Nadie

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    Hay alguien que no es nadie, que exuda sueños como si fuese indigno sudor; los pobres, los olvidados de cuerpo y espíritu cuya voz es agua que se va por la cañería, esos que sueñan con ganarse la lotería, con una torcedura del destino igual a una fractura de una pierna que se gangrena y se desangra. Alguien invocando al enmohecido dios de la lluvia con un hambre eterna en el alma que es igual a una mordida de serpiente, las invisibles sombras que pasan de lado dejando la estela de su podredumbre, los ectoplasmas desdibujándose en cualquier esquina mientras entonan tristísimos con las gargantas amuralladas el canto de los ángeles caídos. Hay alguien que no es nadie, que aspira el óxido del mundo; gente de plástico, corazón de celulosa y arterias en metástasis, esos que arañan con las manos tumorosas el pan nuestro de cada día, esos que no visten de seda sino de olvido, que no calzan pieles de cocodrilo sino su propio cuero re calcinado al sádico sol de cada día, los que no lloran lagrimas sino ácido corruptor, los que esnifan el frio y se les congela la mirada indescifrable, los que tienen los huesos húmedos y porosos de pasar la eternidad junto a las rocas, los que no aparecen en la historia universal sino en la crónica roja de los diarios, esos que nacen entre cuchillos y tijeras y juegan a que son grandes señores mientras sus vísceras convulsas germinan gusanos. Alguien que se acuesta cada día sobre las hojas carcomidas de un árbol y ensaya la posición de un cadáver,  los que en vez de lisura tienen una nata de polvo coagulado en los poros,  esos en quienes la vida es miasma, mientras la subterránea aristocracia come perdices en sus catacumbas de cartón piedra, los desheredados por el padre, el hijo y el espíritu, huérfanos apócrifos y magnolias marchitas escupiendo fuego entre cada alto de la autopista, rellenos de viseras agotadas y de sangre mercuriana que beben a litros tantos buitres acorbatados. Hay alguien que no es nadie, sino una caverna. Alguien que se despierta con una fe cancerosa por la mañana, y camina con un  futuro tuberculoso y los ojos y retinas dilatadas por el hedor del mundo. Esas sombras insomnes, los sepulcros sin epitafio que pasan por la vida como si fuesen el tufo de un halitoso, esos mis hermanos que valen menos que las armas que los matan. Somos los muchos, los tantos, aquellos de los que a veces hablan los progres de libro, ganado de engorde de estadísticas, pobres bestias degradadas royendo nuestros propios cadáveres, las migajas envenenadas que nos caen de las mesas de los Saurios.

    Comentarios

    1. Avatar of español/peruano

      español/peruano

      14 agosto, 2013

      Excelente. Tienes un rico lenguaje que sabes usar perfectamente en tus narraciones. Este texto de denuncia social está enriquecido por tu forma ágil e inteligente de narrar la realidad cotidiana. Tu escrito debería servir para que todos reflexionáramos acerca del mundo tan injusto en el que vivimos, en el que unos pocos lo tienen todo y muchos más, nada. Muy bueno. Mi voto y un saludo.
      Alberto Casado

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