¿Y si exprimimos un corazón?

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    - ¿Qué piensas? Pareces la escritora de esa peli que te gusta tanto. Nunca me acuerdo de cómo se llama.

    - ¿Virginia Woolf?

    - Esa. Pues ahí sentada, tan callada y concentrada, me recuerdas a ella. Solamente te falta el cigarrillo. De esos de liar. Seguro que estás pensando en escribir. Tienes esa cara.

    Inés se incorpora en la silla y se acerca a él levantando las cejas. Una mueca de curiosidad se dibuja en su rostro.

    - ¿Qué cara?- pregunta sonriendo.

    - La cara que se te pone cuando andas dando vueltas a un relato. Es esa cara que pones. Tu cara de escribir.

    - ¿Mi cara de escribir? Vaya, me gusta eso. Pero ¿cómo es, cómo me pongo?

    - No sé. Así- dice Sergio señalándola.- Como pensativa, como si miraras sin ver.

    - ¿Y si te miro así? ¿Qué me dices?- le susurra picarona.

    - Entonces te digo que nos vamos para casa ¡ya!

    - Estás fatal.

    - Estoy fatal, si. Por tu culpa.

    - Con lo buena que yo soy, por favor. No es culpa mía que estés perdidamente enamorado de mí. Es mi sex appeal natural- le dice con un guiño de ojos-. Pero tienes razón. Estoy pensando en algo.

    Sergio se levanta de la silla arqueando la espalda para acercarse a ella. Le da un beso en los labios y, de inmediato, alarga los brazos por encima de su cabeza, moviendo los dedos con rapidez. A Inés se le antoja que está imitando a un mago o algo parecido.

    - ¿Qué haces ahora? ¿Intentas convertirme en un conejo o qué?-le pregunta divertida.

    ¡No hago magia! Está lloviendo ¿no lo ves? Te llueven las palabras. Llueven, llueven- susurra sin dejar de mover los dedos.

    - Va, no seas tonto.

    - Pero si es verdad. Las veo como en subtítulos. Te flotan alrededor.

    - ¿Y qué dicen, esas palabras? ¿Puedes leerlas?

    - ¡No! Entonces todo perdería su misterio. Tú eres quien las ordena.

    Inés apoya la espalda en la silla. El sol le toca de pleno y levanta la barbilla, cerrando los ojos y suspirando de satisfacción.

    Es un domingo cualquiera. Uno de esos en que salen a pasear y a tomar un vermutito en alguna terraza. Ella lee el suplemento del periódico. Se empapa con las novedades que encuentra en las páginas de literatura y ojea, de pasada, el resto de la revista. Sergio se distrae mirando las crónicas deportivas.

    Es como un ritual dominguero. Pero esta mañana, Inés está pensativa. Parece estar preocupada por algo.

    - ¿Te pido otra cañita, guapa?

    - Si. Y pide unas patatas o algo. Tengo gusa.

    - ¿Gusa? ¿Qué es eso de gusa?

    - Pues eso. Gusa. Ganas de picar algo. No sé. No irás a decirme que nunca has oído esa palabra.

    - Pues sí. Te lo digo. Es la primera vez que la oigo. Gusa, gusa- repite una y otra vez mientras se levanta y se acerca a la barra.

    Sergio vuelve hacia la mesa haciendo malabares con dos copas de cerveza y una bolsa de patatas fritas. Inés le mira divertida por la situación y justo antes de que él se siente, le pregunta:

    - ¿Y si exprimimos un corazón?

    - ¿Qué, qué dices? ¿Es el título de otro relato? Si ya lo decía yo.

    - ¿Qué crees que pasaría si cogieras un corazón y lo exprimieras como a un limón?

    - Pues no sé. Supongo que saldría sangre por todos lados ¡Qué asco! Vaya ideas tienes…

    - No. No me entiendes. No me refiero a eso. Se trata de sentimientos, más bien.

    - No creo que si exprimieras un corazón, fuesen cayendo los sentimientos en un vaso, así como a gotas. Lo que caería sería sangre.

    - Va, ya sabes a lo que me refiero. Pásame un cigarrillo. Estoy hablando en plan metafórico, o llámalo como quieras. Imagina que coges el corazón de una persona y lo exprimes ¿Qué crees que pasaría? ¿Qué forma le darías a los sentimientos?

    - Mmmm, pues no sé. Supongo que más que formas… quizás colores ¿no? Yo creo que los sentimientos son como de color.

    - ¿Rojo para el amor y verde para el deseo, por ejemplo?

    - Bueno, rojo para el amor, sí. Pero verde para el deseo…no sé. No sé de qué color es el deseo.

