-¿Cómo te fue hoy, hijo?- el padre de Colin revolvía los vegetales mientras hablaba, para no tener que hablar con la boca llena.
-Bien. Hoy me invitaron a una fiesta. No sé si debería ir.
-Colin, eres muy independiente. Podrías cuidarte solo, pero necesitas amigos. En los veranos, te pegabas a los videojuegos y a cursos autodidactas. Una fiesta es una buena oportunidad para conocer gente. Aunque sea para que puedas formar tu banda.
-Está bien, papá. Lo haré- aceptó tan solo para no alargar más la conversación y poder seguir comiendo sin más rodeos innecesarios (como los que he hecho en esta línea).
Mientras terminaba de comer, a Colin se le quedaron los ojos en blanco.
-¿Cómo sabes de mi idea para una banda? ¿Entraste en mi cuarto?
-No. Hablas de eso cuando tienes tus soliloquios, o lo que sea que hagas cuando hablas solo. Se te oye hasta fuera de la casa. Creo que los vecinos te oyen.
Dicho esto, volvió a comer. A Colin se le acabó el apetito, por eso de darse cuenta de que hablaba consigo mismo, y mucho. Y en voz alta, para colmo.

VOLIVAR
El amigo de la biblioteca, qué bueno que has retomado este relato, para enterarnos de las peripecias de Colin.
Mi voto y un saludo desde México
Volivar (Jorge Martínez