Ambos, uno y cientos

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    falsaria1391607713Unknown

    Tener ojos no significa saber mirar. Ni mirar significa ver correctamente, ni inventar. Porque hay veces que nuestros ojos sienten algo que ha visto nuestro pecho antes de que ellos parpadearan. Porque a veces se yerguen castillos donde antes no había nada. Porque también se puede mirar con la piel y el aliento. Porque todo habla, y no solo escuchan los oídos. Escucha la sangre, escucha el latido. Y por más que se escucha y por más que se mira, uno se siente perdido.

    Perdidos andaban estos dos amantes; perdidos entre susurros, sudor y secretos escondidos. Fingiendo no sentir y fingiendo eludir respuestas a preguntas no mencionadas. Fingiendo conseguir metas no planteadas. Y huyendo de algo que el pecho gritaba.

    Gritó hasta aquella noche. Hasta aquella noche en que la luna se coló primero por la ventana, y después por la puerta entreabierta y se coló también el alma, que esperaba despierta. Esperaba a poder fundirse en otro cuerpo y respirar disfrutando del momento en que confesar hastiada, que estaba cansada de luchar. Cansada de evitar amar. Y entonces huyó. Se escabulló traviesa por las venas, erizó piel, agitó alientos y abrió piernas. Humedeció sexos, avivó besos y destruyó penas.

    Dos amantes enzarzados resolviendo un asunto aplazado mucho tiempo ha, se abandonaron a un beso eterno que aún no habrá de acabar. Ambos perdieron algo aquella noche. Algo se quedó en aquella cama. De algún modo, entre manos deseosas y caderas ansiosas sigue viva una llama.

    La luna arrojaba un reflejo azul sobre ambos, que se movían como uno y que se sentían como cientos. Como una manada de seres que pueden parar el viento. Y secretamente sintieron pena del resto. De aquellos que viven apartados de aquel momento y de aquel gesto. Un gesto que contemplaban complacidos y al que se entregaban como un río que sabe que irá a parar al mar. Y que sabe que nada puede hacer más que fluir y deambular. Y fluyendo y deambulando se dijeron los te quieros más sinceros que una boca puede mencionar. Porque aquella noche, sin duda alguna, se encuentra a salvo en algún lugar. Ese momento, por inolvidable, nunca se ha de olvidar.

    Comentarios

    1. Avatar de Manger

      Manger

      5 febrero, 2014

      Tremendamente sensual tu prosa poética. Mis felicitaciones, compañera Arlix. Un saludo y mi voto.

    2. Avatar de VIMON

      VIMON

      5 febrero, 2014

      Muy bello texto, Arlix, al que le dejo mi voto. Saludos.

    3. Avatar de Mabel

      Mabel

      5 febrero, 2014

      Me encanta, que belleza, un abrazo y mi voto desde Andalucía

    4. Avatar de

      VOLIVAR

      5 febrero, 2014

      Arlix; sensual, muy bello lo que nos has compartido. Mi voto y un saludo
      Jorge Martínez

    5. Avatar de Roberto_Garcia

      Roberto_Garcia

      5 febrero, 2014

      Bello texto. Me gustó desde la primera frase. Me gustó el fraseo con el que lo compusiste. Gracias por compartirlo.

    6. uxia

      7 febrero, 2014

      Es precioso, me encanta, escrito con mucho sentimiento. mi voto y felicitaciones

    7. Eloy

      7 febrero, 2014

      Precioso, excelente. Muy buena prosa. Felicitaciones. Mi voto para tí.

    8. Avatar de Senneth

      Senneth

      8 febrero, 2014

      Realmente escribes muy bien, que exquisito texto. Saludos

    9. Avatar de EstefanaJH

      EstefanaJH

      26 febrero, 2014

      Estoy de acuerdo con Senneth, escribes como si alcanzaras a comprender cosas que no ve el resto. Pareces bastante… extravagante, atrevida y genuina. Lo dice quien ha trabajado muchos años en esto, en el mundo editorial. Este texto me parece el mejor de los que tienes publicados aquí. En breves me pasaré por tu blog. No me prives de tus letras.
      Mucha pasión. Espero que estés enamorada, y que dediques a alguien algunas de estas magníficas palabras.

    10. Avatar de Patxi-Hinojosa

      Patxi-Hinojosa

      1 marzo, 2014

      ¡Sencillamente genial! No tengo palabras, todavía lo estoy digiriendo. Tienes mi voto y mi admiración. Y mi agradecimiento, por supuesto y como siempre.

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