Elijo ser feliz

Escrito por
| 28 | 4 Comentarios

Sentada frente a mi mesa agachada sobre un extenso libro que no he llegado a saber de qué asignatura es veo las gotas de agua chocar contra el alfeizar como piedrecitas de un joven enamorado contra el cristal de mi ventana. Es primavera, y aunque hace ya algún tiempo que empezamos el curso yo me paso las tardes enteras estudiando. Todos los días lo mismo.

Antes no era así. Todo ha cambiado. De pequeña cuando llovía, y mi madre no me dejaba salir, me encerraba en un rincón cálido de mi habitación, con la lluvia repiqueteando fuera, rodeada de una fortaleza hecha de almohadas, cojines y mantas, con una taza de chocolate a mi derecha, y un plato de galletas de chocolate a mi izquierda a leer libros de princesas que esperaban a su principe azul. Después, en la comodidad de mi habitación, reproducía mis escenas favoritas de esos libros, usando colchones como muros de un palacio, cortinas como lagos y mantas como alfombras mágicas, pero sobre todo con imaginación. Normalmente me quedaba dormida después, sobre mi cama, creando otras historias maravillosas, de las que yo, por un corto periodo de tiempo era la protagonista.

Cuando dejaba de llover, solía embutirme en mis botas de agua verde botella a correr por las calles pisando charcos lo más fuerte que podía, como una enorme pelota roja que va botando de charco en charco. Solo con eso ya me lo pasaba bien, no necesitaba nada más para ser felíz.

Algunos años después, cuando me daba un poco mas de verguenza pisar charcos, me cubría con una gabradina de tonos tostados e iba al parque a pasear, oyendo el crujido de las hojas bajo mis pies y tatareando canciones acompañada del viento que revolvía alegremente mi pelo. Era un seca alternativa a los charcos.

Todos estos recuerdos, pertenecen a una vida a la que ya no puedo volver. Ahora estoy condenada a pasar las tardes frente a un libro leyendo y releyendo la misma frase una y otra vez sin enterarme de nada. No espero que un príncipe trepe hasta mi ventana y me lleve a su castillo, no espero que aparezca un mago que me de una pocima que consiga que me lo sepa todo sin tener que estudiar, no espero…

Ha dejado de llover, y desde el otro lado de la ventana, me llegan olores que no puedo ignorar, olores que me transportan a otro tiempo en el cual era más felíz. He tomado una decisión. Saco las botas de lo más profundo del armario y salgo a ser felíz.

Comentarios

  1. Mabel

    13 mayo, 2014

    Que nostálgico y que infancia que ya no volverá, un abrazo y mi voto desde Andalucía

  2. Man-on-the-Moon

    13 mayo, 2014

    Hola.

    No hay que dejar nunca de ser niño. Cuando eso se hace, se muere uno, :-). Por eso hay que recuperarlo de vez en cuando.
    Bonito relato. Creo que más de [email protected] ha pasado por lo mismo.

    Un saludo.

    • Marta

      27 mayo, 2014

      ¡ Muchas gracias por tus palabras! Da pena dejar de ser niño, pero con el tiempo uno va perdiendo esas costumbres porque le toca vivir otras pero la infancia y esa magia siempre queda ahí.
      Un saludo y gracias

Escribir un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Cargando…
Ir a la barra de herramientas