Slow Top

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    falsaria1404208264images

    -¡¿Que jodidos?!- balbuceo presa del desconcierto y muy interiormente, el pánico al escuchar el inconfundible “clic” del seguro. Congelándose cuando la pequeña cabina comenzó a moverse llevándolos a lo alto muy lentamente. Dante, tan blanco como un fantasma se derrumbo en el asiento de metal forrado, levantando la vista, el corazón le latía y los ojos le ardía haciendo que el agua se acumulara en las esquinas de estos, su peinado estaba arruinado por el empujón y el viento que se había colado además el calor y el silencio de su sorpresivo acompañante incrementaban todos aquellos malestares sumándole una presión invisible que parecía impedirle el habla. Seriamente molesto los orbes chocolates contemplaron por fin la causa de sus desgracias, enarcándose las cejas por la sorpresa.

    Frente a él, reclinado en el pequeño asiento de metal, la luz lamia su mejilla acariciando parcialmente su cuerpo, uno muy grande que hacía ver el cubículo como el de una atracción para infantes. Dos ojos oscuros del color del té lo miraban fijamente, alargados como los de un tiburón al asecho con cada movimiento. Él estaba agazapado hacia el frente, sus codos descansaban sobre sus rodillas y su boca entre sus dedos. Esperando.

    Detrás de la música y el ruido estridente de la feria que quedaba debajo o alrededor de la rueda de la fortuna, una profunda respiración se escurría penetrando los oídos de Dante, tragando duro, su garganta parecía haberse quedado sin saliva mientras suaves temblores le recorrían el cuerpo sintiendo como si su corazón hubiera sido trasladado a sus oídos.

    Bump,bump,bump…

    cada centímetro ganado en lo alto y cada vez que sus ojos reparaban en el extraño que le acompañaba en aquel intimo espacio. Incapaz de moverse debido a su miedo a las alturas y aquellas atracciones mecánicas a las que les tenía entera desconfianza. En un intento de alivio dejo escapar su voz trémula, evitando mirar fuera de la suave oscuridad que había en la cabina se concentro en los suaves ojos y el mechón ondulado que caía persistentemente en la frente ajena.

    -No es muy común…dos hombres en la noria…

    “Él” parpadeo, levantando lentamente el rostro y como si le evaluara, acuno el mentón sobre sus pulgares. Sus manos eran grandes y lisas a la luz.

    Sonrió.

    -Puedo ser común en otros aspectos y no me molesta en realidad, ¿miedo a las alturas?…-

    Dante se trago un gemido de exasperación ante su temor descubierto tan fácilmente, intentando una sonrisa, las comisuras de sus labios se tensaron hacia arriba mientras la lengua humedecía sus labios.

    -Supongo-agrego intentado disminuir la impresión.- no solo eso es preocupante…es decir, uno no sabe lo bien que están armadas estas cosas.

    Los nudillos de sus manos se volvieron blancos cuando apretó inconscientemente, cavando su propia tumba entrecerró los ojos.

    -Estas temblando hombre, si hubieras traído a tu novia quizás la estarías pasando mejor.- su voz era mucho más grave que la de Dante y llenaba el lugar fundiéndose con el viento frío que les rosaba la piel. El chico de ojos castaños se estremeció, calmándose ligeramente, salvo su humor.

    -¡Y tu a la tuya!, esta cosa es mas para parejas, seguro que fue una decepción quedar atrapado por 15 minutos con un tipo.- sonrió burlesco, como si hubiese ganado algo, un picor le recorrió la espalda cuando la palabra pareja había sido formulada. Y el flasheo de algunos comentarios respecto a la rueda donde montaba bombardeo su mente: Humedad, bocanadas, saliva, respiraciones y exhalaciones eran el hilo común de todos esos pensamientos que le hicieron soltar un gruñido bajo.

