los condenados. La besaría sino supiera que es un gesto inútil. Torturarla me parece más viable, es la única sensación que me reconforta.

—¿Por qué me mataste? —le digo. ¿Importa acaso? No sé. Quizás es tan inútil como besarla pero quiero saberlo.

Ella prefiere quedarse inclinada sobre el suelo. Moja la alfombra con sus lágrimas, en silencio, quieta. No recuerdo haberla visto tan vulnerable. Quizás se esté preguntando si la voz que escucha no es más que una invención alucinada.

—Tengo que irme —dice. Se levanta de golpe. Agarra la cartera, la bolsa y va hasta la puerta.

—¿En qué piensas cuándo abandonas un muerto? —le susurro al oído, antes de que abra. Ella aprieta el picaporte. Se nota que trata de mantenerse en pie, con el equilibrio inseguro de quien no puede respirar. Balbucea una despedida. Sale. Yo me deslizo, arrastrando el hálito, tras ella. Al pasar junto a la cama observo, por última vez, mi piel cerúlea, mis labios medio abiertos. Restos. Nada que reclamar. Tras la puerta me tropiezo con la oscuridad del pasillo. Ella no está. Hace frío, demasiado. No me importa. Puedo seguir su aroma en el abismo, aunque ya no tenga olfato.

Comentarios

    • AquaVioleta

      13 junio, 2013

      Rafa, acabo de notar que no te había respondido el comentario. Gracias, gracias por haberte tomado el tiempo de leer y comentar. Me alegra que te haya gustado el relato. Beso!

  1. M.H.Heels

    8 junio, 2013

    El título me enganchó y el relato no decepcionó en absoluto. Muy bueno, me encanta este tipo de historias. Mi voto.

    • AquaVioleta

      8 junio, 2013

      Hola Heels, gracias por el comentario y el voto! Buenísimo que te haya gustado el relato.
      Saludos desde el Sur!

  2. volivar

    8 junio, 2013

    Aquavioleta: amiga, y todo por andar de caliente. Una narración extraordinaria, te felicito, mi voto y te envío un saludo desde México
    Volivar (Jorge Martínez)

    • AquaVioleta

      8 junio, 2013

      ¡Volivar, muchacho, gracias por la lectura, el comentario y el voto! Siempre tan atento. Me contenta que te haya gustado. Esperemos que se sumen más lectores que se animen a dejar su comentario.
      ¡Un abrazo grande desde el Sur!

  3. volivar

    8 junio, 2013

    Aquavioleta: claro que se sumarán muchísimos lectores; que te votarán, que te leerán, pues tienes gran calidad literaria. No solo podrás llegas a portada, estarás en ranking, en la lista de los que formarán la próxima edición en papel de Falsaria, estoy seguro.
    Pero, y disculpa mi observación, necesitas integrarte más al grupo. Yo tengo dos años en esta red, y he sido testigo de grandes escritores que se retiran al no obtener los 10 puntos tan deseados. Pero, lo que ocurre, es que no leen lo que publican los compañeros, y muchos ni las gracias cuando saben que alguien leyó su publicación.
    Esto, es con muy buena intención, nunca un reproche, o algo parecido.
    Un saludo amistoso
    Volivar (Jorge Martínez. Sahuayo, Michoacán, México)

    • AquaVioleta

      8 junio, 2013

      Por supuesto estimado Volivar que tienes toda la razón del mundo. En una red como esta no puedes pretender que te lean sin participar activamente en la lectura de otros. Mi intención no es esa precisamente. Prefiero tener 5 lectores activos a 20 que no dan señales de vida. Pero tampoco esa es la idea, lo que me interesa es participar, compartir lo que escribo. Si le llega a 1, bárbaro. Si le llega a más fantástico. Al final esto se trata de compartir, ¿no? Me encantaría tener mucho más tiempo de leerlos a todos, dejarles un comentario a todos, pero hay tantos que no hay tiempo físico para hacerlo. Mientras tanto, sigo leyendo y comentando cuando puedo. En fin, la idea era animar a los que pasan a dejar un comentario, impresión o feedback sobre lo que les ha transmitido el texto. De eso también se aprende. Y yo sigo aprendiendo.
      ¡Te dejo un abrazo de gigante!
      Y muchas gracias por el tiempo ^_^

