Notas Varias Acerca de “El Fiscal” de Augusto Roa Bastos

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Últimamente estuve leyendo la susodicha novela, y, aunque la relación con Roa Bastos comenzó tempestuosamente con la lectura de su novela “Hijo de Hombre” -Tal vez porque no la leí voluntariamente, sino como proyecto escolar- con un esfuerzo más que humano pude sobrepasar el estilo denso y abigarrado del máxime escritor paraguayo, y, contando tanto con eso como con mi buena predisposición, esta vez sí bajo propio consenso, esa sensación tan irrisoria de nunca acabar de leer verdaderamente un libro, es decir, con sus puntos y comas, subtextos, transtextos y paratextos -como los “palimpestos”, autodenominación de Roa Bastos dada a sus obras-, me he decidido a hacer un, si bien breve, análisis de algunas cuestiones que creo esenciales para la comprensión, si no total, al menos primordial de la obra. Con la posibilidad futura de inmiscuirme en un estudio un tanto más profundo y exhaustivo de la novela de Roa Bastos, El Supremo.

Félix Moral como prototipo del Superhombre Nietzscheano o El Mediodía Paraguayo: El Fiscal como recuerdo y comprobación permanente de un tiempo perpetuo.

En Félix Moral veo el reflejo malogrado, desvencijado a través del tiempo, del Fiscal de Sangre, el padre Fidel Maíz. En un rayo de comprensión casi divina me he dado cuenta en este preciso momento de la relación entre el aparentemente impropio título de la novela y su protagonista. Veo fuertes reminiscencias de filosofía nietzscheana en la actitud de Félix Moral, así como en Fidel Maíz. La sombra del autoproclamado anticristo perora como lo que es y quiso ser, un espíritu libre, a través de las páginas. Si bien el exilio interno al que está condenado Moral lo hace desapercibir su espíritu, todavía aferrado al terruño natal, es innegable la fuerza de atracción y de motivación que representa el deseo de por fin conseguir un legajo de redención a su país amado y maldito, condenado a un ouroboros de castigos presentes y perdones inexistentes. Sin embargo, cabe mencionar que por sobre todas las cosas prima su deseo de reconocimiento, su (auto)proclamación ansiada como un ser todo espíritu y conciencia. Dicho de otro modo, algo que, más allá del bien y del mal, pueda considerarse como una persona. Y en palabras de Nietzsche, nosotros sólo somos estadios temporales que forman un camino, y este camino no nos lleva a otra cosa que al superhombre, tan buscado pero nunca conseguido tanto en la realidad más pura como en la ficción más elevada que recorren las historias de nuestro país y de esta novela. Y así como el filósofo del mediodía, Moral comparte por este übermensch un amor dedicado a todo lo que acepta el milagro terrenal de llegar a ser lo que es, y destruirse a sí mismo sobre las cumbres de las montañas bañadas por las lágrimas del afligido sol en su cenit; roto el espíritu en la cumbre de su existencia por el relámpago que anuncia la luz del mañana, la luz que todavía no se descubre ante nuestros ojos.

Comentarios

  1. VOLIVAR

    1 febrero, 2014

    Nicolás Matías: un excelente análisis del pensamiento del escritor paraguayo Roa bastos. Mi voto y un saludo
    Jorge Martínez

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