Todos hemos visto lo que el tiempo y la humedad hacen con las paredes: manchas oscuras, diversas grietas y, esto es lo más importante, hilillos de pintura en relieve. Todos hemos visto esto, es verdad, y si alguien no lo hizo, podemos tildarlo de raro (e incluso de inhumano) sin equivocarnos. Pero, eso sí, somos muy pocos (tres o cuatro a lo sumo) quienes podemos leer e interpretar estos signos.
Este lenguaje de muros va mucho más allá de la vana (pero utilísima) capacidad de encontrar que una mancha en la pared tiene forma de letra, por ejemplo, de una C (o, aún más extraño, de una R). Le hablo de un tipo de lectura que se basa más en el tacto que en la forma. Porque es sólo tocando con los dedos esos hilillos en relieve que puede saberse lo que realmente ocurrirá en una casa. Los muros nos encierran para escucharnos, sentirnos y de ese modo (esto es lo fantástico del asunto) llegan a saber más que nosotros mismos sobre lo que nos sucede o sucederá.
Por eso, señora, ahora que palpé levemente su pared, puedo decirle con certeza que su hijo no la quiere o que su marido la engaña; pero puedo decirle también que a usted, en realidad, no le importa y que, dentro de dos minutos, usted va a llevarme a la cama.

español/peruano
El que hace tales predicciones o es muy imaginativo(creyendo que la mujer le va a llevar a la cama) o demasiado sobrado. Mi voto y un saludo.
Alberto Casado
Sergio-F.S.-Sixtos
Me hubiera gustado un giro fantástico al final, creí que por ese camino iba tu relato. Un abrazo.