Doreen y Roch llevaban como un año juntos. Se veían casi todos los días de la semana. En el gimnasio, con guantes de boxeo. Ella descargaba toda su rabia acumulada contra él. Sus problemas, sus miedos, sus odios… todo lo pasaba a Roch. Éste raramente contrarrestaba los golpes, ya que la diferencia de peso podría herirla, siendo el impacto sobre ella el doble de fuerte, cual péndulo que va y vuelve por la inercia. Cuando terminaban la pelea, ella se quitaba los guantes, lo agarraba, lo abrazaba con fuerza y volvía la normalidad.
Después de cada sesión, ella quedaba desahogada, sus problemas los guardaba Roch en sus adentros. Él sólo recibía los golpes y dejaba que ella se tranquilizase, pese a que cada vez estaría más dolorido. Supongo que así debía ser, puesto que él sabía el daño que podía hacerle a Doreen respondiendo lo más mínimo.
Y así vivían día tras día. Ella le pasaba los problemas a él, y éste se las arreglaba para digerirlos por su cuenta. Era su particular relación. ¿Injusto? Da igual, mañana será un nuevo día y Doreen volverá al gimnasio, se pondrá los guantes y descargará su ira contra ese saco de boxeo que tanto ama, al que hasta le puso nombre. Ese saco que tiene que pasar las noches en soledad y a oscuras, en un gimnasio completamente vacío y apagado.

español/peruano
Muy curioso tu relato. Me parece interesante. Te doy mi voto y mi saludo desde Perú.
Alberto Casado
Manger
Bien, amigo Markus. Buen micro con sorpresa final, como debe ser. Mis saludos y mi voto.
VOLIVAR
Markus, extraño texto, en verdad, pero excelente. Te felicito. Mi voto y un saludo
Jorge Martínez