Estaba en el suelo, exhausta de mi misma, de las voces invisibles en mi mente, del dolor, la angustia, el odio, sadaquismo, lagrimas, gritos ahogados, impotencia, humor destrozado, bipolaridad, tristeza, todo en mi cuerpo almacenándose.
Cansada siempre del mismo tema familiar, cansada de las risas a mi persona, cansada de mi misma.
Pensaba rendirme, me ocultaba con sonrisas y alegría, pero parecía ya no poder tolerarlo más, la niña que corría por las calles hablando hasta con el perro se había extinguido por completo. ¿Cómo comenzó? Una infancia destruida me venció, el pasado me seguía, los recuerdos son mi presente, un presente que parece expandirse hasta el final de los días. Me decidía a luchar, pero parecía que mis armas se quedaron sin más y mi cuerpo herido cansado, no podía mantenerse en pie, no salía de mí, tenía miedo, más del que alguna vez pude imaginarme, corría y era feliz solo en sueños, mientras estrangulaba las lágrimas con los puños, mirando la luna en una gota de esperanza y respuesta callada.
Mi futuro se encontraba en duda, mis fuerzas sin fortaleza, la valentía sin luchadora, y la voluntad sin una meta especifica.
Mi retorcida mente me jugaba chueco, no podía pararlo, solo sabia que estaba agotada de la vida.
Cada vez que la realidad nos consume de a pequeños sorbos, pretendemos ahogarnos en el mas allá de la tierra; cuantas veces exclamamos ojala que la tierra se divida en dos y nos lleve a un mundo ideal, con el pasado, presente y el futuro por venir.
Siempre me pregunto que hay debajo de esta superficie, cual es la fantasía por la cual todos proclaman. En fin, era mucho para pensar en una mañana.
Me levante de la cama, y me dirigí hacía la ventana, dejando largar un suspiro que empañaba el vidrio. El clima a mi alrededor estaba tan frió, como mis sentimientos en ese momento. Decidí ir a tomar un café para calmar los dolores.
Tome mi bolso, y dentro de ella, llevaba mi cuaderno con una pluma. Dos objetos tan simples, que hacía que mi mente volara olvidando los problemas.
Mientras iba caminando, comencé a notar que las personas a mí alrededor me miraban como un extraño. Como si hubiese cometido un error con el solo pisar esas calles. No comprendía nada, pero tampoco me importaba. Llegue a la cafetería, pedí mi café y me quede a esperar. Mientras tanto, abrí el bolso, para comenzar a escribir.
-¿Donde esta? ¡No! Estoy segura que lo deje acá. -comencé a repetir una y otra vez.
- Señorita, disculpe ¿Sucede algo? -pregunto una de las meseras del lugar.
- No, está todo bien. Solo…solo que… nada. -respondí con un tono confundido.
La mujer se fue caminando, como si jamás hubiese tenido una conversación conmigo. Pero aun seguía pensando donde había dejado ese maldito cuaderno lleno de hojas escritas. Era una parte mía, era todos mis pensamientos, deducciones, poesías y demás, volcado en una simple libreta.
Comencé a llorar en silencio, con una angustia acompañada de una voz que me atormentaba y hacía que retumbara en mi foro interno, haciéndome poner aún más nerviosa.
-Debo encontrarlo o sino todo acabara. -susurre
Mire a mi alrededor, tome mis cosas, y corrí hacia la puerta. No me importo nada. Solo me importaba ENCONTRARLO.
Busque por las calles que había pasado anteriormente, por mi casa, en todos lados que pueden imaginar. ¿Pero saben qué? En ningún lado estaba.
Me senté en el cordón de una de las calles de mi ciudad, tirando todas mis esperanzas para abajo.
De pronto se me acerca un muchacho, no tan alto, un poco rubio, ojos verdes y con una remera un poco desteñida.
-Disculpa ¿Sabes dónde queda la librería? – preguntaba con un tono de voz baja.
-No lo sé. Ve a preguntarle a otra persona. Es más, no creo que te dejen entrar con tu sucio perro. – dije con desprecio
-Tom, Tom se llama “mi sucio perro”
-Como sea, lárgate de mí vista, ¿Si? – le respondí, tirando un suspiro de bronca
El chico se desvaneció rápidamente, tan rápido que ni note su ausencia.
De pronto, comenzó a llover. ¿Esto es una broma? Amaba la lluvia, pero no era el momento ideal para que sucediera. Corrí rápidamente hacía un techo de un local, para poder esconderme de las gotas que caían a mi alrededor.
Mire mis brazos, y note que una lagrima roja derramaba mi brazo izquierdo, mientras se deslizaba lentamente, hasta dejar un charco en el suelo. No recordaba cuando me había lastimado pero…¡El cuaderno! No debo distraerme.
-¿Buscabas esto?
Se oyó una voz lejana e irreconocible proclamando una pregunta. Gire la mitad de mi cuerpo, y diriji mi mirada hacia un joven, que al parecer era el rubio que me había cruzado antes.
-Mi…mi…MIO , ES MIO. -grite fuertemente
Comencé a correr hacia él, pero me frenaron sus fuerzas. Eran más fuerte que las mías.
-Tranquila… si lo quieres debes…
-¿DEBO HACER QUÉ? - pregunte con una voz angustiada.
