Quizás no sea el paraíso, pero tú sabes perfectamente que es lo más cercano a lo que un simple mortal puede aspirar en esta vida. Siente su piel por un pequeño momento, oye cómo el latido de su corazón se funde con el tuyo para formar una sola armonía perfecta. Sin miedo sueña que en verdad eres dueño de ese hermoso pedazo de cielo que el destino posó sobre tu lecho. Mientras dure, ama con toda la fuerza de tu alma a ese suave espejismo que suavemente se pasea dentro de tu mente, porque con esa misma rapidez con la que apareció en tu vida, podría irse de nuevo, desapareciendo entre las pálidas sombras de la noche y dejando dentro de tu cama un indeleble aroma a deseo satisfecho que se encargará de acompañarte en esas noches solitarias, hasta que llegue el último día de tu existencia…
Jacaranda.Dorantes



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Patricia: bello texto, te felicito. Va mi voto y un saludo desde Michoacán
Jorge Martínez