El hermanastro (La familia Bellini)

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    El hermanastro

    A las dos semanas del accidente ya nos habían dado de baja en el hospital, a fin de que continuáramos con nuestra recuperación en casa. Hacía días que me habían quitado la cédula del brazo. Sin embargo, la recuperación de Eva, quien había sufrido heridas de consideración, fue mucho más lenta. Los médicos descartaron daños neuronales, lo cual ya era bueno, pero estaba muy afectada psicológicamente. No podía entender que alguien, quien ni siquiera la conocía, quisiera matarla. Gracias a la ayuda de Blanca, quien tenía conocimientos de enfermería, mejoró antes de lo que pensábamos. Un psicólogo, conocido de la madre, venía diariamente para tratar de que Eva mejorara anímicamente. Estaba muy deprimida y no quería salir de casa. Ya habían retirado la protección policial, lo cual no ayudaba en su recuperación psicológica. El «loquero», como coloquialmente le llamábamos, nos recomendó que viajáramos durante un par de semanas, pues eso le iría bien a mi novia.

    El detective Sánchez nos visitaba de tanto en tanto para informarnos de las novedades sobre el caso, pero estas eran mínimas. Aún no se sabía quién podría estar detrás del sabotaje. Interrogó a todos los empleados del imperio Bellini que pudieran tener algún interés económico, como Salvatore o Adriano, pero no halló pruebas contundentes en su contra. Yo expuse mi teoría acerca de la implicación de Lorenzo Bellini en los hechos, pues él habría contratado al abogado o al brasileño, o a ambos, para cometer la horrenda matanza. Sánchez tomó nota, pero dudó mucho de que alguno de los tres estuviera implicado. Creía que había más probabilidades de que el culpable fuera algún competidor, que pretendiera hacerse con las riendas de las empresas Bellini.

    Al fin, convencí a Eva de que hiciéramos ese viaje. Por dinero no era, pues quincenalmente el abogado nos abonaba las utilidades de las empresas de Miami. Sorpresivamente, hasta la fecha, no habíamos recibido ningún ingreso procedente de las Vegas, a pesar de que hacía tiempo que había contactado con el letrado que llevaba los negocios Bellini en dicha ciudad. Él me había prometido el envío regular de las remesas, pero no se había hecho efectivo. Por eso y porque nos apetecía disfrutar un poco de sus famosos casinos, decidimos viajar a la ciudad del juego. Por otra parte, ya era hora que mi novia conociera a su hermanastro americano.

    Reservamos los pasajes para el día siguiente, solo de ida. Queríamos despedirnos de Blanca, así que la invitamos a cenar. Nos preguntó si no nos importaba que viniera su última conquista. En seguida, Eva abrazó cariñosamente a su madre en señal de aceptación; estaba entusiasmada por conocer al misterioso hombre que había encandilado a su madre.

    Nos vestimos con elegancia, para causar una buena impresión. Eva, a quien ya no le quedaban marcas externas del terrible suceso, estaba deslumbrante. Se había puesto un vestido negro largo con la espalda descubierta. Tan destapada… que la abertura acababa justo donde comenzaba a vislumbrarse su lindo trasero. Estuve por decirle que no se lo pusiera, pero, en aras a su total recuperación, no podía negarle nada. La parte delantera era muy sexy, pues un pronunciado escote en forma de tijera dejaba entrever sus preciosos senos. No quiso ponerse sostén para que no afeara el conjunto. De todas maneras, sus pechos eran duros como el mármol y no necesitaba de ayudas externas para mantenerlos firmes. Únicamente la rogué que tuviera cuidado al agacharse; sonriéndome me hizo una caricia en la cara. Blanca estaba tan hermosa como la hija. Su vestido no era tan atrevido, pero sí muy elegante. Unos zapatos con un interminable tacón completaban la estampa. Yo elegí el mejor traje que tenía, de seda italiana. Hecho a medida… lo cierto era que me quedaba como anillo al dedo; madre e hija silbaron al unísono cuando me vieron desfilar ante ellas. El galán de Blanca nos esperaría en el restaurante donde habíamos reservado una mesa para cuatro.

