Siempre obligaba a mi madre a que, con esa paciencia y mimo de la que solo es capaz una mamá, arrancara uno a uno los nervios de los filetes de ternera vieja que comíamos cada sábado en casa de mi abuela Casilda. Todavía hoy, cuando asías con fuerza mi cuello con tus nervudas manos y no podía respirar, acudía a mi mente ese vívido recuerdo. Nunca pensé que fuera a acabar así, amor mío, nunca pensé que fueras capaz de matarme, Samuel.
Freddy-Manning

Gusadro
Muchos temas buenas bien desarrollados en tan pocas líneas. Me ha gustado mucho. Un saludo desde Lima.
Freddy-Manning
Muchas gracias. Eres la primera persona que lee algo escrito por mí. Estoy muy agradecido