La ansiedad invade mis venas, un sentimiento que jamás he logrado controlar. Mantengo los dos pies apoyados con fuerza contra la puerta del armario; siento que mis músculos no van a soportar mucho más, a juzgar por su traicionero temblor. Las gotas de sudor caen en mis párpados cada vez más rápido, dejando mis ojos húmedos y mi visión borrosa. Paso la áspera lengua por mis labios resecos, que saben a sangre y al dulce sabor de Anita. Cada vez que pienso en ella algo produce un bloqueo en mi cerebro, de manera que termino pensando en idioteces, mi cuerpo es más listo que yo y me obliga a ello. ¿Cuántas horas llevaré aquí dentro? La sed comienza a ser algo insoportable, las necesidades básicas han llegado peligrosamente a la aguja roja, a la más absoluta necesidad, urgencia. Me siento mareado, debo de haber perdido mucha sangre… Quizás todo esté dentro de mi cabeza, quizás si la golpeo un poco contra el roble todos estos asquerosos sentimientos se irán… Cuando me dispongo a abrirme voluntariamente una brecha en la frente escucho a alguien llorar al otro lado.
—Eric, cariño, basta ya. Tienes que s..s..salir de ahí, por favor — Me suplica Anita con su dulce y quebrada voz. Anita, mi Anita está esperándome fuera, tan sólo necesito bajar una pierna, luego la otra y después todo será pan comido, podré salir y abrazarla, porque ya estaré bien, ya no habrá fantasmas que me entorpezcan al caminar.
Bajo la pierna derecha primero, siempre ha sido mi preferida. Ahora le toca a la izquierda. Noto la respiración nerviosa de Anita al otro lado, veo sus suaves manos tocar la puerta con cuidado. Introduce sus dedos en el estrecho que ha quedado tras entreabrir el armario. Sus manos consiguen llegar hasta mi cabello, que acarician con mucho cuidado. La tensión disminuye de golpe y lloro, abrazándome a mis piernas, mientras me dejo acariciar. La tensión sube de golpe y en mi turbia mente le arranco los dedos con un mordisco y después acabo con mi patética vida. Su suave aliento me devuelve a la realidad y me abrazo a su diminuto cuerpecillo mientras ella me acaricia la cara con dulzura.
—Tranquilo, Eric —me susurra —tranquilo, esta vez todo irá bien, te lo prometo.
Confío en sus palabras, una vez más, y me doy cuenta al instante de que me he equivocado de nuevo, al ver sus rasgos transformarse hasta dejar su rostro sumido en una masa amorfa, y entonces grito y huyo de Anita de nuevo, y todo comienza a dar vueltas, a dar vueltas…Hasta que mi cerebro se reinicia y todo empieza desde cero.


Aziza
Escalofriante. Me encanta tu forma de escribir. Tienes mi voto y…espero que el pobre Eric logre huir de Anita, a la cual creía su “amada” es en realidad un despiadado monstruo. Saludos y que pases un maravilloso día.
Quique
Por dios amiga, qué talento para tenernos en vilo con tus narraciones. El clima es irrespirable y, a la vez, lo cuentas con maestría que no es casualidad pues todos tus textos la ostentan. Un gran abrazo amiga.
Patxi-Hinojosa
Sigues demostrando tus dotes de excelente escritora de relatos de misterio y terror, y este no es una excepción . Mi enhorabuena, mi voto y un fuerte abrazo.
Manger
Muy bueno, estimada Christine. La falta de detalle descriptivo le viene muy bien a tu micro, lo envuelve todo en un halo de misterio y terror muy apropiado para que sea el cerebro del lector el que trabaje; muy bien utilizada esa técnica. Mis felicitaciones y un afectuoso saludo.
Mabel
Que desesperación, un buen pero buenísimo relato que me ha encantado, un abrazo y mi voto desde Andalucía
El-Búho
Magistralmente bueno, como siempre señorita!!!