Los exóticos (versión en castellano)

Escrito por
| 29 4 |
    falsaria1404155303boda indu

    Los exóticos, así, justo así era como les llamaban, los exóticos.

    Allí, en mi barrio de los Molinos, a mediados de los años sesenta todo dios tenía un apodo.

    Algunos venían de antiguo, si habías tenido la mala suerte de tener un abuelo chepudo, ya podías ir por el mundo derecho como un huso, que eras de los “chepas” para siempre.

    Otros venían por el oficio de alguien de la familia,mi mejor amiga Finita era de las lloronas, porque hacía muchísimo tiempo una de sus antepasadas se ganaba algo de dinero yendo a llorar en los entierros y ahí la tienes, llorona para la vida.

    Por estos u otros motivos todos cargábamos con un apodo, estaba la familia de las ratas, los lejieros, los nenín, los floritos, los pajareros… que se yo un ciento.

    Pero los exóticos les toco con motivo, lo trabajaron bien y con el quedaron.

    El señor Luís y la señora Lorenza estuvieran más de veinte años emigrados en Londres, allí criaron a sus hijas Luisita y Mimí, la pequeña, la muchacha se llamaba Modesta, pero le llamaban Mimí, que eso ya da idea de lo raritos que eran, porque a quien se le ocurre llamarle a una hija como a un gato fino, pero en fin vamos a dejarlo que la historia no es esa.

    El caso es que cuando se jubilaron el señor Luís y la señora Lorenza decidieron regresar a su antiguo barrio y trajeron con ellos un aire de exotismo y modernidad que cuadraba mal con el parecer del vecindario.

    La señora Lorenza llevaba el pelo teñido de un color amarillo huevo de lo más llamativo y ya lo decían las comadres, que aquel pelo solo lo llevaban las pilinguis. Se vestía con colores nada discretos hasta en los días de entre semana y los días de fiesta se ponía un turbante azul o rosa según la ocasión que levantaba un montón de cuchiceos a su paso entre las mujeres del barrio.

    Por su parte el señor Luís tampoco se quedaba atrás en hacer cosas extraordinarias.

    El bueno del hombre había sido jardinero allá en Inglaterra y tuvo la loca idea de poner un jardin en la huerta de su casa, que ya me dirás a quien se le ocurre plantar flores lugar de patatas y repollos.

    Y fumaba en pipa, no hay más que decir.

    También habían traido un perrito medio amariconado al que sacaban a pasear al atardecer sujeto por una correa, lo que representaba su salvación pues todos los perros callejeros lo querían comer.

    La hija pequeña Mimí tampoco ayudaba mucho a que la consideración de su familia fuese mucha,llevaba unas faldas cortísimas y todas ajustadas, se pintaba los ojos y los labios y hasta se decía que la habían visto fumar. ¡Una verguenza!

    Todo esto que les parecía tan mal a las madres a los chicos del barrio les encantaba y no perdían ocasión de demostrárselo lanzándole todo tipo de piropos cada vez que se la tropezaban, lo que ella recibía entre risas y se lo agradecía con aquel acento extranjero que les parecía más que arrebatador.

    Luisita, la hija mayor, seguía en Londres , donde trabajaba como enfermera en un hospital de la City, alli se hizo novia de un médico hindú y cuando decidieron casarse vinieron a celebrar la boda a la tierra de la novia.

    Aquello si que fué lo máximo. Un acontecimiento como aquel revolucionó la vida del barrio durante semanas, los corrillos eran contínuos y cada uno daba el parecer más estranbótico sobre lo que iba a pasar.

    El día de la boda no faltaba nadie en la puerta de la casa de la familia para ver la salida de los novios y familiares.

    Se había corrido la voz de que Luisita se casaba con un indio, pero con uno de los que llevan plumas y la gente esperaba ver aparecer a una tribu de comanches acompañando a la buena de la chica.

    Pero cuando en vez de Jerónimo y sus congéneres empezaron a salir por aquella puerta mujeres ataviadas con saris preciosos, con pulseras que les ocupaban medio brazo, con pendientes de oro en la nariz y marcas rojas en la frente y hombres ataviados con durhans blanquísimos, barbas bien perfiladas y turbantes adornados con plumas de todos los colores, la gente no se pudo reprimir y prorrumpió en un aplauso estruendoso.

    Y entonces, fue cuando la señora Juana de las ratas bautizó a la familia :

    - ¡ Manda carajo ! ¿De donde sacarían a los exóticos esos ?

    Y así fue como quedaron apodados para la vida, los exóticos.

     

    Comentarios

    1. Avatar de Patxi-Hinojosa

      Patxi-Hinojosa

      2 julio, 2014

      Una historia que bien podría ser real como la vida misma, pero que tú has reflejado con mucha calidad, amiga de A Coruña. Enhorabuena. Mi voto y un muy cordial saludo.

    2. Avatar de crisbarco

      crisbarco

      2 julio, 2014

      Gracias por el comentario aunque le he puesto imaginación en parte si es real. Un saludo.

    3. Avatar de pknounblog

      pknounblog

      19 julio, 2014

      Tantos motes y tantos pueblos, como se parecen todos( o la mayoría) Un saludo y mi voto

    Escribir un comentario