La muerte no es el final

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    La muerte no es el final

    El anciano druida salió de su cabaña del bosque para dirigirse hacia el claro donde se celebraría el sacrificio humano. El ritual databa de la Edad del Hierro y había sido transmitido de padres a hijos durante miles de generaciones. A pesar del intento de exterminio por parte de los romanos durante la Guerra de las Galias, algunos de estos sacerdotes-curanderos sobrevivieron a la muerte, adentrándose en los bosques y morando en grutas alejadas de cualquier atisbo de civilización. Andrefix, quien ya fuera viejo cuando nació a la nueva vida, estaba cansado de deambular por este mundo. Ya tenía sucesor, aunque él aún no lo sabía, y estaba dispuesto a transmitirle sus conocimientos antes de abandonar esa forma de vida inmortal.

    Cuando el anciano llegó al claro del bosque, los aldeanos, quienes le seguían más por temor que por devoción, tenían todo preparado. Los dos toros blancos habían sido dispuestos bajo el árbol del muérdago, como mandaba la tradición; sus cornamentas, tapadas con trapos de color blanco previamente bendecidos. El muchacho, que no pasaría de los dieciséis años y aparentemente drogado, se hallaba tumbado sobre el altar de caoba situado frente al árbol del muérdago. Cubierto tan solo con una pequeña tela de lino blanco que apenas tapaba sus partes, permanecía ajeno a lo que ocurría a su alrededor.

    El druida sacó la daga sagrada de debajo de su alba túnica. Los aldeanos formaron un círculo sagrado, tal como Andrefix les había enseñado. El anciano comenzó a decir las palabras del ritual en gaélico antiguo, mientras que los demás, cual de un coro se tratase, repetían una única estrofa sin parar. En un momento determinado, varios de los asistentes sostuvieron a los toros por las astas, mientras el druida les rebanaba el cuello por turnos. La sangre que brotaba de los animales fue recogida en cuencos de madera, ofrecida a los antiguos dioses y bebida por los oficiantes, excepto por el druida.

    Al anciano milenario enseguida le tocó acaparar todo el protagonismo en la ceremonia. Andrefix lavó la daga con agua bendecida, secándola posteriormente con paños de seda traídos del lejano Oriente. Una vez inmaculada, sostuvo la daga con su mano derecha, y tras pronunciar unas ininteligibles palabras en una lengua muerta, hizo un rápido y profundo corte en la yugular del joven. Lo normal hubiese sido que este se hubiese desangrado, mas el druida no lo permitió, pues él mismo aplicó sus labios sobre el corte y succionó la sangre a grandes sorbos. Antes de que le dejara seco y el corazón de la víctima se detuviese, el druida se hizo un pequeño corte en la muñeca, dando de beber al moribundo. Al principio, el muchacho se negó, pues se estaba dejando morir; sin embargo, Andrefix empujó su cabeza bruscamente sobre la herida en la muñeca, de tal manera que los labios del muchacho quedaran a la altura de esta. El instinto de supervivencia pudo más y el sacrificado comenzó a beber, primero despacio y luego ávidamente, hasta que el druida le apartó con un tirón brusco. Luego del esfuerzo por sobrevivir a una muerte segura, el chico se desmayó.

    Los oferentes dieron por concluida la ceremonia de renacimiento a una nueva vida, recogieron todo y se marcharon, como si nada, a su pequeña aldea. No obstante, dos de ellos acomodaron al desmayado en una parihuela y lo transportaron hasta el refugio del druida. Una vez en la puerta de la gruta que servía de morada al anciano, se despidieron y le dejaron a solas con el joven.

    Con las pocas fuerzas que aún le quedaban al viejo, arrastró el cuerpo casi inerte hasta el fondo de la cueva, situándolo en el rincón más alejado de la entrada. Los tres días siguientes fueron de adaptación del que fuera humano a su nueva condición de inmortal. Gracias a sus facultades hipnóticas pudo someter al neófito a su voluntad, enseñándole lo más importante para que pudiera desenvolverse en el nuevo mundo durante los próximos siglos.

    Una vez repuesto y sin ninguna célula viva, el nuevo ser fue educado para que aprendiese a desarrollar sus nuevas habilidades. Cuando el druida consideró que su discípulo ya sabía lo suficiente para seguir solo, quedaba la última parte de su plan: su verdadera muerte; es decir, su extinción. Con sus poderes hipnóticos no le fue difícil convencer al vampiro neófito para que acatase sus órdenes. Así, este apiló junto a la cueva un enorme montón de leña seca. Siguiendo las instrucciones del anciano, le ató a un madero atravesado por otro en forma de cruz y prendió la montaña de leña. El anciano se consumió sin pronunciar una sola palabra y sin dar muestras de dolor. De él solo quedaron unas pocas cenizas que, a petición suya, fueran esparcidas por los alrededores.

    El inmortal pronto aprendió a alimentarse de los humanos y a perfeccionarse en sus nuevas facultades. En poco tiempo se convertiría en el mayor depredador de toda la historia, y con el paso de los siglos, su leyenda fue transmitida de padres a hijos, conociéndosele como Nosferatu, el vampiro.

    Comentarios

    1. Avatar de Jesanbo

      Jesanbo

      7 agosto, 2013

      Este relato podría ser muy intenso y oscuro si el narrador dejara de ver la escena con ojos “modernos” (con lo que cae en algún anacronismo) y fuera alguien más cercano a la escena, tal vez uno de esos que siguen al druida más por temor que por devoción. Así también podría dejar al lector la decisión de si realmente ese sacrificio pudo ser el inicio de la saga vampiresca, sin necesidad de que el narrador se lo explique todo. ¿No crees?
      De todas formas la historia es interesante y va ahí mi voto.
      Jesús

      • Avatar de español/peruano

        español/peruano

        7 agosto, 2013

        Todas las opiniones son válidas, y si a ti te parece que la historia resultaría mejor, pues muy bien. Un saludo.

    2. Avatar de VOLIVAR

      VOLIVAR

      7 agosto, 2013

      Español Peruano: muy interesante la historia de Nosferatu, que confirma el título de tu relato: la muerte (que sufrió en el altar a manos de Andrefix, el viejo Druida) no fue su final.
      Mi voto y un saludo
      Volivar (Jorge Martínez

    3. Marciano

      7 agosto, 2013

      Interesante historia. Se lee de un tirón y eso es bueno. Saludos cordiales.

    4. Avatar de Hegoz

      Hegoz

      8 agosto, 2013

      Interesante relato, gracias por publicarlo !!!

    5. Avatar de Tona ConTé

      Tona ConTé

      14 agosto, 2013

      Me gustó, aunque me quede con ganas de escuchar algún diálogo entre el joven inmortal y el viejo druida…

      • Avatar de español/peruano

        español/peruano

        14 agosto, 2013

        Tienes razón amiga, pero si pingo diálogos me extendería demasiado y, lamentablemente, los textos largos no los lee casi nadie. No obstante, tengo terminada una novela de inmortales (El retorno de los inmortales) donde hay abundantes diálogos. En falsaria he publicado algunos relatos de esta novela, que pronto saldrá a la venta en Perú. Gracias por leerme, y espero que no sea la última vez. Un saludo.

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