Verónica

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    -Hace mucho calor. -Pensó Nathaniel mientras preparaba sus maletas para salir de viaje a Madrid. No le gustaba mucho la idea, España no era uno de sus países favoritos. Y a diferencia de su hermano, Osil, no le gustaba el fútbol, por lo que no tenía razón alguna para estar emocionado. Por si fuera poco, odiaba los aviones. Volar era algo a lo que le había temido toda su vida. La única razón por la que había decidido emprender ese viaje era porque había quedado finalista en un concurso de poesía y la final iba a ser celebrada en, precisamente, Madrid. Su hermano sólo le acompañaba por el placer de conocer un nuevo país. Hacía tiempo ya que quería salir de Estados Unidos. Kearny no era un pueblo divertido después de todo. Todavía hacían falta algunos días para el viaje, pero era mejor estar preparado mucho antes. Osil se ponía muy inquieto antes de viajar, cosa que molestaba a Nathaniel.

    Las cosas no parecían mejorar, su vuelo se había retrasado unas horas por un pequeño problema con el avión. Eso lo ponía más nervioso. Decidió leer uno de los libros que trajo consigo mientras Osil buscaba algo de comer. Después de un rato, escucho el llamado para abordar a su vuelo. Tomó fuerzas y subió a su avión.El viaje no fue del todo malo, Solo tuvo que ir al baño para vomitar un par de veces. Muchas menos de las que esperaba. Osil ni siquiera lo notó, durmió casi todo el viaje.

    -Hace calor- Dijo Nathaniel Mientras llegaban a la casa que habían rentado. La casa parecía vieja pero no tan descuidada. La habían conseguido a un precio demasiado bajo como para quejarse. Apenas llegaron y tuvieron que salir a comprar algo para comer antes de irse inmediatamente a dormir.

    Las cosas extrañas comenzaron ese día. Osil Y Nathaniel dormían en cuartos separados, no tan alejados uno del otro y en medio de ambos cuartos estaba el baño. Todo eso dividido por un corredor un tanto tétrico si se veía de noche. Mientras Nathaniel dormía, escuchó una extraña voz llamándole, demasiado cerca para ser su hermano. Demasiado cerca para abrir los ojos. Demasiado cerca para evitar que se le erizara la piel por completo. Tomó fuerzas por unos segundos y abrió los ojos. Vio la puerta de su habitación abierta, recordaba perfectamente haberla cerrado. Se puso de pie y se dirigió a la puerta. Notó que la puerta del baño también estaba abierta y que la luz estaba encendida. Escuchaba algo adentro, tuvo que ir a revisar. Apenas se asomó vio a una mujer ya mayor trapeando el suelo como si no notara su presencia. Nathaniel intentó hablar, pero antes de que pudieran salirle las palabras, la anciana soltó el trapeador y le dijo “¿Has visto a mi hija?” Con una voz tan desgarradora por el sentimiento de tristeza que proyectaba que Nathaniel simplemente no pudo responder. Y entonces, sólo despertó.

     

    Comentarios

    1. Avatar de VOLIVAR

      VOLIVAR

      25 septiembre, 2013

      Armienta, buen relato, muy bien escrito. Mi voto y un saludo desde Michoacán
      Jorge Martínez

    2. Avatar de VIMON

      VIMON

      25 septiembre, 2013

      Muy bien, joven Armienta, por ahí es. Te dejo mi voto y un saludo.

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