Las siete líneas

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    Preparen la horca, el hijo pródigo ha vuelto

    Justo en la salida del laberinto, un minotauro paciente.

     

    Y esa tibieza en la nuca, el ejèrcito invasor.

     

    Se creyó libre en lo que era un encierro de puertas grandes.

     

    Fue así como su muerte modificó la luna.

     

    Soñaba con que el cielo fuera azul…

     

    Víctima de un heroísmo que no eligió, murió bajo un sol apócrifo.

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