  4. Aaron Suspense

    8 junio, 2013

    Tu manejo de las palabras es exquisito. Quizás estuve algo complicado en comprender el conflicto, pero la manera en que abordas los hechos te dejan como “¡guau!”. Es un texto que da mucho que hablar y pensar.

    Por otra parte, no desesperes si no llegas a una votación concurrida. Recuerda que muchos escritores (casos ya de sobra) no necesariamente le “ganaron a alguien” antes de ser grandes, e inclusive noveles.

    Sigue escribiendo. La perseverancia, en muchos casos, es la clave del éxito.

    • AquaVioleta

      8 junio, 2013

      ¡Hola Aaron! Gracias por pasar a leer. Más que la votación me interesa la lectura activa ^_^
      ¡Un abrazo!

  5. DavidRubio

    8 junio, 2013

    Tu dominio de la narración y del relato es total. Sabes manejar los tiempos y visualizas muy bien las acciones de los relatos. Por los otros que te he leido siempre dejas ese final abierto que siempre agita y hace perdurar el relato en el lector. Fantástico

  6. Per

    10 junio, 2013

    Coincido con Aaron, tu relato es exquisito. Que casualidad coincidir en la muerte, aunque como la relatas, dan ganas de morirse. Esa cosita canibal… Muy bien llevado todo el tiempo, relato elaborado, como siempre, me encantan, felicitaciones.

  7. VIMON

    11 junio, 2013

    Excelente, AquaVioleta. Uno de los mejores relatos que he visto por aquí. Muy completo, aunque deja la incógnita del “por qué”…Felicitaciones y mi voto.

    • AquaVioleta

      13 junio, 2013

      Ah, el por qué, Vimon, se lo dejo completar al lector. Enormes gracias por pasar a leer!! ^_^
      ¡Abrazo de gigante!

  8. CarmeNiebieska

    16 junio, 2013

    Muy bien contado, Aquavioleta. Este es el primer relato tuyo que leo y me ha enganchado desde la primera línea. Voy a bucear un poco más en tus escritos, a ver con qué me encuentro.

    ¡Feliz tarde de domingo!

  9. Jeremiaswayne

    18 junio, 2013

    Siento ser tan poco original, pero no puedo decir otra cosa: ¡chapeau! Tus palabras se han enganchado a mis retinas como garfios, y las han retenido en tu relato hasta que no he salido al pasillo junto con el espectro. Mi más sincera enhorabuena y mi voto. ¡Sigue así!

    PD: A mí me pasa lo mismo que a mí… ¡qué malo es esto de no tener apenas tiempo de hacer lo que te gusta!

    • AquaVioleta

      19 junio, 2013

      Nunca había enganchado retinas con garfios de palabras ^_^
      ¡Genial!
      Muchas gracias por la lectura, el comentario y el voto, Jeremías.
      ¡Abrazo gordo para ti!

  10. español/peruano

    12 julio, 2013

    Bonito relato. Lo que me da miedo es ir a un hotel con cualquier mujer, no sea que sea lo último que haga en mi vida. Tu texto es un aviso para los tramposos. Trataré de leer tus otros relatos, pues seguro que son tan buenos como este. Un saludo y mi voto.

  11. Mabel

    12 diciembre, 2014

    ¡Qué bonito relato, es maravilloso! Un abrazo y mi voto desde Andalucía

    • AquaVioleta

      12 diciembre, 2014

      ¡Gracias, Mabel! Te invito a mirar más cosas en mi blog. ¡Un abrazo grande desde Buenos Aires!

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