El perfume y la piedra

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El viejo cerró el almacén pasadas las siete como de costumbre. Acomodó los enseres del mostrador y fue apagando las luces una a una. Se sacó el delantal de despacho, prolijo pero antiguo como su propia historia, lo dobló pacientemente y lo dejó encima de una silla. Salió por la puerta trasera para trabar la reja y cerrar con llave. Hacía un frío que calaba los huesos por lo que se levantó las solapas del saco y ajustó su gorro.

Haciendo las cuentas, llegó a este pueblo hacía cuarenta y nueve años, por lo que repetía esta rutina en más de dos tercios de su vida. La ruta a su casa era una calle polvorienta que distaba unas tres cuadras. Las casas bajas mostraban ya sus tenues luces y en las ventanas se intuían las escenas familiares de los hombres llegando y las mujeres esperando para servir la cena. Algún perro le ladraba en su camino pero a esta altura hasta ellos lo conocían y tras olerlo le movían la cola.

Llegó a la pequeña casa blanca de rejas algo oxidadas y el frente un poco descuidado. Ya no tenía la energía de pintar cada año y la fachada pedía un mayor cuidado. Entró a la pequeña sala, prendió la luz y un gato comenzó a desperezarse en un sillón. Era Mino, su única mascota que lento vino a frotársele en la botamanga ronroneando. El animalito ya tenía una edad similar al viejo, haciendo la conversión años gato-hombre.

Sacó de la heladera un poco de fiambre para prepararse un sándwich. Prendió la radio y se sirvió un vaso de vino tinto, fue dando algunos bocados mientras escuchaba las noticias. Pasadas las nueve subió las escaleras y se sacó la ropa que acomodó cuidadosamente en la percha. Se puso un raido pijama y se sentó en la cama, le dio cuerda al reloj despertador, puesto a sonar a las seis. En la mesa de noche estaba la foto. El y Matilde sonriendo con las montañas de fondo, mostraban una felicidad que creían eterna. Acarició la foto, la volvió a colocarla en su lugar y se acostó.

El vino y el cansancio lo sumergieron en un rápido y profundo sueño. Tenía veinte años y corría por un campo verde, el aire atiborraba sus pulmones de energía, corría y en el fondo se vislumbraba la figura de ella, esperándolo bajo un árbol. Finalmente llegaba a su encuentro y la veía espléndida, con una sonrisa rozagante, feliz de verlo llegar. Se besaban y ella le mostraba su mano cerrada que al abrirla descubría una pequeña piedra azul, la cual brillaba intensamente. Ella hacía el gesto de guardar silencio con su dedo cruzando sus labios. De la luz de la piedra emanaban figuras mágicas, soldados, bailarinas, elefantes, tigres, estrellas… todos en un círculo danzante que no paraba de moverse. El tomaba la piedra en su mano y sostenía ese desfile etéreo que se sostenía tan solo por sus miradas. De pronto escucharon un grito, era el padre de ella la llamaba pronto, sabían que su tiempo por ese día había terminado. Ella guardó rápido la piedra en el bolsillo de la pollera, lo besó en la frente y salió corriendo. El quedó ahí parado, sintiendo todavía el perfume de ella flotando en el aire.

El despertador sonó ruidoso como cada mañana. Sabiéndose de regreso, hizo fuerza por seguir sintiendo ese perfume que se había desvanecido inevitablemente. Fue al baño, se duchó, se vistió lentamente y al bajar las escaleras ya lo esperaba el gato por su ración de leche. Desayuno un café con pan. Se puso el abrigo y el gorro y se dispuso a salir. Al abrir la puerta de la casa, vio que justo en el recibidor algo brillaba en el piso, creyó que era una moneda y al acercarse vio que era una pequeña piedra azul, que emitía una luz intensa, a la vez comenzó a percibir una fragancia, un perfume conocido. Sintió una dulce voz que le decía: “Es hora” y cayó al piso, con los ojos ya cerrados y una sonrisa.

Comentarios

  1. Imagen de perfil de

    VOLIVAR

    5 marzo, 2014

    Maxriel: un cuento excelente… el ordinario desarrollo de la vida y su final, en este caso feliz. Mi voto y un saludo desde Méxic
    Jorge Martínez

    • Imagen de perfil de Maxriel

      Maxriel

      5 marzo, 2014

      Gracias por el comentario Jorge, Saludos desde Argentina!

  2. alejandra

    5 marzo, 2014

    Buenísimo!!! atrapante y sutil…

  3. Imagen de perfil de Rose

    Rose

    8 abril, 2014

    Hermoso relato, mi voto y un saludo desde Costa Rica

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