    Llegada la hora tomamos un taxi, transportándonos hasta el local. El maitre nos condujo hacia nuestra mesa. Fidel nos esperaba con un magnífico vino español de bienvenida. Nos saludó y besó a Blanca en la mejilla. Escanció el tinto de Rioja en unas bonitas copas de cristal veneciano. Pronto, nos trajeron la carta. Cada uno pidió lo que más le apetecía, pues eran muchas las posibilidades que se nos ofrecían. Yo elegí un cóctel de langostinos y un cordón blue con salsa de oporto, delicioso. Eva prefirió una ensalada fresca con nueces y lenguado a la meniere. La parejita pidió de entrada unos deliciosos volovanes de setas en salsa criolla y como plato de fondo langosta en salsa de whisky. Los postres los dejamos a recomendación del maitre.

    Al final, nos trajeron unas copas de helado con almendras caramelizadas. Todo estaba realmente apetitoso. Una bonita cantante filipina amenizó la cena con su dulce voz. A la hora de pagar, Fidel no permitió que nosotros lo hiciéramos; dijo que ya habría una segunda oportunidad. Le agradecimos el gesto, pero insistimos en invitarles, al menos, a una copa en otro lugar. Cerca de allí había un pub tropical muy concurrido. Tal vez no íbamos con la ropa adecuada, pero no nos importó. Pedimos unos refrescantes cócteles de cuyos nombres ni me acuerdo. Esa noche, la última hasta nuestro regreso del viaje, lo pasamos muy bien. Fidel aparentaba ser un hombre sencillo en el trato y de buen talante. Cariñoso con Blanca, se deshacía en atenciones hacia la mujer. A ella se la veía a gusto; ojalá el romance durara, pues mi suegrita no era una mujer de relaciones largas. Como teníamos que madrugar para coger el avión nos despedimos temprano, ellos se quedaron un rato más. Fuimos a la casa a preparar el equipaje y acostarnos. Pusimos el despertador, para evitar que nos quedáramos dormidos y nos tendimos en la cama abrazados. En la madrugada sonó el teléfono un par de veces, pero nadie contestó al otro lado. Supusimos que había sido una equivocación.

    Luego de tomar un café, pedimos un taxi con dirección al aeropuerto internacional de Miami. Nos dejó en el Terminal de vuelos nacionales. Cogimos las maletas y buscamos el mostrador de nuestra compañía aérea. Facturamos el equipaje y nos dirigimos, tras pasar el control policial, a la puerta de embarque asignada. A la hora señalada subimos al avión, despegando con una leve sacudida. En el trayecto nos ofrecieron un aperitivo, que nos sentó muy bien, pues solo habíamos tomado el café tempranero. Una amable azafata nos entregó audífonos, por si queríamos escuchar alguno de los canales de música. Aterrizamos sin retraso en el aeropuerto de las Vegas. Tomamos un taxi que nos llevaría al hotel reservado, próximo a la calle principal de los casinos. Ese día no pensábamos ver a nadie, así que, tras comer algo en el restaurante del hotel, fuimos a dar un paseo por la más importante ciudad del juego de todo el mundo.

    Todavía era temprano y apenas había luces encendidas, pero no nos importó. Caminando de la mano, paseamos despacito observando los inmensos edificios dedicados al vicio. Nos habíamos propuesto seleccionar unos cuantos para visitarlos en la noche, pero era difícil elegir el adecuado, pues había demasiados y todos eran impresionantes. Eva había heredado el casino al que llamaban «Royal Salton 2», pues el «1» había sido legado al hijo ilegítimo de don Vitorio, quien por otra parte ya lo gestionaba desde hacía un tiempo. De casualidad, dimos con el local de Eva, pero no quisimos entrar; quizás en la noche haríamos una pequeña visita…

