Kyra se encontraba orando en el templo, como por otra parte hacía todas las mañanas desde ya casi dos largos años. Palmira era un minúsculo reino de tan solo dos kilómetros cuadrados de extensión, situado al norte de Bielorrusia, y habitado únicamente por las sacerdotisas del dios del Bien, Tántor, y su guardia personal. En los tiempos que vivimos era extraño que unas bellas mujeres se consagrasen a la adoración de un dios incorpóreo, pues no había imagen ni representación alguna del mismo. Según la religión que profesaban, Tántor era un dios benefactor que otorgaba a sus discípulas poderes curativos con la sola imposición de sus manos. El dedicar su vida entera al servicio de una deidad como aquella, que salvo las palmiranas, nadie tenía en cuenta, suponía un gran sacrificio. Las sacerdotisas eran hijas de reyes y príncipes, y habían sido educadas desde su nacimiento para un único fin: servir a Tántor. Aquella mañana de mediados del mes de Junio del año 2010, cuando habían transcurrido varios meses de la gran victoria de Kalantras, y no se habían tenido aún noticias del paradero de los cautivos que se encontraban en poder de los demonios, se produjo un hecho deleznable: la destrucción del reino de Palmira. Ese día el sol había salido con fuerza, brillando en todo su esplendor en un cielo de un azul hermoso. Nadie podría imaginarse que la completa paz que reinaba en Palmira desde hacía varias décadas se iba a ver truncada. La única ciudad que constituía el diminuto reino se hallaba rodeada por una muralla de varios metros de alto. Los vigías se encontraban en sus puestos como siempre lo hacían, pero ese día algo fue diferente. De la nada la luz se convirtió en tinieblas, y el color del cielo se tornó de un negro como la noche. Lo que ocurrió luego… nadie lo supo nunca con exactitud. Los centinelas se desplomaban al suelo sin ser tocados por nada físico. En pocos minutos la guardia pereció en su totalidad. Laudrun, el caballero espectral, hizo la señal convenida y los demonios entraron en tromba en la ciudad. A partir de ahí todo fue muerte y desolación. Esta vez no hubo prisioneros. Las sacerdotisas fueron asesinadas mientras oraban. Kyra, que tenía una intuición especial, o quizá poder de predicción, aunque nadie lo había tomado en serio hasta ese momento, vio lo que iba a pasar varios segundos antes de que sucediera; tiempo suficiente para esconderse bajo el altar mayor. Había un túnel excavado bajo ese altar, usado en tiempos memoriales para huir de los frecuentes saqueos que el reino sufrió por parte de los invasores bárbaros. Kyra, arrastrándose por el angosto pasadizo, logró llegar hasta el otro extremo, situado más allá de la muralla exterior, en el Bosque Silencioso. Mientras, los demonios quemaban todo cuanto encontraban a su paso. En pocos minutos el hermoso reino se había convertido en un motón de cenizas y escombros. Álafan, que había sido nombrado general en jefe para esta misión, reía como nunca. Estaba feliz, pues para él no había mayor satisfacción que ver cómo el Bien sucumbía ante su poder. Si el demonio irradiaba felicidad, más aún el jefe de los espectros. Gracias a las almas poseídas de los centinelas, Laudrun, al fin, había logrado lo que anhelaba desde hacía cientos de años: tener un cuerpo de hombre para un ser inmortal. Prácticamente indestructible, su poder ahora era superior al de cualquier demonio de clase uno o mago de la más alta categoría. Ya no le podrían dar órdenes tan a la ligera como antes, tendrían que respetarle mucho más. Álafan, al enterarse de que la conversión había finalizado, felicitó al káfkatian, pero en su fuero interno comenzó a nacer una cierta desconfianza hacia ese ser poderoso que ante él se encontraba. Bien es cierto que al demonio le faltaba poco para llegar a ser como el propio Valkirun, pero ese espectro era algo fuera de lo común. Palmira dejó de existir pues no quedaba en pie piedra sobre piedra. Los servidores del Mal abandonaron el lugar cuando vieron que ya no podían causar más destrucción. En el inframundo les recibirían como héroes. Se estaba acercando cada vez más el día en que el Mal reinase a voluntad sobre toda la tierra.
La sacerdotisa


Mabel
Me encantó el cuento. Un abrazo y mi voto desde Andalucia
español/peruano
Gracias, amiga. Un saludo.
foixos
Hermoso cuento, compañero bilingue: español/peruano. Enhorabuena y gracias por compartir tus relatos. Un abrazo
Foixos
español/peruano
Ja ja ja. Me ha hecho gracia lo compañero bilingue, aunque aún no sé quechua ni aimara. Un abrazo.
VOLIVAR
Español/Peruano: el mal puede reinar sobre el bien, pero éste, tarde o temprano sale a flote, y se impone.
Mi voto y un saludo. Te felicito por el amplio acervo cultural que demuestras en tus publicaciones.
Volivar (Jorge Martínez
español/peruano
Gracias, amigo. Hay que tocar temas variado, pues no solo de vampiros vive el hombre. Un cariñoso saludo.
cauribe1
Gran imaginación, muy agradable la historia.
Rafael Baralt
Amigo, el cuento es ingenioso y agradable. Los ojos se deslizan fácilmente entre las líneas del texto hasta el final. Sólo una pregunta: ¿Qué pasó con Kyra? Me parece que esa parte quedó abierta. Se sabe que se salvó, pero de ahí podría derivar otra historia: la historia de una mujer en un mundo nuevo que sólo sabia orar a un dios que conocía.
Saludos y mi voto.
Rafael Baralt
español/peruano
Gracias cauribe 1. Siempre se pretende contar cosas amenas.
español/peruano
Gracias Rafael. Efectivamente la historia va a continuar y acabará formando parte de una novela. Kyra tendrá que integrarse con los defensores del Bien para combatir el Mal. Resultará que posee facultades excepcionales… pero eso es otra historia. Un saludo.
Rafael Baralt
Bien!…. Te acabo de dejar mi voto #10. Así llegas a portada. Éxitos!
español/peruano
Gracias, Rafael, pero espero que haya sido porque realmente te gusta el texto. Lo de la portada está muy bien pero es secundario, pues lo que deseo es que lo que escribo le guste al lector.
Josette
Español, me llama la atención todas las cosas que imaginas, mientras lo leía pasaba todo como una película en mi cabeza. Espero que el mal nunca reine sobre la tierra. Te dejo mi voto y un saludo desde el oeste argentino
español/peruano
Gracias, guapa. No sé si lamentablemente o por fortuna, desde chiquito he tenido una imaginación desbordada. Aunque a veces lo difícil es plasmarla en un escrito. Un beso.