Hola mi amor…

Escrito por
| 164 | 8 Comentarios

Madrid, 20 Mayo del 2000.

Hola mi amor:

Llevo mucho tiempo queriendo escribirte, pero siempre lo dejo, pensando que no valdrá la pena, que todo terminó. Después miro tu foto, ya desgastada de tanto acariciarla, y tu mirada me persigue allí donde vaya. No me encuentro en paz en ningún lugar. En el bar los amigos me invitan a copas esperando que olvide, pero no lo consigo. Tu mirada me escruta desde otro lugar y yo la busco, esperando encontrar el amor que perdí.

Me casé con una buena mujer. Fue un error pero la quise. A ti te amé. Ella ya no está, pero tú sí. Deberías haber sido la que compartiera mi vida y no ella. Os fallé a las dos y me arrepiento.

Pero nunca es tarde, me lo ha dicho el doctor. Y tiene razón, porque comenzamos una vida que interrumpimos, ahora no hay nada que nos impida terminarla. Dentro de una semana me llevarán contigo y deseo que me reconozcas cuando me veas. Sé que han pasado muchos años, pero yo, cuando me miró en el espejo, veo a un joven de 24 años, con pelo lacio y cuerpo desgarbado. Sé que no estarás igual, pero también te veré como la joven de 20 años que comía helados sin parar y me contagiaba su risa.

Ayer, cuando fui a despedirme de mis compañeros de taberna, no podían creer que te hubiera encontrado, después de dos guerras y tanto viajar. Después de luchar tanto por el mundo. De querer, casarme, trabajar, tener hijos; cuando sólo me quedaba esperar sentado y en paz a que el final viniera por mí, te encontré, mi primer amor, el que debió estar conmigo, el que estuvo en mi pensamiento durante 70 años (con perdón de mi esposa). Y quiero contarte como ocurrió:

Era una de esas tardes doradas y calientes del sur de Andalucía. Me apeteció, por una vez, dar un largo paseo hasta el Castillo, ¿te acuerdas?, como hacíamos nosotros cuando nos conocimos. Mis amigos se enfadaron porque falté a la partida, pero mi alma pedía paz ese día, el médico no me había dado una buena noticia y quería pensar. Al llegar al final del camino, cosa que no creía que pudiera hacer, una buena mujer me dejó su asiento en uno de los bancos, porque los demás estaban llenos de jóvenes bebiendo y escuchando música. Me dijo que ella subía también a veces, cuando venía en primavera, porque era la época más bonita. Le gustaba contemplar los campos llenos de amapolas y jaramagos en aquella época. Se llamaba Celia y vivía en Madrid, pero venía de vez en cuando al pueblo donde creció su madre. Me habló de ella, alabó su cabellera pelirroja, las mejillas sonrosadas y los ojos verdes, que no había heredado. El corazón me dio un vuelco, porque te estaba describiendo a ti. Se llama Lourdes, me dijo. Entonces lloré, lloré como un niño, Lourdes; tanto, que Celia me tuvo que llevar a casa. Allí le conté nuestro amor, nuestra separación durante la guerra. Le dije que te busqué cuando volví durante dos años, pero que nada conseguí.

Ella me dijo que vuestra familia se fue al norte, a buscar trabajo, que te casaste y tras treinta años de matrimonio, te separaste, que ahora estabas en una residencia, ¿quieres que le diga algo? me dijo. Pero yo sólo le pedí la dirección y aquí estoy, enviándote la última carta, porque ya no habrá más. La próxima vez que me veas, estaré contigo, cogidos de la mano, sentados en el salón, esperando a que sirvan la cena. Sé que no recuerdas nada con claridad, esta enfermedad es así. Tu hija me dijo que no la reconocías a ella, ni a sus nietos, que sólo repites un nombre: Sebastián. Mi amor, yo también repito un nombre desde que nos separamos, el tuyo.

Por eso te escribo esta carta, te la leerán antes de que yo llegue. Celia me pidió que enviara un mail a la enfermera, que ella lo leería, que total, no ibas a saber si iba en papel o no, porque ya no distinguías. Pero yo creo que sí, porque has borrado muchos años de tu vida excepto los que nosotros vivimos. Por eso quiero que recibas la carta personalmente, que te ayuden a rasgar el sobre, que toques los bordes y acaricies el papel.

Pronto seremos, de nuevo, los dos, Sebastián y Lourdes. Comenzamos la vida juntos y la terminaremos también juntos. Me queda la última revisión que tengo en esta tierra y que será la última de mi vida, ya te lo explicaré, sé que lo entenderás. Ya no me sirven de nada las terapias ni las agujas.

No me despido, porque esto es un reencuentro para la eternidad.

Un beso, mi amor.

Sebastián.

 

Comentarios

  1. Roberto_Garcia

    14 febrero, 2014

    Excelente cuento. Transmites muy bien el amor de estas personas, la resignación, el cariño, el paso del tiempo, los recuerdos y el olvido. Me gustó mucho. Felicidades.

  2. Mabel

    14 febrero, 2014

    Es extraordinario el cuento, me ha emocionado mucho, un abrazo y mi voto

    • Elisa

      15 febrero, 2014

      Muchas gracias. Saludos desde Madrid.

  3. The geezer

    1 noviembre, 2018

    Leo esta historia 4 años después de su publicación. No sé si su autora lo sabrá alguna vez, pero a mí me ha enternecido muchísimo (¿quizá me resuene personal?) Por lo que, como el señor de la carta, le doy mi voto un poco tarde, pero se lo doy jaja. Y escribo esto en el viento cibernético…

  4. Elisa

    12 diciembre, 2019

    Muchas gracias, geezer, por tu voto. Ahora no estoy activa en esta red, pero lo agradezco muchísimo.

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas