Cuando desperté, la fresca ventisca acariciaba mi rostro. Mis cabellos danzaban en ella como si pretendieran dibujar algo perdurable, una frase suspendida que revela mi estado en desdén. La gran rama que me sujetaba se movía en un vaivén nauseabundo, crujía, acallaba y volvía a crujir. Mis manos, agarrotadas, palpaban su savia, lágrimas de un árbol castigado por los años que deseaba morir. Un ave voló hasta donde estábamos, nos miró de soslayo. Árbol y hombre juntos, viviendo al límite, suspendidos. El dulce sabor de la sangre llegó a mis labios. La cuerda no aguanto más, tampoco el árbol.
Savia





español/peruano
No esperaba ese trágico final. Corto pero intenso. Felicidades. Mi voto y un saludo desde Perú.
Alberto Casado
Mabel
Me ha gustado mucho. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Paul Devouge
Muchas gracias Alberto. me alegro que te gustara!!
Un abrazo
Paul Devouge
Un gusto Mabel, un saludo y muchas gracias
VOLIVAR
Paul: un micro hermoso, bien elaborado, usando muy bien las herramientas literarias. Te felicito. Mi voto y un saludo desde México
Jorge Martínez
Paul Devouge
Muchas gracias amigo volivar. Espero que se normalice mi vida traginada y pueda volver a escribir con la frecuencia de antea.
Un saludo y gracias nuevamente por tis palabran tan alentadoras
Sergi G. Oset
Belleza osacura en (narcotizante) movimiento. Oigo el crujido de la rama en su suave balanceo y degusto el fluido amargo en los labios.
Paul Devouge
Gracias Sergi,
saludos
guardiña
¡ Me gusta mucho tu forma de escribir, me identifica!! Felicidades! Un saludo.
Paul Devouge
Gracias Guardiña, tendré que leerte más!!!
Muchas gracias una vez más!!
abrazos