La ciudad de Sombolae se erigió con el sudor obrero de sus habitantes, la presión de accionistas y la violación de junglas cercanas, una polis babilónica de distribución ambigua, pues sus distritos se dividían entre occidentales de alcurnia, negros obedientes y negros de absoluta pobreza, los pantera, tal como solían referirse el primer grupo al resto. En el llamado Distrito de las Vanidades se erigía un alto rascacielos engarzado con un gran acuario en su cima; del mismo surgían bulevares de flora tropical, neones de multinacionales y casas cuya estructura era una simbiosis de varios estilos coloniales. Al otro lado, separado por el río donde dos lustros antes habían encontrado el oro negro, las estelas de humo daban la bienvenida al Distrito del Lodo, donde aún se conservaban algunas de las chabolas de antaño nadando entre humedales y basura, barracones adheridos donde veinte familias dormían en el espacio de cinco, perros con sarna y culebras en las sombras, música de banjo para burlar la desolación. Era atravesado por la Calle de las Quimeras, donde en la noche los occidentales se entregaban a pigmeas que supuestamente curaban el sida con su magia, los amores furtivos sudaban entre los cañares y el olor a plátano frito era fragancia de hambrientos. Durante el día, los mercadillos vendían pájaros tropicales para los occidentales y corteza de baobab de Madagascar, mientras que los forasteros más independientes se atrevían a crear negocios para integrarse con los nativos e impulsar una globalización pacífica.
Alberto.Piernas



VOLIVAR
Tetedelune: un buen texto, escrito con soltura; ameno. Te felicito, un saludo y mi voto
Jorge Martínez
Alberto.Piernas
Gracias por tu apoyo como siempre Volivar. No entro mucho por aquí, pero siempre aprovecho para leer algo tuyo 😉 Un abrazo
Mariano
Hola TetedeLune. Muy buena la descripción. Saludos. Mariano Nívoli.