Era una selva inmensa, llena de musgo y humedad, enormes hojas verdes me rodeaban, entrando así en un terrible pánico. ¿Como había llegado hasta ahí? ¿Donde demonios estaba?, de lo único que estaba segura es que tenía mucho miedo, tanto que comencé a correr y correr. La selva parecìa no terminar nunca. Hasta que, gracias a Dios, halle con un edificio abandonado. Entré para resguardarme de la lluvia. El miedo seguía latente en mi interior, era consciente que huía de algo pero no exactamente de que. Sin pensarmelo dos veces empece a tapar puertas y ventanas con maderas, pero aquello de lo que intentaba escapar había entrado por la puerta de atrás. Nunca en mi vida habia visto algo parecido. Él era alto, su ropa era gris y estaba raidas, manchada de lo que parecía sangre reseca, aun que había zonas en la que aun estaba húmeda. Una parte de mi rezó para que se tratase de sangre animal y no humana. De todas formas no me iba a quedar quieta para averiguarlo. Así pues sali corriendo, saliendo de nuevo a la interperie, el barro resultaba resbaladizo y a pesar de que la lluvia era calida me resultaba molesta. Por mucho que corria y por mas que me alejaba de aquel lugar abandonado, seguía teniendo la semsacion de estar rodeada por esos seres. Durante unos segundos miré hacia atrás, no había nadie pisandome los talones, cuando alce la vista al frente sentí que chocaba contra algo duro. De cerca era mucho mas aterrador uno de sus ojos estaba inyectado en sangre mientras que el otro tenía cataratas, sus dientes estaban negros y podridos. No me dió tiempo a gritar cuando sus huesudas y ensangrentadas manos me agarraron fuertemente, mientras de una forma animal llevó su boca mal oliente hasta mi cuello y de un mordisco me arrancó un cacho. Podia sentir como la sangre caliente emanaba de mi cuello, mientras que poco mi vista fue volviendose mas borrosa hasta quedar en total oscuridad. Lo ultimo que había podido ver antes de morir fue aquella cosa devorandome.
Desperté con la boca abierta, intentando coger una gran bocanada de aire, como para intentar convencerme de que aun seguia respirando, el sudor empapaba mi frente y mi corazón latia nerviosamente. Miré a mi alrededor, me hallaba sentada sobre mi cama, por la ventana aun se podia ver que era de noche, miré la hora del reloj y efectivamente aun eran las seis de la mañana. Todo había sido una mala pesadilla.

Mabel
¡Qué miedo, cuanto escalofrío! Un abrazo y mi voto desde Andalucía