Pequeños paraísos

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Las olas del mar se quebraban delicadamente ante sus pies, haciéndoles cosquillas despiadadamente, casi como si alguna sirena traviesa estuviera jugando en un oculto rincón del océano. A lo lejos, el sol dejaba caer su pálida luz sobre la playa, dándole un leve tono dorado a los barcos que se perdían en el horizonte. Era todo tan natural, casi salvaje, y sin embargo, era perfectamente hermoso. Papá había pensado esa estadía en la casa de la playa, tan lejos del Internet y de los centros comerciales, como un castigo por haber llegado tarde a casa un par de veces, ¡qué tonto!
A esa hora de la tarde, los demás miembros de la familia ya habrían llegado a la casa de la abuela, y estarían haciendo lo de costumbre.
Las dos más pequeñas, junto con sus mejores prendas, se habrían puesto sus mejores sonrisas de plástico, listas para borrar el sufrimiento de sus rostros y así impresionar a los tíos, casi como un perfecto acto de circo interpretado por dos pequeños payasos enfundados en grotescos vestidos.
Quizás un poco más tarde, mamá llenaría su copa por primera vez en la reunión, dándole inicio a su acostumbrada espiral de tragos, misma que jamás termina hasta que a su corazón se le olvida por un momento el dolor de cabeza que le causa la existencia de sus tres ” malcriadas” hijas, cuyos nacimientos la “obligaron” a tirar a la basura su gran sueño de ser doctora, dejándola encerrada por el resto de su vida en una jaula de oro.
¿Y papá? Bueno, después de mirar con recelo a mamá durante toda la velada y de callar a sus ruidosas hijas, seguramente se acercaría a alguno de los tíos, preguntándole con nerviosismo por la dirección de algún almacén, listo para comprar cualquier baratija para recompensar a la hija castigada que dejó en la casa de la playa.
Todos ellos, al igual que las chicas más populares de la escuela, con carteras tan llenas, pero con cabezas tan llenas de aire, tal vez se sentirían mejor si cerraran los ojos, y dejaran que de nuevo el sol les acaricie dulcemente la piel. Es gratis, y sana hasta a los corazones más infectados de plástico. Aunque pensándolo bien, es mejor guardar silencio, y dejar que ellos descubran por su cuenta el camino hacia esos pequeños paraísos que ofrece la vida.

Comentarios

  1. Profile photo of

    VOLIVAR

    25 octubre, 2013

    Patricia Jacaranda: amiga y paisana, esto que nos has compartido, es el estilo más bello en la literatura; cuando uno expresa sus percepciones y las transmite al lector para que también vibren con la escritora, maestra escritora, en tu caso. Te felicito, mi voto y un saludo desde Michoacán. Ya veré tu perfil, para enterarme cuál es tu ciudad, y saber más de una paisana que sabe mucho del oficio de escribir bellamente.
    Mi voto y un saludo desde Michoacán
    Jorge Martínez

  2. Jacaranda.Dorantes

    26 octubre, 2013

    Gracias, un millón y más gracias por pasar por aquí. Soy del D.F, y pues saludos hasta Michoacán

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