En la pequeña estación apeadero, iluminada apenas por una bombilla de bajo voltaje, sentado en el único banco, aterido de frío, un anciano espera… Son las 12 de la noche; en cinco minutos llegará el tren y con él su amada… Espera impaciente, como cada sábado, y como cada sábado recuerda aquel lejano día que la conoció.
También era sábado, y ellos dos desconocidos viajeros en un tren que les llevaba a destinos distintos. Un café fue el pretexto para iniciar una charla que les hiciera más llevaderas las horas del viaje. El se quedaría en la estación apeadero de la localidad donde residía, y ella seguiría hasta otro lugar, del que no quiso hablar. Llegó el momento de despedirse… Con sólo mirarse a los ojos, decidieron que por una noche unirían sus destinos. Descendieron del tren en el solitario apeadero y, muy juntos para protegerse del frío, cogidos de la mano, esperaron para cruzar las vías a que el tren reanudara la marcha.
Como dos locos chiquillos, recorrieron el camino hasta llegar al viejo caserón que iba a ser testigo de su noche de amor. Hablaron sin parar, rieron, bailaron hasta caer rendidos y se amaron con pasión.
Sin ninguna promesa, sin decir su nombre; se fue. Sólo dejó un último beso en los labios del hombre que le había amado. El mismo tren que la trajo, se la llevo lejos.
El siguiente sábado, el hombre acudió a una cita; que no era. Esperó, sentado en el único banco del solitario apeadero, a que el tren de las 12 de la noche quisiera traer a su amada. Estaba seguro que la intensidad de sus deseos haría el milagro. A medida que los minutos pasaban, su corazón latía con más fuerza…
Rompió el silencio de la noche, el silbato que anunciaba que el tren estaba llegando. Apareció, majestuosa, la locomotora que enfiló las vías correspondientes al segundo andén. Esta situación impediría, al hombre, ver, mientras permaneciera el tren parado, si su amada acudía a una cita; que no era. Contuvo la respiración hasta quedarse sin aliento… La locomotora reanudo lentamente la marcha y los vagones, perezosos, se fueron desplazando a lo largo del andén, ampliando poco a poco el campo de visión.
No, no era una jugarreta de su mente. Una figura de mujer apareció, solitaria, muy quieta… ¡Ella estaba allí!
¡Lo estaba esperando!
Volvieron a ser, nuevamente, dos locos chiquillos. Hablaron, rieron, bailaron hasta caer rendidos y se amaron con pasión. Sin decir su nombre, sin ninguna promesa; ella se fue.
Cada sábado, él acudía a una cita; que no era; cada sábado, confiaba en la intensidad de sus deseos de tenerla; cada sábado, el corazón le latía con fuerza; cada sábado
cuando el silbato de la locomotora anunciaba la llegada del tren, contenía la respiración hasta quedarse sin aliento.
Y cada sábado, eran, nuevamente, dos locos chiquillos enamorados.
Un sábado, cuando la locomotora reanudo lentamente la marcha y los vagones, perezosos, se fueron desplazando del andén, ampliando poco a poco el campo de visión; éste apareció vacío. Ella, su amada, no acudió a una cita… que no era. La vuelta al viejo caserón, ya no fue una fiesta de locos chiquillos. Un hombre, abatido, con pasos vacilantes, hacía el camino.
Él siguió, cada sábado, acudiendo a una cita; que no era. Y cada sábado, después de que el tren abandonaba el vacío andén que denunciaba la ausencia de la amada, un hombre, abatido con pasos vacilantes, hacía el camino…




Toska
Como aún no me muevo bien por “los pasillos” de Falsaria, desde aquí ( no sé si es el sitio) les doy las gracias por haber leído mi trabajo a Beatriz y Eliza.
Saludos
Richard
Hola.
Antes que nada, bienvenida a Falsaria.
Con respecto a tu relato me pareció fantastico, las imagenes creadas son movilizadoras.
Si me lo permitís, creo que la narración necesita un poco mas de trabajo que seguramente lo conseguirás con el tiempo, como nos pasa a todos. Pero has transmitido una bella historia de amor y lograr esto es un paso importante.
Saludos y voto.
Toska
Richard, gracias por tu bienvenida y por el comentario sobre mi trabajo. Me anima a seguir.
Un saludo.
VOLIVAR
Toska, yo, asimismo, te felicito por ser parte de este grupo literario; te hago saber que tu texto tiene muy bonito estilo, y sólo espero que pronto pase a Portada lo que publicas. Mi voto y un saludo desde México
Jorge Martínez
Maria-Pilar
Gracia Jorge, saludos desde España.
VIMON
Felicitaciones, María-Pilar, por este bello y romántico texto. Te doy la bienvenida y te dejo mi voto y mis saludos.
Toska
Gracias VIMON, estoy feliz porque os he encontrado. Quiero ponerme al día y leeros a todos para ir conociéndoos, lo haré poco a poco.
Saludos.
Mabel
Muy buen relato, un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenida
Skuld
Muy buen relato. Un saludo y mi voto.