    Inés da un sorbo a la cerveza y coge una patata. La mordisquea un poco, sin apartar los ojos de él.

    - ¿Qué color ves cuando estás conmigo?

    - Azul.

    - Azul- repite ella-. Entonces el deseo es ¿azul?

    - No, yo no he dicho eso.

    - Entonces no me deseas…

    - Buah… no me líes. Yo no he dicho eso- se defiende Sergio, levantando las palmas de las manos, como pidiendo calma-. Sólo he dicho que para mí, tú eres azul. Será por tus ojos. Me estoy poniendo nervioso- susurra.

    Inés se ríe y se acerca a la mesa para cogerle la mano.

    - Venga, va. No te pongas así. Sabes que me encanta meterme contigo. Ya sabes que, a veces, no veo las cosas como el resto de la gente y me pongo en plan filosófico. Yo veo historias por todos lados. No puedo evitarlo. A veces me gustaría que no me pasara, de verdad. No me gusta tener esta necesidad constante de entender todo lo que veo o lo que oigo o lo que siento, para luego escribir. Es agotador- suspira Inés.- Hasta que no tengo una idea exacta de algo, no puedo escribirlo. No sé si me entiendes.

    - Pues más o menos.

    - Mira, cuando el 11S, por ejemplo. Veía por la tele la caída de las torres gemelas y aún y saber que eran de una altitud tan inmensa, no me hacía la idea de lo trágico que fue. O cuando hablan de miles y miles de personas que van a un concierto o a un partido; me cuesta imaginarme esas cantidades de gente sin verlas. Me pierdo. No sé si me entiendes. Igual no me explico bien.

    - Sí, sí que lo entiendo. Es como si necesitaras comprobar algo antes de escribirlo.

    - Exacto, sí. Eso me pasa.

    - Quizá por eso escribes sobre las cosas que te pasan. Sobre lo que has vivido.

    - Muchas sí, pero no todas. Esa es otra- dice Inés con una mueca de fastidio.- Mis amigas siempre me lo dicen. Que si qué bonito lo del relato ese, que si esto que si lo otro. Y yo les digo que no es cierto. Que no me ha pasado. Y ellas dale que dale.

    - Pero no todo es falso- puntualiza Sergio con cierto rintintín en su voz- ¿no?

    - ¡Ni cierto!- contesta Inés un poco molesta.

    Sergio la mira y sonríe al ver esa cara de niña enfadada que pone. Es el mismo gesto de fastidio que tenía en la cola de aquella pastelería donde la conoció.

    - ¿Y ahora de qué te ríes?- le pregunta Inés sin poder evitar reír también.

    - De nada, estaba pensando en cuando te vi en aquella tienda. Tenías una cara de fastidio como ahora. Me enamoré al instante. Fue un flechazo.

    - ¡No es verdad!- le reprocha Inés. – No es así como te enamoraste de mí. Si que olvidas rápido las cosas, tú. Eso no es lo que me dices otras veces.

    - ¿Lo sabré yo, como fue?- se defiende Sergio.

    - Pues no, no lo sabes o no lo recuerdas ¡no puedo creerlo!

    - ¿Y qué te digo otras veces?

    - Pues que no sabes si fueron mis relatos o yo misma ¿te acuerdas?

    - Bueno sí. Vale. Pero más o menos, es lo mismo.

    - ¡No, no lo es!

    - Vale, no lo es.

    - ¡No hagas eso! ¡No me des la razón como a los locos!

    - ¡Pero si no lo hago! Es verdad, que lo dije. Y es cierto, sí. Leía todos esos relatos tan duros algunos y tan emocionantes otros… y sentía la necesidad como de compartir todo eso contigo. Y luego, pues todo fue viniendo. No sé. Perdona, no te enfades.

    Inés le mira con los ojos a punto de desbordarse y una ligera mueca de reproche.

    - No pasa nada. Perdóname tú. Me he puesto un poco tonta - dice Inés levantándose de la silla.- ¿Nos vamos a casa?

    - Sí, empiezo a tener hambre – contesta Sergio poniéndose en pie.

    - Pues pasamos por la tienda esa de comida preparada y compramos algo. No me apetece cocinar ¿te parece?

    - Sí, claro. Y después una siestecita ¿no?

    - Bueno. No sé. Ya sabes que yo no soy mucho de siestas, pero seguro que encuentro algo en lo que entretenerme – contesta mirándole fijamente.

    Sergio sonríe ante la mirada de Inés. No sabe bien cómo interpretar sus palabras. Quizá, al fin y al cabo, él tampoco duerma la siesta.Siente como un escalofrío de excitación le recorre la espalda. La abraza pasándole el brazo por encima de los hombros y se alejan, sin prisas, hacia casa.