    Descansamos en el hotel unas pocas horas, al objeto de estar bien espabilados en la noche. Cenamos ensalada y algo de fruta. El clima era ideal para pasear, así que salimos dispuestos a pasárnoslo en grande. Recorrimos parte de los siete kilómetros de las Vegas Boulevard antes de elegir local. Eran cientos los casinos, restaurantes, salas de espectáculos e incluso burdeles (aunque camuflados como locales que ofrecían actuaciones), por lo que era difícil escoger dónde entrar. En la noche sí se podía apreciar el esplendor de la ciudad. Miles de luces y neones de todos los colores iluminaban las fachadas de los edificios. Carteles luminosos anunciaban los shows en vivo a cargo de estrellas mundiales de la talla de Céline Dione o Cheer. En dirección norte, hacia la calle Fremont, se sucedían los hoteles con grandes casinos: Flamingo, Casino Royal, Treasure Island, Sahara, Royal Salton… ¡vaya, el casino del hermano! Nos picó la curiosidad por visitar el gran edificio. Nos decidimos y entramos. Ya la entrada ofrecía una muestra del lujo que nos encontraríamos en aquel lugar.

    Enormes arañas colgaban del techo, iluminando los salones con miles de bombillas. Cientos de espejos, distribuidos por doquier en cualesquiera de las paredes del hotel, daban a los salones una sensación de amplitud como nunca antes habíamos tenido ocasión de contemplar. En el salón principal del juego la decoración era aún más deslumbrante. Para el mobiliario se habían utilizado maderas nobles (cedro, roble, haya) y el suelo estaba cubierto con preciosas y enormes alfombras persas y turcas. Cuadros de pintores de renombre adornaban las paredes. Los empleados vestían inmaculados uniformes, pantalones los hombres y faldas a la altura de la rodilla las mujeres. Los clientes vestían, en su mayoría, elegantes prendas. No era obligatorio, pero era costumbre. Lo que no estaba permitido en la mayoría de los casinos era la ropa deportiva o las tiras, y menos llevar zapatillas.

    Cientos de máquinas tragaperras se disponían en formación, como si de un ejército se tratara, en las salas adyacentes. Los juegos que más atraían a los visitantes eran la ruleta, el blackjack, poker, bacarat live, e incluso el tradicional bingo. Nosotros queríamos probar con la ruleta, pues nos parecía más sencillo. Eva fue a comprar unas cuantas fichas; las había de diferentes valores. Yo conocía bastante bien las reglas, pues de pequeño siempre jugábamos toda la familia en las navidades. Mi abuelo era el «culpable» de que todos aprendiéramos. Le expliqué a Eva las reglas lo mejor que pude y cada uno por su lado comenzamos las apuestas. Me gustaba ser conservador, así que aposté un montón al rojo, otro al pase, y unas pocas fichas a pares. Eva, más osada, escogió grupos de cuatro números. Unas veces ganábamos y otras perdíamos, pero al final lo perdimos todo. Cuando nos dirigíamos hacia las mesas de cartas, para observar cómo jugaban, se nos acercó un hombre apuesto, alto, de ojos inquisidores. Nos dijo que era el gerente del casino y nos preguntó si lo estábamos pasando bien. Le respondimos que sí, gracias, y pretendimos continuar con lo que estábamos haciendo. El hombre nos cerró el paso y continuó con el extraño interrogatorio.

    ?Disculpen las molestias pero… ¿les conozco de algo? ?nos preguntó con un tono de misterio.

    ?No creo, pues es la primera vez que estamos en las Vegas ?le respondí con aire de desconfianza.

    ?Si me dicen sus apellidos les diré por qué tanto suspense ?inquirió el gerente.

    ?Me llamo Roberto Fernández y mi novia es Eva Bellini ?le dije molesto.

    ?¡Lo sabía! ?gritó el hombre.

    Nosotros nos miramos con cara de sorpresa. O ese individuo estaba loco o era un payaso. Pero resultó que no era ni lo uno ni lo otro.