    -Al contrario, si he dicho que no me molesta…quiere decir que no me desagrada…quince minutos hu…- aquella blanca y perfecta sonrisa brillo un instante en la oscuridad, seguida de una lengua húmeda con un brillo rojizo, la cual Dante apenas noto, ya que se había perdido en la maliciosa mirada que parecía abrirlo y explorarlo, como si estuviera desnudo. No es que fuera “quisquilloso”, el pequeño chico pelinegro tenía un “paladar” variado. Sus gustos iban independientes del género, empero ligados al sexo, al igual que cualquier chico excitable de 16 años que se estimulaba con fantasías y cuentos buscando el real encuentro torpemente. Dante había descubierto con agrado que le iban bien tanto chicas como chicos. Siendo no por eso menos exigente en cuanto a los últimos, “el placer justifica los medios”, se decía mientras sus ojos desnudaban a algún chico atractivo a sus ojos explotando desde la forma de su rostro hasta la espalda y lo que le seguía a la angosta cintura.

    No podía ver la cintura ni el trasero del hombre que se mantenía parcialmente en la oscuridad, pero lo que veía no parecía desagradable en lo absoluto. Una sonrisa gatuna se dibujo inconscientemente en sus labios suaves, mirando hacia un lado al tiempo que abría la boca para contestar un potente ruido, el cual solo podría ser comparado con el que podría soltar una bestia de enormes, proporciones rompió el ambiente.

    Fue un parpadeo lo que el pelinegro, alterado, paso de estar toscamente sentado aferrado al asiento de metal, a golpearse contra el techo de lamina de la canasta de la noria, a tropezarse finalmente hacia adelante, proyectándose directamente contra el pecho de su extraño acompañante.

    -Shh…shhh lindura.- unos brazos calientes le rodaron envueltos en tela, su voz rica acaricio su oreja, desperezando a los tenues vellos que ahí yacían y haciéndole cosquillas en áreas muy lejanas a aquella que también parecía estar por levantarse. Dante tardo un momento en darse cuenta de que las vibraciones levemente más violentas que las de su cuerpo, brotaban del pecho donde su mentón y mejilla descansaban. El extraño se estaba riendo de él.

    -¿Qué demonios?, ¿de qué te estás ríen…-

    Intentando zafarse no sabiendo si se sentía solo enojado o solo avergonzado, para vengarse con un golpe cuando el gruñido de los fuegos artificiales broto gorgojando en el horizonte. Las luces crecieron abrazadas por las nubes de la pólvora que picaban al ser arrastradas hacia ellos con el viento. Luces azules y rojas como flores y lágrimas iluminaban completamente el lugar haciéndolo parecer distinto. Dante tardo un tiempo en reaccionar, embobado como un niño pequeño y con los labios abiertos en una o suave, se dio cuenta de que necesitaba parpadear cuando le ardieron los ojos, también había notado un poco antes de eso que una mano grande trazaba círculos con el pulgar sobre su espalda baja y el cuerpo que antes había rechazado aun le sostenía entre sus muslos y sobre su pecto.

    -¿Genial no?- mascullo la potente voz grave mientras otra luz era lanzada al cielo e iluminaba parcialmente la pequeña cabina, estirando las sombras.

    -¿Uh?- Los ojos chocolate se arrastraron abiertos enormemente en la oscuridad, recorriendo los marcados pectorales que se sentían debajo de la camisa, no estaba musculoso, pero definitivamente si en forma, su propio cuerpo se veía extrañamente delgado, el cuerpo de un niño, ya que eso era. Se mordió el labio inferior apretándolo ligeramente sintiendo un calorcito subir desde la punta de sus pies y aguardar un largo momento entre sus piernas. Aquel extraño tenia facciones que él mismo envidiaba y secretamente aspiraba a tener una vez que dejase de crecer, una nariz respingada y sexy con la punta ligeramente triangular, una boca fina echa una apretada línea que parecía ser un reto para quien quisiera meterse dentro, su ceño profundamente fruncido, que incluso, podría asegurar, se notaria cuando estuviese sin hacer ningún gesto.

