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Sabotaje
Error mecánico o error humano. Esa era la cuestión que todos se planteaban. Nunca antes se había producido una catástrofe de tal envergadura en un parque de atracciones en ese país. Los muertos se contaban por decenas. Por todas partes había heridos, que gritaban de dolor. El sonido de Las sirenas de las ambulancias camuflaba el llanto de los familiares por la pérdida de los seres queridos. Se habilitó un espacio especial para que pudieran entrar a las instalaciones todos los vehículos sanitarios y fúnebres que se requirieran. Las cámaras de televisión, de la mayoría de cadenas locales, grababan sin parar el dantesco espectáculo. Las agencias de prensa extranjeras también se habían hecho eco de la noticia. No se hablaba de otra cosa en toda la nación.
La policía local, desbordada, solicitó el apoyo del FBI para llevar a cabo las investigaciones. El oficial Carlos Sánchez, de origen mejicano, estaría al mando. Antes de nada, era prioritario identificar los cadáveres. Por fortuna, la mayoría llevaba consigo su documentación, siendo otros identificados por sus familiares. Los heridos fueron transportados a los hospitales cercanos en decenas de ambulancias. A ellos se les identificaría en el hospital, con el objeto de que se les atendiera lo antes posible. Después de tres horas se tenían identificados todos los cadáveres. Blanca, sabiendo que su hija tenía previsto visitar el parque, acudió en su busca desde el momento que se enteró de la catástrofe.
Caminaba desesperada de un lado a otro, pues entre los cuerpos no estaban ni Eva ni Roberto. Le tocaría ir hospital por hospital preguntando por sus seres queridos. La confusión inicial había impedido que se hiciera una lista pormenorizada de los heridos que eran llevados a los hospitales y a qué nosocomio en concreto se les trasladaba. Solo encontró listas incompletas, y en ninguna de ellas figuraba el nombre de sus parientes. Luego de deambular de hospital en hospital, recibió noticias esperanzadoras en el último que visitó. Al parecer, había ingresado una joven que respondía al nombre de Eva y la descripción que le dieron coincidía con la de su hija.
Una de las enfermeras que atendía en recepción, le indicó que a esa paciente le habían extirpado el bazo, muy dañado. Blanca quiso saber el estado real de Eva y la enfermera, apiadándose de la mujer, le reveló que su hija tenía fracturadas cuatro costillas, así como una clavícula y un brazo rotos; también tenía una contusión craneoencefálica severa, estando a la espera de la realización de análisis complementarios en orden a determinar si existían o no lesiones neurológicas. Se interesó por el estado del novio de su hija, Roberto, indicándole que él no había resultado tan malherido.
Milagrosamente, sus lesiones se reducían a un par de costillas fisuradas y el hueso del húmero derecho fracturado. Pequeños cortes en la cara y el cuero cabelludo completaban las lesiones del hombre. Blanca, muy religiosa, agradeció a Dios por la salvación de la pareja. Aún no le dejaban ver a Eva, tan solo pudo asomar su cabeza a través de una ventanita de la Unidad de Cuidados Intensivos donde estaba siendo tratada su hija.
Entretanto, el detective Sánchez proseguía con las investigaciones. Interrogó a todo miembro del personal del parque que creyó oportuno, empezando con los responsables de la seguridad y los encargados del funcionamiento y mantenimiento de la Montaña Rusa. Enseguida descartó que el accidente se debiera a una falla humana. Técnicos especialistas en casos similares, examinaron la maquinaria a conciencia, llegando a la conclusión que no había habido falla mecánica. Estaban seguros en un noventa por ciento que la atracción había sido saboteada. Comprobaciones más exhaustivas les permitieron averiguar qué había sucedido realmente. Al parecer, el sistema de frenado y bloqueo había sido manipulado. El sistema era automático, pero había sufrido alteraciones sustanciales, que hicieron que ambos trenes coincidieran en el mismo tramo y colisionaran frontalmente. El sabotaje era, pues, la causa de la catástrofe. Quién o quiénes eran los responsables y por qué lo hicieron eran las siguientes preguntas que habrían de responderse para esclarecer el caso.