    ?Perdonen mi actitud, pero estoy seguro de conocer a la dama; sin embargo, las fotos no le hacen justicia ?dijo misterioso.

    ?Aclárese, porque la situación se está volviendo incómoda para nosotros ?le informé.

    ?Bien. Hace días recibí en mi correo una información acompañada de unas fotografías de la señorita ?comenzó diciendo.

    Intenté interrumpirle, pues el hecho de que tuviera fotografías de Eva me preocupaba y me parecía sospechoso. Pero no me dejó intervenir.

    ?Es cierto que la mujer de las fotos no parece la misma que estoy viendo ahora mismo, por eso he dudado ?afirmó?. Al oír su apellido es cuando me he dado cuenta de que no estaba equivocado. Usted (señaló a Eva) y yo somos hermanos. Me llamo Vitorio Bellini, para servirles.

    Luego de las últimas palabras lo comprendimos todo. Eva, espontánea como es, abrazó a su hermano, a quien nunca había visto. Él fue más osado y le estampó dos sonoros besos en las mejillas. Mirándoles a ambos juntos sí se veía un cierto parecido. El abrazo duró una eternidad. Se separaron y rieron, parecían felices por el encuentro. A partir de ahí nos contó toda su vida, que no reproduciré, pues me pareció muy aburrida (algunos dirían que estaba celoso, pero no lo creo). Nos dijo que en una hora nos podía acompañar a nuestro casino, para presentarnos al gerente y al jefe de seguridad. Aceptamos.

    Entre tanto, nos regaló una enorme pila de fichas para que jugáramos a la ruleta. Por supuesto que las utilizamos. Y no sé si fue porque el conocer al «hermanísimo» nos había dado suerte, o simplemente fuera cosa del azar, pero lo cierto fue que duplicamos el valor de nuestras fichas. Antes de volver a perderlo todo las canjeamos por dinero. Una gran sonrisa asomaba en los labios de mi dulce amada. Se la veía feliz, no sabía si por haber conocido a su hermano o por haber ganado tanto dinero; supuse que por lo primero.

    Vitorio Bellini, hijo, como había prometido, nos acompañó a visitar el Royal Salton 2. Nos presentó a los encargados del hotel-casino, desapareciendo para que conversáramos con mayor privacidad. El gerente se mostró un tanto sorprendido de nuestra visita, indicándonos que hubiera sido mejor haber recibido una llamada previa para atendernos como nos merecíamos. Esas palabras me sonaron a excusa barata, ya estábamos acostumbrados. Eva le solicitó una descripción pormenorizada de la marcha del negocio. Como en ocasiones anteriores se repetía la misma palabrería: todo iba muy bien, que no nos preocupáramos, se encargaría de todo, recibiríamos nuestras utilidades. Dijo que el hecho de no haber recibido nada hasta la fecha se debía a un error de contabilidad, que por supuesto se iba a subsanar de inmediato. Tuve ganas de gritarle… ¡mentiroso!, pero me abstuve. El jefe de seguridad, un doble armario ropero, nos saludó e informó de su labor. En el último año no había habido casos graves de intento de estafa, desfalcos o similares. Los robos eran mínimos y estaban dentro del rango considerado como normal. No dijo nada del otro mundo.

    Después de la cháchara, preferimos que Vitorio nos enseñara el casino, pues nos caía mejor. Se lo conocía a la perfección. Según sus palabras, venía habitualmente para jugar unas manos al poker, cosa que no hacía en su casino porque estaría mal visto. Era un hombre afable, parlanchín y de buen trato. Hasta a mí me estaba encandilando. Nos ofreció su ayuda para lo que necesitáramos, dándonos sus números de teléfono privados. Le indicamos que le volveríamos a ver, pues pensábamos estar en las Vegas un par de semanas. Dijo que le alegraba nuestra elección y que le encantaría disfrutar de nuestra compañía cuando gustáramos. Se despidió afectuosamente, pues debía regresar a su hotel para chequear a sus empleados. Nosotros nos quedamos un rato más tomando un trago. En la barra, situado en la esquina contraria a donde nos encontrábamos, había un hombre que no nos quitaba ojo. Se lo hice saber a Eva y opinó lo mismo.

