El cielo se torna tapiz grisáceo adornado por el porte majestuoso de unas nubes que juegan a dibujar y desdibujar figuras a su antojo. La calle está envuelta en un silencio espeso que se posa sutil sobre la dureza del asfalto. Las persianas tiemblan ante el viento y el viento tiembla ante la vida, ambos sumidos en la terrible lentitud de la monotonía. Los viandantes avanzan impávidos.
Mira el reloj y acelera el paso como buscando huir del tiempo, se avecina tormenta. Su caminar es decidido, firme, como lo es siempre que uno anda a un destino sin importancia. El suelo se estremece bajo sus pies adivinando quizá la lluvia venidera y el viento parsimonioso juega a enredarle el cabello.
La tristeza se cierne sobre su figura con su acostumbrada elegancia, bajándole ligeramente los párpados y dejando una neblina de nostalgia en su mirada. Las primeras gotas se precipitan sobre su piel y todo lo que fuere grandeza en las alturas es ahora un cristalillo frágil que aguarda la clemencia de un calor que lo haga desaparecer. Al parecer, esto no importa a los niños que juegan a la pelota en la esquina.
Pronto éstas son seguidas por más y en un momento el suelo se ha cubierto de charcos. Ahora corre, zambullendo los pies en estos charcos que parecen haberse formado en cuestión de segundos y se refugia bajo un viejo soportal. La silueta de los relámpagos domina el cielo. Los truenos portentosos hacen retumbar las entrañas. La lluvia golpea con violencia el gris del asfalto. Y el viento se agita con fervor. La grandeza de la tormenta. Los caminantes siguen caminando, ajenos, serenos, impasibles.
Las tormentas de verano siempre son inesperadas, independientemente de que uno se las espere o no. Es como si nunca pudiese estarse preparado para ellas, como si nada pudiese hacerse para evitar ese tembleque extraño en los huesos, el olor a tierra mojada y el regusto dulce de la nostalgia. Como si, en cierto modo, escaparan a las normas lógicas que rigen la existencia, como notas discordantes de una sinfonía por acabar.
Por unos instantes la vida se sienta a esperar al tiempo, como se espera a un viejo amigo, con un cariño paciente y solitario. Como un acto íntimo y único que escapa a los ojos del que sólo entiende de entender. A veces la tormenta se abalanza sobre el mundo, y a veces sólo sobre uno mismo, y, en ambos casos, vale la pena contemplar el hechizo, observar sobrecogidos la grandeza y esperar de nuevo la sonrisa tibia del sol.


DavidRubio
Otro excelente texto cargado de imagenes y sensaciones. Saludos
Lualla
Muchísimas gracias David, por leer y comentar, un gran abrazo!
coinup(Nicolás)
Magnífico, Lualla, me ha encantado.
Un fuerte abrazo
Lualla
Muchas gracias Nicolás, me alegro de que te haya gustado. Un gran abrazo!
VOLIVAR
Lualla: muy bello tu micro, excelente estilo, claro, conciso, expresado en un lenguaje pulcro.
Mi voto y un saludo
Volivar (Jorge Martínez)
Lualla
Muchísimas gracias por tu apoyo Volivar, un gran abrazo!
PedroGda
Felicidades Laulla, tu texto parece que de forma sutil nos sienta frente a una ventana testigo de cosas muy importantes que aunque suceden de forma precipitada, vas desenvolviendo despacio para que puedan ser saboreadas y con tu ayuda, entendidas.
Un texto para releer e imaginar , lleno de sensaciones que te envuelve en su tempo lento. Hacia algún tiempo que no entraba y ha sido una agradable sorpresa. Te leo.
Lualla
PedroGda, no sabes cuanto me ha alegrado tu comentario; me encanta que pienses todo esto del texto.
Muchísimas gracias por tu generoso comentario y nos leemos
FranFierro
Y volvíí, y al primer muro que busqué es a vos.
Lo sabés, me encantan tus textos. ¡Este es genial! pero ninguno supera al primero que leí :p
Sobretodo porque esa tormenta aproximándose me recuerda mucho a esos días en que salís a la calle, un día donde no haya alguien (o sólo niños jugando) y viajás directamente hacia tu cabeza, caminando por un lugar donde se aproxima una tormenta, pero eso no importa, lo cierto es que acá (para mi, lector) es la tormenta que cada uno tiene adentro… (O como diría mi escritor favorito: Murakami… “Las tormentas somos nosotros”)..
Y volví, y volví. Jajaja
Un abrazo mi compañera
Lualla
¡Cuánto me alegra que estés de vuelta, Fran!
Sí, cierto, seguramente sea esta tormenta sólo adentro y quizá sean las más bellas si aprendemos a mirarlas; no puedo quitarle la razón a Murakami
Un graaaaan abrazo, nos leemos!
Mabel
Me ha encantado. Un abrazo y mi voto desde Andalucia
Lualla
Muchas gracias Mabel, por leerme y comentar, un graaaan abrazo!
AmilcarMartinez
Me has puesto a reflexionar, querida Lualla! Un artículo lleno de matices como los tiene la vida misma… Mi admiración y mi voto!
Lualla
Me alegra mucho que mi texto te haya hecho reflexionar, un gran abrazo y muchas gracias!
VIMON
Muy buen texto. Felicitaciones y mi voto.
Lualla
Muchas gracias Vimon, un abrazo.
J.Stark
Pero qué bien que escribes, puñetera. Es una pasada leerte y dejarse llevar por el torrente de emociones que nos ofreces a los lectores. Otra maravilla más para la colección. Gracias, un abrazo y votazo