Transcurrieron dos días hasta que Eva recuperó la consciencia. Sin embargo, Roberto, pudo hablar pronto con Blanca. Le contó como su novia le había salvado la vida, haciendo que se agachara y protegiéndole con su propio cuerpo; de ahí que la muchacha tuviera mayores lesiones. Se sentía culpable, pues consideraba que él debería haberse dado cuenta de lo que ocurría y haber protegido a su amada. Blanca le tranquilizó diciéndole que en absoluto, que él no tenía ningún tipo de culpa; ahora debería esforzarse por curarse pronto para cuidar de Eva. Roberto le dio la razón a su suegra, agradeciéndole los esfuerzos realizados para la localización de ambos y su posterior tratamiento médico. Ella le hizo saber que, como toda madre, daría la vida por su hija. Roberto asintió.
El detective Sánchez escribió una relación de todos los pasajeros de la Montaña Rusa accidentada. Ayudado por los expertos informáticos del departamento de policía de la ciudad de Miami, comprobó la identidad de cada una de las víctimas, muertas o heridas. Todas eran personas comunes. No había empresarios o gente de renombre entre los viajeros. Solo le quedó la duda en una de las personas: Eva Bellini. Si el apellido no mentía, podría ser familiar de Vitorio Bellini, el italo-americano más poderoso de la ciudad.
Tras hacer las oportunas comprobaciones, resultó que la tal Eva, era ni más ni menos que la hija del fallecido capo. Ese dato era fundamental para la investigación. En su humilde pero profesional opinión, alguien había intentado quitar de en medio a la heredera de don Vitorio. Ante esa suposición plausible, solicitó que se pusiera protección oficial a la joven, al menos mientras permaneciera en el hospital. Roberto se sorprendió cuando aparecieron los dos agentes y se plantaron a ambos lados de la puerta de entrada de la habitación de Eva. Se identificó y ellos le explicaron las sospechas del detective del FBI. Estuvo de acuerdo en tomar precauciones, agradeciendo a los policías su rápida actuación.
Sorpresivamente, recibí un correo electrónico remitido por Lorenzo Bellini. En este, el tío lamentaba el accidente que habíamos sufrido, esperando nuestra pronta recuperación. Así mismo nos ofrecía su ayuda para lo que necesitáramos. No le creí ni una palabra pero le agradecí su interés. También le dije que si precisáramos de su ayuda se lo haríamos saber, cosa que evidentemente nunca haríamos. A mi modo de ver, Lorenzo era uno de los que podría estar interesado en la muerte de Eva, pues a falta de otros herederos (salvo el hermanastro Vitorio) él controlaría el negocio americano. Pero sin pruebas no podíamos acusarlo.
También recaían mis sospechas sobre Adriano, el gerente brasileño del casino, y en Salvatore Monteolivo, misterioso abogado espagueti. Ambos habían sido muy educados con nosotros pero muy evasivos a la hora de darnos información acerca de los negocios. A partir de ahora no les quitaría un ojo de encima a ninguno de los dos.


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Volivar, Rafa Sastre y Adelaida: Gracias a los tres por leer “Sabotaje” (capítulo 7 de la familia Bellini). Un saludo a todos.
Alberto Casado
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Bicho.Reactor: Gracias por pasarte por estos lares. Un saludo.
BERNARDINHO RÍU
Tendré que leer los otros capítulos…
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Gracias por leerme. En mensaje privado te envío los enlaces. Saludos.
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Luis-Ricardo (Foixos): Gracias por tu apoyo. Un saludo.
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Hannaly: Gracias por leer todos los capítulos publicados hasta ahora de “La familia Bellini”. Un saludo.
Hannaly.Higuera.Zitarrosa
A mí me gustan los finales trágicos, tengo un amigo que suele llamarme “Señorita Tragedia” hehe.
rayos, quiero saber como terminará esto.
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Carlos G.: Gracias por leer y votar este relato. Saludos.
CarlosG
la historia lleva buen ritmo, buena descripcion y transporta a lo que esta sucediendo. buen uso de tus oraciones y el orden de las ideas. Me da la impresion que esto es ya parte de una novela publicada, cierto? buen trabajo.
español/peruano
Esto es un capítulo de una novela aún en borrador y que todavía no está publicada…, pero todo se andará, jajaja.