Hace muchos, muchos años conocí a una increíble, espectacular, fascinante persona. No hablábamos mucho al principio, pasaron unos cuatro meses hasta que empezamos a ser más amigos, amigos cercanos. Una noche cuando ella estaba en casa de su amiga me llamaron porque se aburrían, y pareció ser que su amiga decidió encargarse ella misma de decirme como esta persona se sentía respecto a mi, ya que ella no tenia agallas, y esa fue la noche que empezamos a ser novios. 2 de diciembre de 2007. Estuvimos juntos hasta finales de marzo aproximadamente. Llamadme loco, pero aunque no haya sido una relación muy duradera, amaba a esa persona muchísimo. Era sorprendente para mi ver que podía sentirme así sobre alguien cuando toda mi vida me he sentido tan distante de la gente y tan poco querido, pero fue real y si que podía. Hasta ahora me habían siempre tomado por alto, como alguien poco serio que servia de compañía para divertirse. Sinceramente podría decir que nunca me había sentido así antes. Esta persona cambió completamente la manera en que hasta entonces había percibido la vida, todo lo malo que me había ocurrido durante esos últimos años. Tengo un pasado complicado y un poco oscuro, pero esa es una otra historia para otro capitulo. Cada vez que estaba con esta persona bien dando un paseo, viendo series estúpidas en la televisión, cualquier cosa, fueron los mejores días que tuve un mucho tiempo aunque haya gente que considere que son momentos intranscendentales o nada memorable.
Mi nombre es Adrian, tenia 19 años, y estaba loco. Llegué a un momento en mi vida en 2007, antes de conocerla a ella, en que comencé a conocer gente encantadora, no me costo mucho conseguir el aprecio de estas personas. Supongo que fue todo gracias a una amiga que tenia que me presentó a varias personas, y esas personas me presentaron a otras, y asi forme una especie de grupito en torno a mi. Nunca me ha gustado eso del centro del mundo pero disfrutaba de tanto amor claro, pero siempre supe evitar que se me subiese a la cabeza, pues nunca había recibido tanta atención. Ese año fue un nuevo comienzo, un buen comienzo definitivamente. Cuando la conocí debo decir que, en efecto, estaba en un punto bastante alto de felicidad, aunque estaba teniendo que lidiar con otro problema amoroso, pero que obviamente apenas me entristeció. Cuando la conocí fui muy simpático, me cayo bien casi de inmediato al ver que clase de actitud tenia con la gente. Recuerdo haberla hecho reír con varias bromas sin sentido, y recuerdo disfrutar de cada vez que reía y contagiandome con su risa. Solo había un ”problema”, era gorda, era grande, robusta. Ese fue lo primero que pensé, pero luego me fije en su cara, era como de porcelana, blanca y suave, unos ojos que brillaban y una sonrisa honesta y graciosa. Hasta ahora solo había salido con esas chicas a las que llaman ”pivones”; con buen cuerpo, dinero, educadas y guarras a la vez, sexis, etc. Lo cierto es que me acostumbré a este tipo de muchachas, pero nunca me sirvieron ni significaron mucho para mi. Cuando conocí a Judith eso de tener un cuerpo esquelético o tonificado me dejo de importar. Era preciosa para mi, y pronto me di cuenta que ella si que me hacia feliz, como nunca antes lo habia hecho nadie. Todo eso suena a algo sacado a una película melosa de amor para niñas en plena preadolenscencia, algo tan tipico y cliché, y es que incluso yo mismo estaba impresionado de mis propios sentimientos.

Mabel
Una historia muy juvenil y emocionante, un abrazo y mi voto desde Andalucía