Allí está, mudo testigo del frágil universo que envuelve a un pequeño pueblo de provincia. A lo largo de su larga existencia ha sido testigo de la despedida de muchos lugareños; lo mismo de los grandes señores de los ranchos, que de aquellos que lucharon a diario por llevar un poco de pan a la boca de su familia. Él siempre ha estado al lado de los dolientes, prestándoles por un instante su dura piel, para ver si así ellos logran mitigar un poco el sufrimiento de su almas.
También ha podido ver cómo florecen esos cambiantes amores juveniles. Un día, esos chicos se odian a muerte, y juran jamás voltearse siquiera a ver… y al día siguiente, están besándose con pasión, sintiendo que su vida no vale nada si no pueden verse de nuevo. Muchos de esos corazones jóvenes jamás se habrían atrevido a gritar su amor a los cuatro vientos, de no ser por la ayuda del viejo guardián. Sin importar clase social o sexo, él jamás ha revelado secreto alguno de los jóvenes amantes. Almacena cerca de su pecho cada una de las palabras que le han confiado a lo largo de los años. Nadie sabe porque lo hace, algunos piensan que es para iluminar un poco esas largas noches que carcomen el alma, mientras que otros afirman que lo hace para regresarles sus mismas palabras de amor a los novios que después vuelvan a pasar por allí, pero impregnadas del tibio aroma de su amigo el mar.
Sin embargo, en el pueblo hay alguien que se ha sabido escapar de la protección del guardián. Ese singular espíritu gusta de vagar sin rumbo por las calles del pueblo, evitando pasar por los portales, pero manteniendo la mirada siempre fija en el azul horizonte. Quizás con las pequeñas gotas saladas que brotan de sus ojos intenta llamar a ese amor que se marchó a tierras lejanas desde hace años, sumergiéndola en una eterna marejada de tristeza que no se aleja de su alma. Varios le han dicho en incontables ocasiones que lo olvide para siempre, que no tiene sentido desperdiciar una joven vida aferrándose a un sueño tan frágil como la espuma del mar…
Pero ella sigue allí, soportando los golpes de la vida con entereza, sobreviviendo con la misma fuerza de un arco de piedra que se resiste a disolverse para siempre en el olvido.
Jacaranda.Dorantes



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patricia, te felicito por este relato bello, mucho. Sabes manejar muy bien las herramientas literarias.
Mi voto y un saludo desde Michoacán
Jorge Martínez
Aesus
Me gusto tu relato, te felicito, un saludo y mi voto
Jacaranda.Dorantes
Gracias a todos los que se tomaron el tiempo de leer mis palabras, y de regalarme su voto. De veras, me siento honrada.