Cae la noche, y el malabarista Alverick despunta con entusiasmo rumbo a la ciudad. Bajo los destellos de los faros, las bocinas de los autos y los colores del semáforo el joven de dieciocho años ejecuta su ritual: Malabares con fuego. Es un joven plagado de ilusiones, un verdadero prodigio con las cariocas con fuego, ¡Y que sueña con fundar un circo! Y engalanar a su pueblo con espectáculos urbanos, conquistar la calle para sembrarla con arte, cultura y recreación.
Pero la gente vaga en la ciudad como perros esclavos, autómatas sin voluntad propia, como zombis hambrientos carentes de alma que pretenden devorarse la vida. Que solo piensan en consumirlo todo hasta sentirse llenos. Pues aborrecen cualquier atisbo de imaginación o creatividad, cualquier suspiro de magia o ingenuidad. Rechazando a todo ser que no se parezca al resto, a todo aquel que nade contra la corriente que los arrastra. Por ende, al verlo jugar en un semáforo se burlan del joven, le gritan, ¡eructan desprecio! Alverick intenta en vano dibujarles su sueño pero las personas no entienden sino se les habla sobre dinero. Alverick se ha dado cuenta que en un mundo capitalista no hay espacio para la fantasía. Alverick desgastas sus fuerzas bañado en sudor. La frustración apuñala los latidos de su corazón. Cansado, se marcha sin mirar atrás.
¡Ahora el sueño del Alverick se ha convertido en su entierro! Porque es una pesadilla que mutila los mejores años de su vida. Alverick, triste, vaga por la noche en compañía de una botella de ron. Confundido por los efectos etílicos contempla las calles a su alrededor y vislumbra un mismo patrón que rige las vidas de su ciudad; ropa de marca estampada por los tentáculos de la publicidad, plata en cantidad, celulares de última generación, bancos y cajeros automáticos, joyas para engalanar los egos, discotecas de moda, whisky etiqueta negra, hoteles de lujo, automóviles último modelo, y un sin fin de conceptos modernos englobados en una sola afirmación: “Dime cuanto posees y te diré cuanto vales”. Alverick entiende que en el mundo contemporáneo su causa no es bienvenida.
-¿De qué sirve tener un don en el que nadie cree, un talento por el que nadie aplaude?
Alverick llega al cementerio más vetusto, oscuro y desolado. Allí no hay cuervos ni matorrales, ni velas encendidas ni flores marchitadas; ni siquiera los fantasmas se atreven a salir de sus tumbas. Se ha despertado la madrugada y un joven alcoholizado ha venido para ataviar a la muerte con sus habilidades en el arte de jugar con fuego. Ejecuta sus movimientos con delirante pasión, con malabares precisos y elegantes, dibujando en aquellos sombríos parajes veloces círculos de fuego. Retumban los ecos de las ondas de fuego que pulveriza el aire bajo una fantástica sinfonía que funde la física y la gravedad con la termodinámica. La oscuridad se inclina ante la danza abismal del fuego impulsada por un joven que ha perdido la fe en la humanidad.
De pronto, Alverick detiene su danza abismal. Se queda impactado contemplando el paisaje mientras se apagan las llamas de sus cariocas. Está rodeado por un millar de cuerpos putrefactos que lo observan fijamente. Son los difuntos del camposanto que por su culpa han despertado. Han escuchado las llamaradas de fuego de un malabarista solitario. Alverick los ve asombrado, exhala aire congelado, se ha quedado mudo. Pero pronto su silencio es arrancado. Los muertos comienzan a aplaudir su acto, a gritar consignas de encanto fascinados por el espectáculo. Alverick sonríe, al fin ha escuchado un aplauso…
Los muertos felicitan a Alverick, lo abrazan y lo invitan a largarse con ellos directo a sus tumbas. Alverick deja caer unas lágrimas de dicha, pues al fin es valorado su esfuerzo. Los muertos han brindado los aplausos que los vivos le negaron.
Alverick duda unos cuantos segundos. Piensa en la vida y piensa en la muerte y en las cosas que ambas pueden ofrecerle. Lanza una mirada lúgubre a las luces lejanas de la ciudad. Entonces, una joven difunta se le acerca; es una muerta que adorna sus muñecas con las marcas del suicidio; ella, acaricia las manos del joven malabarista, le regala un dulce beso en la mejilla y le sonríe. Alverick comprenden que la magia que él tanto anhela, que la auténtica dulzura y bondad de la humanidad no se halla en los vivos sino en los muertos. Alverick abraza al joven cadáver de la difunta y se va junto a ella a su tumba. Adentrándose en lo profundo del más allá.
Una semana después todos los diarios del país son sacudidos por la misma noticia. Un horrible suceso es explotado hasta saciar los pervertidos apetitos de la sociedad. Las imágenes de la prensa resuenan en la web, pronto el nombre y apellido de Alverick se escucha en las bocas que tanto se rehusaron pronunciarlo. Pues su cadáver fue encontrado completamente calcinado sobre la tumba de una muchacha que se suicidó recientemente. La tormenta de rumores y suposiciones no se hace esperar: que si eran amantes, que si Alverick fue el culpable de que la muchacha se suicidara y no aguanto la culpa, que si ambos pactaron suicidarse de esa manera, etc etc etc… El país se inventó una telenovela de la cual nunca se sabrá la verdadera fuente de su final. Lo cierto es que la causa real de que Alverick se suicidara quemándose vivo, los vivos por siempre la ignoraran…
Ahora, años después de la tragedia aquel cementerio es temido no por su soledad, sino porque durante la madrugada se escuchan atronadores aplausos salir de allá. Hay quienes aseguran escuchar risas y gritos festivos, además de ver a lo lejos luces que iluminan su rotunda oscuridad, como llamaradas de fuego que soplan un aire de calidez. Pero nadie se atreve a penetrar los solitarios parajes donde supuestamente ronda el fantasma del malabarista. Desde entonces aquel lugar es llamado “El circo de los muertos”


VIMON
Excelente relato, Erickzen, aunque tiene por ahí algunos errorcillos de dedo y problemas de puntuación. Te dejo, sin embargo, mi voto, porque el tema es original y está bien tratado. Saludos.
Erickzen
Gracias. La ilustración es de Erickzon Ludewig.
VOLIVAR
Erickzen: muy buen micro. Te felicito. Un saludo desde México, y va mi voto.
Jorge Martínez
Erickzen
Gracias.
Agaes
Hola!!! la interpretación del doble sentido y el rechazo de una sociedad que no vas allá de sus horarios creo que están muy bien acentuados. Si era lo que pretendías, fantástico. Mi voto y mis ánimos para que sigas escribiendo!!!!
Erickzen
Gracias amigo Agaes. Lo entendiste a la perfección. Te invito, si tienes tiempo libre a que le eches una ojeada a otros escritos que tengo en mi cuenta Erickzen. Saludos desde Venezuela…
Asunfer
Muy buen relato, enlazas con maestría las reflexiones con la ambientación y el desarrollo de la historia, aparte de que el final es tan cierto… es increíble que brillen las noticias escatológicas sobre personajes intrascendentes y vacuos, en vez del talento de muchos jóvenes. Me has recordado, por cierto, una rima que tenía que cambiar en un poema… ‘y los funambulistas, mendigan malabares en los parkings…’ Un saludo.
Erickzen
Gracias Asunfer, tus palabras me llenan de satisfacción. Espero leer pronto ese poema… Un saludo.