Ojo por ojo

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-¡Hummm……pero que bien dormí, hace años que no duermo tan plácidamente!- dijo Carolina en voz alta.

-Voy a levantarme ya, así soy la primera en darme un buen baño, reconozco cuando lo necesito.- Pensó. ¡Pero que oscuro está aquí!- continuó diciendo algo fastidiada.

Miró a su alrededor y el poco espacio y el acolchado a los costados le indicó a las claras donde se encontraba.

-¿Pe..pero que…hago en este ataúd…estoy muerta acaso?- gritó.

-No puede ser, no recuerdo haber muerto.- dicho esto se puso de pie en el cajón y se impulsó hacia arriba con tanta energía que traspasó los dos metros de tierra y quedó flotando en el aire, encima de una cabaña.

Comenzó a bajar y se quedó en el ático de aquella casa, el cual estaba abarrotado por trastos viejos.

Recorrió el lugar hasta que encontró una vieja mecedora y se sentó tranquilamente en ella: “Debo saber que me ocurrió”, dijo para si misma.

Pero su mente estaba en blanco, no podía recordar nada. –Ya sé, revisaré todo aquí, algún recuerdo tendré me imagino.- dijo entusiasmada.

Revisó minuciosamente todo lo que allí se encontraba, juguetes, muñecas de porcelana antiguas, caballitos de madera, muebles de todo tipo, una cuna, mantas, cristalería, libros antiguos, espejos…nada, no se le ocurría absolutamente nada.

-Bien, tengo que ir al fondo de esto, veré quien vive en esta casa.-

Dicho esto se dirigió a la planta baja donde se encontró con una mujer de unos cincuenta años, muy delgada y el esposo con algunos años y kilos más.

Se acercó y se escondió en una alacena para escuchar lo que hablaban.

-¿Quieres más?- preguntó Ana.

-Un poco más estará bien.- respondió Pedro.

Eso fue todo lo que hablaron hasta que terminaron de comer y él salió a caminar un rato para fumarse un toscano.

Un tanto desilusionada, Carolina fue hasta la planta alta donde estaban los dormitorios.

Entró en el más pequeño y pudo ver que pertenecía a un miembro de la familia; a juzgar por la decoración y las muñecas era de una niña. -¿Será el mío? dijo en voz alta y sumamente intrigada. ¿De quien sino? Pensó muy segura de si misma.

Estaba absorta en sus cavilaciones hasta que escuchó los pasos de aquella pareja entrando al cuarto contiguo.

Se asomó inmediatamente, se escondió detrás de un pequeño ropero y allí se quedó.

Fue Ana la que comenzó a hablar.

-No puedo más Pedro, no quiero vivir con esta culpa, estoy muy triste, yo la empujé.- dijo con la voz quebrada y ahogada en lágrimas.

-Cálmate Ana, por favor, no es tu culpa lo que sucedió, tampoco mía, solo sucedió, estas cosas pasan, sabes que hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance por salvarla pero no contábamos con los medios suficientes para ello.- dijo él en un vano intento por consolarla.

Carolina salió volando del cuarto y se instaló nuevamente en el ático.

-Así que fueron ellos, no hay duda, me mataron o dejaron que me muera, seguro son mis padres, o no, tal vez me adoptaron…o me raptaron. ¡COMO PUEDE SER QUE NO RECUERDE NADA POR EL AMOR DE DIOS!

Solo una cosa sé y es que ellos tienen la culpa de que yo esté muerta. Solo espero no haya sido mediante una golpiza, o de un disparo ya que me aterran las armas.- dijo y comenzó a revisar su pequeño cuerpo buscando golpes u orificios de balas que por suerte no encontró.

Estuvo toda la noche dando vueltas por la casa mientras esos, sus padres dormían.

En un momento no resistió la tentación y comenzó a descolgar ollas y sartenes en la cocina provocando un enorme estruendo al golpear contra el piso.

Los hizo levantar varias veces, aterrados ambos.

-Se lo merecen, esto y mucho más, matarme a mí, pero ¿Qué se han creído?- dijo con un tono algo enajenado.

-Y basta, ya jugué bastante, debo vengarme de ellos. Tengo que pagarles con la misma moneda.-

Entre dudas y cabildeos llegó a la conclusión que la única forma de vengarse era prendiendo fuego la cabaña con ellos adentro.

Fue entonces que entró en la casa y se acercó a la chimenea donde algunos leños todavía crepitaban. Comenzó a soplar de adentro hacia fuera y las chispas saltaron sobre la alfombra que estaba muy cerca; tomó fuego enseguida, también las cortinas y luego los muebles de madera; ardió todo en cuestión de segundos, las llamaradas llegaban al cielo.

Carolina, sentada en la rama de un árbol contemplaba extasiada su obra, los gritos desgarradores de Pedro y Ana no le hacían mella.