El rubio, salió corriendo rápidamente dejándome con la palabra en la boca y mil preguntas que rondaban en mi cabeza. Comencé a correrlo, de una manera, que jamas había echo. Nunca me sentí tan rápida.
-¿Qué es esto? - susurre con asombro
-Bienvenida a Hyrule. - me respondía con una sonrisa
-¿Hyrule? ¿Cuando crearon este lugar? Mira… sabes, no me interesa, ¿Puedes por favor devolverme mi libreta y ya? ¿Por qué me seguiste? ¿Y por qué tienes mis cosas? -angustiada y cansada lo decía
-¡Espera! - me dijo tomándome de los hombros - No te vallas, tu eres una Moflint.
-¿Qué yo soy qué?
- Moflint, una Moflint. Tu perteneces a Hyrule. -dijo mirándome fijamente
- ¿QUÉ QUIERES DE MÍ? -grite, expulsando mis lagrimas
-Mira, esto sera difícil de entender… pero todo lo que fuiste escribiendo en este libro…
-Cuaderno - dije , interrumpiéndolo
-Bueno eso. Todo lo que haz escrito va describiendo algunos lugares de acá.
- ¡Eso no puede ser!- exclame - Yo ni siquiera sabia que existía esta fantasía de lugar…
- Tu madre te trajo acá de pequeña, pero tu te negabas a entrar, entonces yo decidí esperar a que vinieras sola.
- Eso no tiene sentido, tu me trajiste acá. Yo solo quiero mis escrituras, no este tonto lugar. - largue suspirando ira
Mientras sucedía todo esto, podía mirar detrás de él, el hermoso lugar. Era un paraíso. Se veía a lo lejos, un jardín lleno de rosas realmente raras. Había una cantidad impresionante de colores, tanto colores, como tantas preguntas que se me pasaban por la mente. El aire era tan puro, como el vestido blanco que llevaba una mujer que caminaba hacía mi.
-¿Ella es la qué debe traerme los Poiw? - le susurro al oído del muchacho
-No… ella es Jenna - le respondió, intentando disimular
-Toma , ten esto. - me dijo, extendiendo su mano con una figura triangular de 4 tonos
-¿Para qué es esto? - pregunté
- Es para que puedas entrar acá, ya que los humanos que no son Moflint pequeña.
-No me digas pequeña.
- Jaja, no te me enojes. ¿Comenzamos de nuevo? Mi nombre es Dylan, un gusto.
Le di la mano, y comencé a caminar a su lado. Pasamos por un túnel, en donde me sellaron mi mano derecha con un signo de una “H”. Supongo que debe ser la “H” de “Hyrule” , ¿No?.
Las “Personas” ,si es que se le pueden llamar así, eran muy raras. Todas vestían de blanco, diferentes atuendos, pero siempre manteniendo ese tono. Había personas entrenando por los costados , y otros con armas.
-¿Por qué entrenan? - le decía a Dylan
-Los entrenamos, para que salven a los pocos Moflint que quedan en tu mundo. - siguió caminando mientras respondía, ignorándome la mirada - se que es difícil, pero toma - decía, mientras me entregaba un arma
- ¿Yo? - le hablaba, mientras tomaba la pistola
- Si, tú. Debo irme a buscar unas cosas, toma esto, te hará falta, no preguntes por qué. Practica.
No comprendo. Me dejo sola, al rededor de infrahumanos, con… ¿Una pistola con balas? ¿Qué pretende? yo solo quería mis cosas y termine en esto.
-Dylan, eres un estúpido. - susurre mientras disparaba a unos cartones, con forma de humano
-¿Eres novata? -preguntó un muchacho alto, con una sonrisa amplia
No alcance a responder, y me tiraron al suelo.
-¡CUBRANCEN! 398 CÓDIGO MORADO, 398 ¿ME ESCUCHAN? - gritaba un hombre, a un “boqui toqui” al parecer.
Todos comenzaron a correr , tomar armas, equipaje y demás. Buscaba con mi mirada , desesperadamente a Dylan. ¿Donde se metió? Al parecer, lo que me dieron a entender, nos habían invadido y si alguien entraba hasta el final de Hyrule, destruiría todo. Al final del lugar, se encontraba una gran maquina, con miles de botones, y pantallas en donde mostraban partes del mundo humano.
-Jenna… tu misión , es salvar a tus hermanos Moflint. Se que para ti, todo esto es nuevo pero, ¿Qué dices? ¿Aceptas o vuelves al mundo de nuevo? - me pregunto uno de los compañeros de Dylan, mientras me cubría
- Acepto. -le decía, mientra le sonreía
Paso un año y 7 meses. Ya había pasado por muchas pruebas. Debo admitir que sufrí mucho en los entrenamientos y fui a la que más le costo. Jamas pensé que terminaría acá. A veces uno pierde las esperanzas pensando, que tal vez no sirve para nada, pero…¿Saben qué? aprendí que yo no era la equivocada en mi vida,la inservible, la invisible, la callada. Solo ese no era ese mi lugar. Mi lugar, es este. Y acaba de comenzar.


Flor
Me encantó!
nunca me hubiese imaginado que estaba en otro mundo. Muy lindo
Pluma.Azul
Muchas gracias Flooor♥ ! :3
Mabel
Que bonita historia, me ha gustado, un abrazo y mi voto desde Andalucía
Pluma.Azul
Gracias Mabel, saludos!!