    Dante apoyo el mentón sobre el pecho del hombre intentando buscar sus ojos, rozando su estomago con el abdomen ajeno, algo perdido en el verdadero tacto que puede tener la cercanía de otro hombre. Unas cejas espesas y algo despeinadas se movieron hacia abajo, y aquellos ojos verdosos le sonrieron.

    -¿te gusta lo que ves?-

    -¿Qué?… ¡no!, solo…solo.- se cayó de golpe, con las orejas rojas. Cuando una chica le miraba siempre respondía con soltura y una sonrisa coqueta, pero se sentía estúpido cuando se encontró atrapado por aquel “gigantón”.

    Confundido, pero sin querer separarse bajo la cabeza y miro sus pies.

    -¿Solo?

    -Nada…no sabía que había fuegos artificiales.

    -Lo hacen cada vez que la feria viene, el primer día es el único que tiene de esos.- murmuro la grave voz ciñéndolo a su cintura, quizás inconscientemente al levantar la cabeza para mirar más lejos.

    Aquellas pequeñas cabinas tenían una ventana por la que solo podían asomarse las cabezas, y si eras un pequeño niño entonces deberías limitarte a las paredes de metal que habían sido alguna vez blancas perfectas. Por fortuna ambos podían llegar sin problemas, quizás uno más que otro.

    -No tenía idea… ¿vienes cada primer día que se pone la feria?

    -No realmente…pero me gustan las luces.

    -¿Los fuegos?, ¡ya!, si este lugar es un punto de ligue, nadie viene solo a ver las luces…

    -hump…bien, no puedo decir nada contra eso, mucho menos ahora- La gran figura se encogió de hombros mientras su cabello resplandecía con suaves risos rebeldes.

    -¿ahora?, no veo porq…-

    De pronto, con movimientos perezosos la mano que estaba calmando el miedo en su espalda y se frotaba suavemente se traslado reptando hacia el hueso de su cadera. Dante se curvo hacia el frente cuando una descarga eléctrica le recorrió desde ese punto hasta su pene inflamándolo en la oscuridad, tensando vergonzosamente el frente de sus pantalones, debido a que seguía agarrado firmemente de la camisa en el antebrazo fornido que le sujetaba sus manos no pudieron dar un brusco tirón para disimularlo. Siempre había sido sensible en esa área, era como un botón que aparte de hacerle cosquillas parecía estar conectado a sus partes bajas. Se removió un poco, haciendo que su trasero se viera respingado. La mano que seguía en ese punto bajo hacia sus glúteos.

    -Tranquilo niño…¿tienes vértigo no?- mascullo contra su oído sin disimular el placer de tocarlo, Dante no podía verle el rostro pero seguro ese maldito sonreía. Una muy bonita sonrisa… chasqueo la lengua moviendo la cabeza, intentando recuperar su espacio y volver al asiento detrás de él.

    -No lo sé, pero seguro estaré mejor si me siento- vocifero entre dientes sin que se le ocurriese algo mejor, la cabeza que estaba a cargo en ese momento no era la que “pensaba”. Esperando darse la vuelta para que no notara el asta entre sus muslos, un poco de tiempo y se calmaría con el aire frio…

    -si claro, a juzgar por eso, necesitaras más que sentarte para estar “mejor”-

    La voz seguía sonriendo sin moverse, solo cargada de un electrizante erotismo que hacia el más mínimo roce exquisito y por lo tanto difícil de rechazar. Lo único que impedía a Dante frotarse contra el atractivo sujeto con una actitud de mierda frente a él era el miedo. Él había tocado a muchas chicas…pero nunca había tocado a un chico y mucho menos tenía idea de lo que se sentiría ser tocado por uno, seguro que físicamente sería tan bueno como lo estaban siendo las manos que enterraban los dedos en las mejillas de su culo, pero…después. Su manzana de Adán bajo y subió un par de veces antes de soltar su voz trémula:

    -entonces…¿Qué sería mejor?- la excitación pareció cubrir el miedo momentáneo y barrerlo de la misma forma en la que una de las manos ajenas barrio sutilmente la punta de su polla, animándolo al coqueteo. Durando tan poco…

    Dante sollozo sin darse cuenta.

