Ha llegado la hora

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    Ha llegado mi hora, lo sé porque puedo descifrar en aquellos gestos todo lo que evité a lo largo de mi vida –un gesto que esconde todo el amor del mundo, impregnado de pequeñas dosis de maldad- y es esa la que me ahoga las palabras en un silencio rutinario, un silencio de muerte. Y no, no es que diga que él es la reencarnación de Belcebú, él no es malo conmigo, salvo sus pasos que me arrolla todas las cosas débiles que caminan de mi mano, de mi boca, del cuerpo danzante, pero que escondo siempre en el rincón de mi garganta. Tengo que esconderlas y evitar teclear fuertemente, evitar llorar, evitar gritar, evitar amar, amar, doler, dolor. Es mejor su pene atravesándome, su carne llenándome los adentros, su caricia fuerte en las nalgas; es mejor el grito que se resbala por las grietas del silencio y rompe la barrera de los que se miran sin verse.

    El está ahí, dándome su espalda infinita, tan lejos de todo, de mis palabras, de mis ganas y creo tenerlo sólo con mi vulva que se hincha ante su presencia y se expande como el universo. ¿Cómo decirle que me he perdido entre sus ojos, entre sus vellos que se enredan en un juego lindo con mi cabello? ¿Cómo invitarlo al espectáculo de mis dedos que se hinchan de felicidad, como globos de fiesta, cuando acaricio su brazo, su nariz? ¿Cómo decirle que tome mi mano fuertemente para caminar por encima del mundo?, quisiera gritarle, que también mi vulva lo quiere, que yo lo hago con todo el cuerpo, sin excepciones.

    Anoche el sexo en la cara, en la ropa, en la boca. Tenía ganas de quebrantar el tiempo encima de su carne, esa que siempre me recibe con la humedad del mundo, pero nos alejamos, porque a veces quisiera que sólo me mirara el espíritu, el error, la herida milenaria y me la curara con un beso. Y entonces exploto, y perdí, lo perdí, me perdí. Con el siempre pierdo, y me vuelvo pequeña porque sé que es mi fin. Cuando me acerqué tenía su mano en la frente, yo le di un beso… sólo yo lo di.

    -Estoy aburrido de ti, de tu capacidad de problematizar de todo, sin normas, sin disciplina, siempre llegando tarde, riendo y llorando, dijo

    Y a mí se me quebró el alma –Es hora de pagar todos los amores rotos-, pensé. Cerré mis ojos y pasaron imágenes, palabras de manera esquizoide por mi mente. Me derrumbé y la palabra no servía, tampoco correr con esas que guardo y ponérselas en la boca. Pero a mí siempre se me rompe el alma, así como se rompen las cosas encima de las nubes, en la boca de un muerto que ya no dice nada. Así desperté, mortuoria, con el alma llena de moscas.

    Comentarios

    1. Avatar de Mabel

      Mabel

      19 septiembre, 2013

      Escalofriante poesía escrita en prosa. Un abrazo y mi voto desde Andalucía

    2. Avatar de VOLIVAR

      VOLIVAR

      20 septiembre, 2013

      Viola: un texto poético que hiela el alma, pero escrito con maestría, muy bellamente. Mi voto
      Jorge Martínez

    3. Avatar de AmilcarMartinez

      AmilcarMartinez

      24 septiembre, 2013

      Magistral prosa poética Viola!
      Realmente me impactó hasta el estremecimiento. Congratulaciones…. ♥ Mi voto.

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