Hablando hace poco con un par de mis más antiguas amigas, independiente una conversación de la otra pero ambas empezando con el mismo libreto, vino a mí una gran revelación como cada vez que hablo honestamente con ellas (una revelación que, como cada vez, olvidaré en una semana). Hace ya más de un año que me mudé de mi pueblo, y aun no logro imaginarme viviendo aquí como lo hacía allá; ya ni siquiera me agrada la mayoría de las personas que conozco y a decir verdad no tengo asuntos pendientes con él, pero aun no me acomodo en esta ciudad y siempre será más fácil maquillar el pasado que decirle “buenos días” a un presente recién levantado, y es por estar diciendo “buenos días” que terminé preguntándole a esas mujeres “¿Crees que estoy enamorado?”. La respuesta estaba en algún lugar de mi cabeza, eso lo sabía, pero, cuando mis múltiples voces se ponen de acuerdo en un punto tengo que recurrir a alguien para que me ayude a pensar claramente, por fortuna, la respuesta de ambas fue un concreto y ligeramente agresivo “NO”, sin contexto, sin escuchar, la situación les pareció absurda y desastrosa respectivamente, y, seamos honestos, la última vez que estuve en ese rodeo mis emociones me hacían vomitar (y perder la cabeza, pero vomitar de rabia es menos vergonzoso que lo demás, de veras) así que ni siquiera a mí me gustó contemplar la idea; ambas procedieron más o menos por la misma línea “¿No será que simplemente te sientes solo?”, una pregunta que me hizo considerar si siquiera me escuchan cuando les hablo ¡Por supuesto que me siento solo! Me he sentido solo por años, mucho antes de mudarme incluso, así que no es (enteramente) debido a eso, les expliqué el hecho de que la reina vampira es la conglomeración de la mayoría de mis gustos (aunque no tenga voz de cantante de bossa nova como lo imaginé la primera vez que la vi, hace ya unos cuantos años), y que de las mujeres relevantes por estos días en mi vida, ella tiene la única nariz que me gustaría besar; una vez dicho eso se empiezan a diferenciar mucho las conversaciones con ambas, mientras una dice “Oh…wow… estás jodido” la otra insiste en que sólo se trata de mi soledad y mi amor por el pueblo combinados en una persona; las discusiones se prolongaron un rato, una alrededor de veinte minutos al teléfono y la otra por un buen rato de Face chat, pero mientras más preguntas respondía, y más obstáculos argumentales superaba, más borrosa se hacía para mí mi situación y mis anhelos. Al final del día, terminé entendiendo que sólo quedaba una cosa por hacer, y era correr lo más pronto posible al ruedo y averiguar si cuando la miro a su pálido rostro de porcelana me veo a mi, al pueblo, o a ella, y si lo que quiero es dedicarle canciones sobre ir a la playa a las cuatro de la mañana o llegar de viaje a las cuatro de la mañana cada lunes con tal de verla.
El niño fisión seguirá quejándose.


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