Se contoneaba como lo hacía
encima de aquella barra
de bar,
ese movimiento ondulante de su
cuerpo
moreno me
desquiciaba y esas gotas de
sudor cayendo por sus pechos,
rozando sus pezones
firmes y sus
caderas, yo
la miraba como tantas veces
lo había hecho
desde el suelo, extasiado,
con el único deseo de tocarla, arrancarle
aquellos restos de tela que tapaban lo poco
que quedaba
de secreto,
solo atento a ella y de vez en cuando a mi
amigo
siempre fue mi amigo y no quería que pensara
que quería follar con ella,
pero ahora no estaba en una barra
y yo no estaba en el suelo
ni llevaba ese atuendo ni
ningún otro, mientras
ella estaba encima me
dominaba
y yo quería que lo hiciera,
que desatara la pasión que se había guardado,
que su humedad contagiara mi cuerpo
y apretar sus pechos y sentirla mía y
mientras yo estaba encima la
humillaba
y no era a ella sino
a los ojos que me miraban
cada noche que ella encima
de aquella barra
bailaba y dejarlo
en su boca fue tapar la boca
del Hipócrita
borrar sus palabras
y penetrarla fue penetrar el alma
del poderoso, del que se siente dueño
de algo,
poseedor o comerciante
de esclavas
pero esa noche era mía y ella bien
que lo sabía y dejó marcado
su sello
en mis sábanas
como una prueba de vida, de gozar
la vida.
Acaymo
Mabel
Que intensidad, que fuerza, un abrazo y mi voto desde Andalucía
Gusadro
El ritmo, la cadencia es sensacional, sobretodo el texto, como dijo Mabel, lleno de intensidad y de un deseo enclaustrado que lentamente sale a la luz. Me gustó mucho, un abrazo y mi voto.