El milagro ruso

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    El Milagro Ruso

    Hay quienes dicen que siempre se aprende algo. Y yo no lo niego, quizás sí, siempre se aprende algo. Pero así como hay saberes y saberes, también debe de haber aprenderes y aprenderes. Palabra que, por lo demás, estoy tan convencido de que no existe como de que debería existir. Pero no nos desviemos (al menos no demasiado y por ahora) del tema, porque lo que pasa es que a veces uno no se da cuenta de que está aprendiendo algo. Y es que hay cosas que se incorporan, uno las incorpora y… no todo aprendizaje es pensado. No siempre existe la conciencia de que se está aprendiendo algo. Existe un aprendizaje inconciente y constante, hay quienes dicen que se llama maduración. Para aprender de ese modo alcanza con estar receptivo y bien predispuesto a recibir los sabios consejos de natura, que será muy puta, pero siempre te escupe verdades. Es cierto, esas verdades son capaces de ahogarlo a uno, pero de eso se trata todo, de vivir o de sobrevivir.
    En los últimos tres días mezclé vodka con Sprite, Coca, gelatina, jugo de naranjas, perfume, bronceador, líquido de frenos, lavandina y agua de mar (es decir, agua salada). Y he descubierto, no sin cierta sorpresa, que en todas sus variantes y combinaciones, el vodka es riquísimo. En realidad no descubrí nada, puesto que eso es algo que ya sabía, pero es la primera vez que lo pienso, que lo transformo en conciencia, de ahí mi sorpresa. Sí, es cierto que en la playa y bajo el sol, todo se calienta pero… ¿a quién le importa? A mí no, por supuesto, y al vodka creo que menos aun. A mí no me gusta el sol, al menos no en verano, pero eso no importa demasiado cuando se está frente al mar.
    Lo contemplo en su inmensidad y así tomo conciencia plena de mi pequeñez, de mi insignificancia. No sé exactamente por qué, pero el mar (quizás también tenga un poco de culpa el vodka) me recuerda a una niña, a cierta niña, a una en particular, quizás por su hermosura, o por su inmensidad, sólo comparable con sus hermosos ojos pero… ¿cómo me atrevo a comparar el mar con lo más bonito que he visto en este mundo y en el otro (el de los sueños)? Sin dudas cometo un error al hacerlo, nada es comparable con ese par de ojos, nada ni nadie. Ahora pienso que, probablemente, mi confusión provenga de que, involuntariamente, lo que comparo con el mar no sean esos ojos, sino el recuerdo de los mismos (mejor dicho, ciertos recuerdos). Lo paradójico (al menos para mí) es que el mar me recuerda inevitablemente a la niña a pesar de que jamás lo contemplé junto a ella (al menos, nunca fuera de mis sueños).
    Y es acá, en la inmensa soledad del mar, de la arena, de mí, donde me atrevo a confesar (a confesarme) lo más hondo de mi dolor. Ahora lloro lágrimas que tan insignificantes parecen cayendo a centímetros del imponente mar. Y sin demasiado esfuerzo, sin dudas, el mar tragará pronto esas lágrimas. Las hará desaparecer, pero jamás podrá hacer lo mismo con lo que ellas representan.
    El mar llena mis ojos y el dolor me penetra tan hondo… hay errores que jamás voy a perdonarme. No tengo consuelo del mundo, no tengo perdón de Dios. Han pasado dos años.
    Iba a hablar del Milagro Ruso, pero bueno… una cosa lleva a la otra y… ¿por qué no dejarse llevar como si uno estuviera flotando en el mar?, además, comencé diciendo que siempre se aprende algo y podría contar que con ella aprendí las cosas más hermosas y aprendí también que no existen palabras para describir esas cosas ni las cosas que sentí (y que siento). Por ejemplo, si pienso en sus ojos puedo afirmar sin dudas que son grandes, hermosos y mágicos, que me dieron vida, que nunca me vi más feliz que en esos ojos, que su brillo no es de ese mundo, que ese brillo es la mejor luz que he visto, que he sentido. Y no es que me falten las palabras, de hecho, tengo muchas más, pero no, no alcanzan. Aunque diga que esos ojos son lo más bonito que vi en el mundo (en este y en el otro)… eso no alcanza para describir algo que, sin dudas, no es de este mundo.
    Siempre se aprende algo, es verdad. ¿Aprenderé algún día a convivir con este dolor? Claro que preferiría la extinción completa de ese dolor… pero… ¿y si no hay más dolor qué?
    Hoy he tomado una decisión (y no he tomado vodka).
    Extraño tanto a esa niña… y sé que también voy a extrañar el mar… pero… qué me importa el mar… tan insignificante.

    Comentarios

    1. Avatar de Mabel

      Mabel

      27 octubre, 2013

      Me ha gustado mucho tu reflexión sobre la vida, un abrazo y mi voto desde Andalucía

    2. Avatar de

      VOLIVAR

      28 octubre, 2013

      Vicho reactor: pero qué chingonazo eres para esto de las bellas letras; qué tanlento para expresar tus percepciones, tus sentires, tu amor, por esa niña. Te felicito,amigo, por esto tan lindo que nos has compartido.
      Qué hermosa la de tu narración. Te felicito, mi voto y un saludo efusivo desde México
      Jorge Martínez

      • Avatar de Bicho.Reactor

        Bicho.Reactor

        28 octubre, 2013

        Muchas gracias por leer, por votar y, sobre todo, por tan hermosas palabras.
        :)

    3. Avatar de

      VOLIVAR

      28 octubre, 2013

      Bicho reactor: amigo, mucho cuidado con esa tal miss preciosa; es la misma estafadora que se hizo llamar miss Kelly, o algo así; quería saber tu número de correo personal para apoderarse de todos tus datos. Yo caí y me tostó mucho librarrme del peligro que representa la tal fulana, estafadora. Es el mismo texto que el que nos envió la tal Miss Kelli, esa hija de puta.
      Un saludo
      Jorge Martínez

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