    Me levanté para dirigirme al sujeto y preguntarle si deseaba algo, pero este se levantó de su asiento y se puso a charlar con una linda croupier. Desistí en insistir para tener la fiesta en paz. Apuramos los tragos y salimos del local. Durante un rato tomamos un poco de aire fresco, hasta que mi chica dijo que se sentía cansada y que prefería ir al hotel. En recepción dimos la orden de que no nos molestaran. Nos acostamos en una enorme cama con un cabecero al estilo rococó. Agotados como estábamos no tardamos en pasar al mundo de los sueños. En medio de la noche sonó el teléfono…

    1. La familia: http://www.falsaria.com/2013/07/la-familia-la-familia-bellini/

    2. Traición y muerte: http://www.falsaria.com/2013/07/traicion-y-muerte-la-familia-bellini/

    3. El testamento: http://www.falsaria.com/2013/08/el-testamento-la-familia-bellini/

    4.Todo por un sueño: http://www.falsaria.com/2013/08/todo-por-un-sueno-la-familia-bellini/

    5. En el país del tío Sam: http://www.falsaria.com/2013/08/en-el-pais-del-tio-sam-la-familia-bellini/

    6. El parque de atracciones: http://www.falsaria.com/2013/08/el-parque-de-atracciones-la-familia-bellini/

    7. Sabotaje: http://www.falsaria.com/2013/08/sabotaje-la-familia-bellini/

     

    Comentarios

    1. Avatar de carolina

      carolina

      14 agosto, 2013

      por donde se inicia la novela? Se ve muy interesante, me gustaria leerla desde sus inicios. Judith

      • Avatar de español/peruano

        español/peruano

        14 agosto, 2013

        Gracias por pasarte por aquí. Ahora te envío en mensaje privado los enlaces, aunque están al final del texto. Saludos.

      • Avatar de español/peruano

        español/peruano

        14 agosto, 2013

        Gracias por pasarte por aquí. Ahora te repito los enlaces en mensaje privado, aunque los tienes al pie del texto. Saludos.

    2. Avatar de carolina

      carolina

      14 agosto, 2013

      estoy un poco trancada con esta pagina. No puedo publicar nada. Es una lastima , tengo muchos cuentos infantiles. Podrias ayudarme?

    3. Avatar de Rojo.Nieve

      Rojo.Nieve

      14 agosto, 2013

      Escribes bien, buenas historia la de los Bellini.
      Un saludo!

    4. Avatar de MayezHess

      MayezHess

      14 agosto, 2013

      Es la primera vez que me topo con la novela. Voy a leerla desde el principio. Me gusta tu estilo, ¡sigue cultivándolo!. Mi voto y un abrazo, desde Colima. La ciudad de los cocos y las palmeras jaja

      • Avatar de español/peruano

        español/peruano

        14 agosto, 2013

        Gracias, amiga, ojalá te guste. No conozco tu ciudad, pero si mencionas palmeras y cocos… debes vivir en un paraíso. Un abrazo.

    5. Avatar de carolina

      carolina

      14 agosto, 2013

      y como dicen en el lenguaje criollo..todo queda en familia. Buenismo tu relato. Te regalo un voto de todo corazon.

    6. Avatar de Hannaly.Higuera.Zitarrosa

      Hannaly.Higuera.Zitarrosa

      17 agosto, 2013

      Te regalo el décimo voto, amigo y camarada. Aún me sigue más el otor capítulo hehehehe.

      A Portada ;)

      Por cierto, ya entendí el otro mensaje, sorry, pero rectifiqué mi error :)

    7. Avatar de Inquietud

      Inquietud

      17 agosto, 2013

      Me ha gustado mucho lo que he leido, gracias!! procurare leer los demas capitulos.

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