“En lugar de intentar vencer la resistencia que tiene la gente a hacer ciertas cosas, encuentre qué cosas sí quieren hacer”
-Anonimo
Los 70´ fueron una época inigualable. Y Nueva York lo era más. Era una ciudad caótica, desordenada, tomada por traficantes y delincuentes… era una ciudad… una ciudad llena de sabor. El clásico sabor de Nueva York. Lastima que solo disfrute la parte más tardía de esta.
Crecí en los suburbios, mas precisamente en los suburbios de Brooklyn. Mi familia era descendiente de escoceses, y éramos una familia bastante numerosa como para que se fijaran en cada una de mis acciones. Tal cosa de me dio la libertad e conocer cada rincón de N.Y a una corta edad si que mis padres se preocuparan por eso.
Las calles eran realmente peligrosas, pero si sabias tratar con todas las crueldades que podías ver por las pobladas avenidas de la Gran Manzana. Para ser mas especifico, debías de saber con quien tratar y con quien no. Pero ten en cuenta que solo era un niño de 7 años cuando todo un mundo de delitos se abrió ante mí.
El tío Chooky, o el Gran Tío Chooky, como otros lo llamaban. Digamos que el cumplió mas la función de padre que el alcohólico de mi verdadero padre. Todos los jóvenes querían a Chooky, y Chooky quería a todos los jóvenes, siempre y cuando fueran respetuosos con el.
Si hay algo que tome de él, fue su habilidad para los negocios, ah, y también su gusto por tomar los que fueran de mayor riesgo. “Si no tienes la de perder, no puedes demostrar que eras el mejor”. Eso solía repetirme cada ves que me pedía que me retirara por que tenía un negocio de riesgo que hacer.
Así fue que en la primaria empecé a negociar como había visto que los mayores lo hacían. En un principio no fue mas que venderle lápices y goma de mascar a los otros niños (artículos que compraba a los otros niños por casi nada) y luego fue evolucionando mientras crecía. Cigarrillos en los últimos años de primaria, hasta drogas a los mismos profesores del secundario.
Ya me había hecho una cierta fama. Casi todos los alumnos (y algunos directivos también) de colegios de la cercanía sabían que si necesitaban algo era con migo con quien deberían de hablar. Al cumplir los 17 ya era un comerciante de alto rango, por así decirlo, ya había aprendido cuales eran las reglas del juego, donde meterme y donde no, con quienes tratar y con los que si tratas terminarías debajo del puente de Brooklyn.
Pero como suele pasar con estas cuestiones, algo siempre sale mal.
Cierta noche mientras estaba acostado en mi habitación contando el dinero del día, un pequeño ruido me perturbó. Una golpecito en mi ventana me hizo perder la cuenta, trate de ignorarlo durante un minuto, razonando que debían de ser los pájaros que suelen dormir sobre el marco. Pero el golpecito fue constante, hasta que me harté y decidí levantarme. Mierda, si hubiese sabido de que se trataba no me habría tratado de ignorar el sonido. Debajo de mi ventana, que se encontraba en un 1° piso, estaba Chooky, pero joder, no era el Chooky que siempre había visto, la preocupación de sus ojos contrastaba con su pálido semblante, grandes ojeras como bolsas de té pendían de sus ojos moreteados, sangre seca sobre sus ropas rotas y cuando trato de hablarme, simplemente escupió mas sangre y los restos de los dientes oscurecidos que le quedaban. Realmente había sufrido una paliza, y una de las grandes. Baje, lo metí al baño a rastras sin despertar a nadie, lo desvestí un poco y lo puse bajo el agua. Deje que respirara un poco y empezó la conversación:
-Demonios Chooky, parece que encontraste un negocio en el que no pudiste salir victorioso.
-E… Eric… ¿Cuando yo… no eh salido victorioso… de un negocio?
-¡Eres un cabrón! Vamos cuéntame mas de ese negocio. ¿Quieres algo para cenar?-era lo menos que podía ofrecerle a alguien que me había forjado.
-No… No… Solamente… Pásame esa chaqueta, con cuidado, tiene algo frágil- Saco con delicadeza un rollo de papel amarillento y reseco por el pasar de los años- Lo tome de un tipo que me debía mucho dinero. Pero joder que debe der ser realmente importante para este tipo. Ah preguntado por todo N.Y. sobre este papel y por mí. Hasta ah puesto un precio por mi cabeza. Pero sabes como soy, Chooky no se muere fácil- No me dio mucha confianza esa frase, cuando al terminarla sonrío mostrando una boca sin dientes y sanguinolenta.
-A ver- tome el rollo, pero era raro, como que no fuese papel común y corriente. El trazo con el que estaba escrito era realmente exquisito, con una caligrafiad e lo mas prolija, pero estaba en un idioma que no podía comprender- Pero ¿Para que rayos quieres esto? Es solo un papel antiguo que no te servirá para nada.
-¡Estúpido! Se nota que eres nuevo en esto. Tal vez para mi esto no valga un centavo ¡Y no me importa una mierda recuperar mi dinero! Pero ese tipo aprenderá que con Chooky no hay que meterse. –Nunca olvidare esas palabras. Pues fueron la mejor lección que aprendí, y la mayor estupidez que pudo decir.

español/peruano
Veo que nos gusta el mismo tema. Sobre vampiros estoy a punto de sacar la segunda edición de una novela (“El retorno de los inmortales”). Algunos fragmentos los he publicado aquí y uno de los relatos se titula: “El sabor de la sangre”. Con el título ya nos anticipas lo que ocurrirá en las próximas entregas. Me ha gustado, pues este tipo de argumentos siempre me han llamado la atención. Mi voto y un saludo.