Savia

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Cuando desperté, la fresca ventisca acariciaba mi rostro. Mis cabellos danzaban en ella como si pretendieran dibujar algo perdurable, una frase suspendida que revela mi estado en desdén. La gran rama que me sujetaba se movía en un vaivén nauseabundo, crujía, acallaba y volvía a crujir. Mis manos, agarrotadas, palpaban su savia, lágrimas de un árbol castigado por los años que deseaba morir. Un ave voló hasta donde estábamos, nos miró de soslayo. Árbol y hombre juntos, viviendo al límite, suspendidos. El dulce sabor de la sangre llegó a mis labios. La cuerda no aguanto más, tampoco el árbol.

Comentarios

  1. español/peruano

    26 agosto, 2013

    No esperaba ese trágico final. Corto pero intenso. Felicidades. Mi voto y un saludo desde Perú.
    Alberto Casado

  2. Mabel

    26 agosto, 2013

    Me ha gustado mucho. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

  3. VOLIVAR

    27 agosto, 2013

    Paul: un micro hermoso, bien elaborado, usando muy bien las herramientas literarias. Te felicito. Mi voto y un saludo desde México
    Jorge Martínez

    • Paul Devouge

      27 agosto, 2013

      Muchas gracias amigo volivar. Espero que se normalice mi vida traginada y pueda volver a escribir con la frecuencia de antea.
      Un saludo y gracias nuevamente por tis palabran tan alentadoras

  4. Sergi G. Oset

    28 agosto, 2013

    Belleza osacura en (narcotizante) movimiento. Oigo el crujido de la rama en su suave balanceo y degusto el fluido amargo en los labios.

    • Paul Devouge

      28 abril, 2015

      Gracias Guardiña, tendré que leerte más!!!
      Muchas gracias una vez más!!
      abrazos

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