“Mattia pensó que nada bueno había en tener una cabeza como la suya, que con ganas se la habría arrancado y sustituido por otra, incluso por una caja de galletas siempre que estuviera vacía y fuera ligera. Quiso contestar que sentirse especial era una jaula, lo peor que podía pasarle a uno, pero se abstuvo.”
La soledad de los números primos, Paolo Giordano
Un latido, un único latido que inunda la estancia. Si me paro a escucharlo parece que se detenga y tengo que hacer como que leo o que friego los platos para que su frágil canto vuelva a hacer temblar las paredes. Es un nómada de las miradas desconocidas, un bucanero del mar de las sonrisas. Habita una nada dulce y distinta.
Aunque nunca lleva disfraz, se esconde, rehuye y resbala por entre los dedos con timidez: es irremediablemente difícil de atrapar. A veces anda unos pasos por encima de las nubes y otras naufraga en las pequeñas marcas que dibujan los vasos sobre la barra de las tabernas. Tiendo a pensar que es demasiado lejano para percibirlo, será por ello que aún me sorprendo cuando baja la vista ante una multitud de ojos ciegos que no aprendieron a escuchar la levedad del silencio.
Es un latido que escapa a normalidades y normas, a los cafés de la mañana, a las corbatas y al carmín. Anda ajeno a las excentricidades de la rutina, las películas de domingo y los tacones con tachuelas. No entiende de luces intermitentes, de resacas ni de adverbios de tiempo. Despeinado y risueño, ajeno al temblor de un contexto absurdo del que no es capaz de envolverse. Es un latido diferente, abocado a la locura que supone el buceo en contra de una corriente de vidrios rotos, mas conociendo el valor de las caricias de coral.
Se emborracha de poesía y se maquilla con el viento de la madrugada. Con pies de plomo pisa las nubes y con las alas barre el suelo. Un latido descalzo, desnudo y ajeno entre la multitud de latidos. Entre el chirriar de sus cadenas, entre sus reclamos de atención, entre sus falsos halagos y sus miradas cómplices se zambulle de pleno y anda silencioso, con la mirada puesta en la luna que habita.
Nadie lo pudo sostener largo tiempo entre los dedos, quema. Sale una y otra vez de lo lógico y lo esperable. Él sólo busca volar. Huye. Ser libre en lo desconocido y adentrarse en un respirar profundo que no existe; pero que a fuerza de soñar se hace real.
En la noche aguarda tímido en su escondite, yo finjo que no sé que está. Me meto en la cama, recuesto la cabeza sobre la almohada y dejo a las pestañas volverse a encontrar. Entonces guardo absoluto silencio, por un punto la vida queda hueca, y justo cuando siento el aliento del sinsentido en la nuca, ese mismo latido se adueña del miedo y con una sonrisa tímida, vuelve a fundirse con la piel de siempre, la mía.
www.volandoenverso.blogspot.com


español/peruano
Precioso, lástima que no se te vea con más asiduidad por aquí. Me ha encanado: “y dejo a las pestañas volverse a encontrar”. Eres buena utilizando el lenguaje. Mi voto y un afectuoso saludo.
Alberto Casado.
Lualla
Cierto, cada vez me alejo más de esta web, y mira que trato de no hacerlo porque se leen textos que son un placer, y se aprende continuamente con vuestros comentarios.
Gracias una vez más, nos leemos!
Caro
Ups.
Tienes mucho que mejorar.
Lualla
Desde luego que si Caro, aprecio tu sinceridad, gracias por leer!
VOLIVAR
Lualla: buen uso del lenguaje, pero amiga, si le hicieras caso a Caro, sería excelente. Mi voto y un saludo muy afectuoso desde México
Volivar (Jorge Martínez
Lualla
Gracias volivar!
FranFierro
Lualla!!! me encantó, y me sentí identificado. No entiendo que está mal… pero bueno. A mi me gustó mucho.
Un abrazo grande, compañera
Mi voto!
Lualla
Muchas gracias Fran!
Un abrazo enorme ^.^
AmilcarMartinez
Hermoso texto, Lualla! Particularmente me encanta la adjetivación que realizas… En ocasiones los latidos descalzos también se apoderan de mí!
DavidRubio
Excelente Lualla, ese algo que no se percibe pero que todo lo llena. RElato muy sugerente. Felicidades. Un abrazo
coinup(Nicolás)
Muchas gracias Lualla por ofrecernos tanta sensibilidad. Como siempre, un gran texto el tuyo!
Un abrazo,
Nicolás A.