Los pensamientos de Colin se organizaban como si fueran un mapa conceptual que explicara, en orden, todo lo que había pasado con su vida hasta ese momento.
Recordó esa primera noche sin su madre. Su padre fue a su cuarto:
-¿Estás bien?- su padre se sentó a un lado de la cama y le acarició un mechón de cabello.
-Sí. Es solo que…- pero no pudo terminar; el llanto era un rival poderoso.
-Ven aquí. Te prometo que, mientras yo esté, todo estará bien- y abrazó a Colin con fuerza.
-¿En qué piensas?- unos ojos azules, preciosos e inocentes, lo miraban fijamente, como si fuera un telecospio escudriñando en los secretos del Cosmos.
-Nada. Estoy bien- mentía.
-¿Estás llorando?- los ojos de Colin estaban acuosos.
-No, es solo algo en el ojo- seguía mintiendo.
-No te creo- ella sospechaba.
-Estoy bien- y disimulando su tristeza, le acarició la mejilla.


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