-Ojo por ojo.- dijo satisfecha.

Al amanecer ya el fuego se encontraba casi extinguido, solo el humo blanco elevándose y el sol que comenzaba a mostrar sus rayos anaranjados.

Carolina entonces decidió acercarse al lugar donde se encontraba su cuerpo muerto y vio algo que antes no lo había visto; una lápida.

-Que tonta he sido, ¿Porque no la vi antes? Seguro aquí están las respuestas.-

Y comenzó a leer:

“Querida Carolina, hija, te amaremos por siempre, descansa en paz. Tus padres y tus ocho hermanos. 1872 – 1881.”

Carolina se quedo petrificada. Cuando pudo reaccionar vio a un costado de su lápida, otra que parecía más nueva, moderna. Se acercó y la leyó:

“Tu, querida Lola, vieja perra labradora que te ahogaste en el río, perdónanos por no salvarte, te amaremos por siempre, Ana y Pedro. 1974 – 1988.”

Salió corriendo hacia la casa en busca de un almanaque, el cual encontró detrás de una puerta de la cocina. Estaba marcado: 24 de marzo de 1988.

Según cuentan los lugareños, por las noches se escucha el llanto de una niña pidiendo perdón.

F     I      N

Comentarios

  1. El-Moli

    23 marzo, 2014

    Señor escritor, me descubro ante usted, su prosa es inigualable.
    Es una historia increible.
    Un gran abrazo y voto

    • Richard

      23 marzo, 2014

      Señor Luis, y yo me descubro ante su amistad.
      Un gran abrazo amigo.
      Muchas gracias.

  2. Beatriz

    23 marzo, 2014

    Richard una historia muy conmovedora que me ha dejado un poco inquieta. Mi voto. Un beso

    • Richard

      23 marzo, 2014

      Hola Bea, muchas gracias, me alegra saber que te ha gustado.
      Siempre tan amable en tus comentarios.
      Me gustaría verte en ricardomazzoccone.blogspot.com
      Un beso.

  3. VOLIVAR

    23 marzo, 2014

    Richard, tus textos son maravillosos… qué suspenso, amigo, le imprimes a lo que nos compartes.. Carolina les aplico a Ana y a Pedro la ley del talión… lo impactante es la forma en que hilvanas los hechos, como un maestro hecho y derecho, por lo que te felicito
    Mi voto y un saludo desde México, querido amigo
    Jorge Martínez

    • Richard

      23 marzo, 2014

      Hola Jorge.
      Muchas gracias siempre por tus comentarios que me colman de orgullo, porque vienen de un buen amigo y fenomenal escritor.
      Muchas gracias otra vez.
      Un gran abrazo.

  4. VIMON

    23 marzo, 2014

    Excelente relato, Richard, te dejo mi voto y un saludo.

    • Richard

      23 marzo, 2014

      Muchas gracias Vicente.
      Sabes que recibir tus comentarios es para mi como recibir una palmada del maestro al alumno.
      Un gran abrazo.

  5. Eva.Franco

    23 marzo, 2014

    Richard amigo, tremendo relato…hasta los fantasmas se equivocan cuando se dejan llevar por sus pasiones…
    Qué placer ha sido leerte.
    ¡Mis felicitaciones!

    • Richard

      23 marzo, 2014

      Hola Eva.
      Pues muchas gracias por tan amables comentarios y es un gran placer saber que te ha gustado.
      Un beso.

  6. Jorge_II

    25 marzo, 2014

    Innegable el voto como siempre Richard. Muy bueno. Saludos.

    • Richard

      26 marzo, 2014

      Mi estimado amigo.
      Que bueno saber de vos. Como siempre muchas gracias, tu generosidad excede.
      Un gran abrazo.

  7. Mabel

    14 abril, 2014

    Richard es un texto escalofriante, que te pone el vello de punta, un abrazo y mi voto desde Andalucía

    • Richard

      17 abril, 2014

      Hola Mabel, muchas gracias. Eres muy generosa.
      Un beso

  8. AnaCarol

    19 abril, 2014

    Una historia escalofriante pero que te mantiene prendido de comienzo a fin, haciendo cavilaciones sobre lo que le pudo haber pasado a la protagonista, y al descubrirlo, resulta sorprendente.
    Mi voto y mi mas sincera admiración.

    • Richard

      19 abril, 2014

      Hola Ana, muchas gracias por compartir tu tiempo con mis historias.
      Un honor tu visita.
      Un beso.

  9. Dece Scott

    2 octubre, 2019

    Increible relato!, atrapante hasta el final…una forma de narrar increible…felicitaciones.

  10. Richard

    2 octubre, 2019

    Muchas gracias Dece, me alegra saber que te gustó. Saludos!!!

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