Se despereza con el fluir suave del viento, de las esencias de la vida misma. Se despreocupa, se entrelaza en una aborrecible sombra de transición que ni las venas propias, ni las venas de los de sus venas anhelan abarcar entender. Como todas las fabulas en vida, su cometido es siempre el contrario a la lógica: Si el peldaño está un poco saliente muy malo tiene que ser albañil que no hace su trabajo, si la mirada se desvía de la percepción, mucho dolor desengrana de los pensamientos ajenos (y eso sin entender del todo la palabra ajeno, porque ¿cómo me puede ser ajeno algo que comparte mi mismo espacio-tiempo, dándose una lucha superviviente por el mismo oxigeno respirable?), si el chasquido del dedo índice no deja pie a indicar más, si el respirar se convierte motivación, siendo a duras penas por esforzar, si el cruce de ideas se convierte en atasco de siniestro, si el paso de cebra es una alternancia de nubes y claros, si el musculo devuelve a la calle lo reciproco, si…
Y si en todo ese devenir de banalidades exorcizadas se caga en dios y en todos los muertos de algún transeúnte no será muy difícil el poder cuestionarse las tribulaciones que determinan una existencia.
Pero un freno, es un freno. Cuando lo desentendido se vuelve fraterno las circunstancias concomitantes vuelan inexorables a una calma caotica, a una ansiedad sedada, de esas de que si te veo, no me acuerdo y aunque me acordara no te recordaría. Es esa estabilidad deseada de sentir, de comprender en rededor con una parsimoniosa lectura de contextos. Y como se debe vivir “para a fuera” y no “para a dentro” la memoria queda bifurcada y solo queda fijarse en cómo se entrelazan las arterias para conseguir que no se catalogue clínicamente muerto en vida.
Una corriente de viento se cruza de nuevo y es más nebulosa que nunca. Su frio y enaltecedor manto arropa la vergüenza y otorga intimidad. Se escucha que se acerca el invierno, y esta gente debe saber de lo que habla. Eso está bien, mientras quede frío, quedan ideas firmes, queda la concentración de los sin sol, queda (quizás) gatos negros, y perros lobo, queda olor a madera personalizada y a continuación de canciones: queda hogar, y mientras quede hogar, queda vida.


VOLIVAR
Purella: con una palabra se califica tu texto: maravilloso.
Te felicito, mi voto un saludo desde México
Jorge Martínez
Purrela
te lo agradezco jorge!
Mariano
Hola Purrela. Muy buen texto, poco hay para agregar a lo expresado por Jorge. Saludos. Mariano Nívoli.