     

    Inés se despierta algo mareada. No sabe cuánto rato lleva dormida y apenas recuerda nada de lo sucedido desde que volvieron del bar.Parpadea varias veces buscando la manera de aclararse la vista.Todo parece borroso y la habitación, apenas iluminada con el reflejo anaranjado que entra por las farolas de la calle, se le antoja diferente.

    - ¿Qué, qué ha pasado? ¿Sergio? ¿Sergio?

    Todo está en silencio. Sergio no contesta e Inés, cada vez más confusa, se levanta de la cama apoyándose en la mesilla de noche. La cabeza le da vueltas y a penas puede mantenerse en pie. Ayudándose de los muebles y de las paredes, se dirige al salón.

    El televisor está encendido con el volumen al mínimo. No acierta a ver más que reflejos de luces azuladas y sombras alrededor de la pantalla.

    - ¿Sergio, donde estás?

    Nota algo húmedo en la planta de los pies y los levanta, en un acto reflejo, echándose hacia atrás y mirando al suelo. Unas manchas oscuras se extienden por el pasillo. Inés se lleva las manos a la boca.

    - Pero…¿qué, qué es esto? ¿Qué ha pasado? ¡Sergio! ¡Sergio!

    Casi sin poder mantener el equilibrio y apoyándose en la pared, se dirige a la cocina. Entonces ve las manchas oscuras que llenan las paredes del pasillo, justo a la altura de sus manos.

    - Sangre ¡es sangre! - susurra asustada- ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué es esto? ¡Sergio, por favor! ¡Sergio! ¿Dónde estás?

    Inés intenta caminar, pero se resbala y cae de bruces en el suelo.Está aterrorizada y siente un frío extremo que le cala hasta los huesos. Todo su cuerpo tiembla y apenas puede pensar con claridad.

    Medio arrastrándose, aguantando las arcadas que le produce el olor de la sangre e intentando recuperar el equilibrio, llega hasta la puerta de la cocina. Todo está oscuro y aunque le horroriza la idea, sabe que tiene que encender la luz.

    Apoya las manos en el marco de la puerta y despacio, consigue levantarse y alargar su mano temblorosa hasta el interruptor. En mitad de un silencio helado, solo acierta a oír los rápidos bufidos de su respiración entrecortada.

    Paralizada por el miedo, con la boca seca y el cuerpo entumecido, enciende la luz.

    Un grito desgarrador resuena en todo el edificio.

    Cae de rodillas al suelo y contempla, atónita, el cuerpo de Sergio tirado en el suelo. Se arrastra hasta él y, entre sollozos, grita su nombre una y otra vez.

    Le toca la cara y le habla pidiéndole que despierte, que le diga algo, pero Sergio no responde. Su cuerpo, inmóvil y helado, yace en mitad de un charco de sangre. Inés le mueve la cabeza de un lado a otro sin dejar de decir su nombre y aparta la mano tapándose la boca para ahogar otro grito, al contemplar el corte que le atraviesa el pecho, a la altura del corazón.

    - Dios mío ¿qué he hecho, qué he hecho? Sergio. Yo… yo no quería…yo…

    Inés se mira las manos y mira a su alrededor. Ve un cuchillo y un poco más allá, una especie de trozo de carne ensangrentado que cuelga dentro de un vaso lleno de sangre.

     

    Comentarios

    1. Avatar de VOLIVAR

      VOLIVAR

      6 febrero, 2014

      Carmen, te felicito por el texto: lo inicias con gran naturalidad hablando de explirir el corazón para saber de qué color son los sentimientos, para, de pronto dejarnos ir en una vorágine de terribles sucesos.
      MI voto y un saludo desde México
      Jorge Martínez

      • Avatar de Carmen

        Carmen

        6 febrero, 2014

        Gracias, amigo! Estoy intentando escribir relatos más largos y dejar un poco el micro y el relato corto. Aunque no dejaré de escribirlos, por supuesto. Soy consciente que tengo mucho por aprender. Estoy en ello! Muchas gracias por tus palabras, siempre tan alentadoras. Un abrazo!

    2. ezbaide ochoa

      6 febrero, 2014

      Muchas felicidades he leido muchos relatos tuyos a ser sincera no todos pero este me dejo perpleja tienes k hacer segunda parte no??? No puedes dejarnos asi!!! Jejejee que orgullo ser tu amiga te felicito gran escritora!

      • Avatar de Carmen

        Carmen

        6 febrero, 2014

        Gracias Ezbaide! Qué bien verte por aquí. En esta página encontrarás muchos más relatos! Ándale y lee los que quieras! Un besazo!

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