Todos los desayunos de domingo padre la despertaba con un beso y un cuento. A cambio, ella se dejaba llenar la adolescencia de música mientras ponían juntos la mesa y esperaban a madre con el olor a café. Sonaban en el tocadiscos canciones entre las que se escondía la historia que acababa de leer y durante toda la mañana hablaban y hablaban de canciones y de historias sin final.
Lucía supo de su nombre el día que cumplió los dieciocho y madre puso la última canción de domingo. Padre hacía un año que había desaparecido tras Aves de Paso.
No volvió a verle hasta aquella mañana que lo encontró en el bar del Majestic sirviendo café para todos.


español/peruano
Muy bonito, aunque da para más. Mi voto y un saludo.
Dídac
Gracias!
Caro
Sería bueno que una vez terminados releas tus textos.
Dídac
Lo hago, pero lo haré con más detenimiento. Gracias.