    -¿Te gusto eso?- apremio la voz gutural que se arrastraba por lo bajo al tiempo que subía un tono, las manos se clavaron con más fuerza entre sus carnes, levantándolo momentáneamente del suelo y devolviéndolo a su posición.

    -¡Oh!- la voz de Dante salió algo desentonada y aguda mientras abría los ojos como platos, oscurecidos por la sensación de deseo que parecía restregar invisibles tentáculos en el reducido espacio.-yo…n…no, no lo sé, pero definitivamente no me desagrada.

    No había tenido tiempo de moverse el mismo, su miembro erecto se sacudió al sentir uno de los fríos botones en el pantalón de mezclilla ajeno, estremeciéndose dejo escapar una risa baja, abrumado por la sensación de estar haciendo algo peligroso, sumado al lugar era una completa y jodida locura…

    “mmm…joder…” pensó.

    -Bien, al menos parece que te diviertes, mucho mejor que verte temblar en una esquina como un chihuahua.

    -No parezco un chihuahua, no soy pequeño ni un miedoso…- gruño bajo Dante. Con su metro setenta y nueve se sentía bastante cómodo con su estatura. Viendo al frente reparo por primera vez que el hombre que estaba seduciéndolo le sacaba por lo menos una cabeza…se pregunto interiormente ahora mucho más juguetón en que otras cosas seria mas grande, el hecho de ser perforado por una enorme polla le hizo volver el pánico.

    Una ceja oscura iluminada por una luz rojiza que se extinguía a la distancia se arqueo con malicia y burla contenida.

    -¿Oh si?, bien supongo que hay algo de verdad, lo que me obliga a pensar que ahora estas temblando por otras razones que son mucho más placenteras que la idea de que el juego se destruirá llevándonos con él.

    “¡Maldito hijo de puta!”, agrego Dante en su mente, lazando una mirada envenenada al tiempo que la oscuridad volvía a engullirlos. Lo estaba haciendo apropósito, jugando con él, lo atormentaba usando sus miedos y aun así…¡él estaba jodidamente duro como una roca!, intento soltarse de las prendas ajenas para llevar una mano a su hinchado falo y cerciorarse de que no estaba imaginándolo, pero el miedo se había duplicado, su lengua barrio sus labios temblando nerviosa, no sabía qué era lo que lo hacía salivar como un perro, el terror o la excitación, dos experiencias completamente nuevas juntas habían hecho un desastre con sus nervios y su cuerpo, bajo la vista y acaricio con la mirada la punta hinchada, el glande estaba coronado con una gota de pre semen que se mantenía a pesar de las vibraciones, dejando una marca pequeña de humedad en sus vaqueros azul real.

    -¡Mierda!- agrego olvidándose un momento de su acompañante, soltó un suspiro de necesidad separando las piernas y a la vez una exhalación caliente y con un olor fresco le sobrecogió haciéndolo encoger el cuello y enviando otra descarga como en final de una ola a sus pelotas.

    -Levanta la cabeza lindo.- El sujeto había vuelto, pero su voz era diferente, más dulce y apremiante y también más grave y pastosa.

    Dante hizo lo que se le pidió sin pensarlo siquiera, encontrándose con un mentón sobre su nariz y el aliento descansando sobre su rostro, abrió la boca buscando ser llenado por una de las bocanadas casi imperceptibles que salían entre aquellos labios que a la distancia se veían como si estuvieran sellados.

    La figura se inclino sujetándolo aun por el trasero y aplastando su polla contra la mezclilla entre los dos. Esta vez sus bocas se restregaban comisura contra comisura en una esquina oscura, la frente ajena con aquellos tenues risos cubriéndola amortiguo la propia, sus narices se rozaron un momento, besándose y mesclando el sudor que ahí se juntaba por la cercanía y el calor del deseo en ebullición.

    Dante tuvo que coger un montón de aire para hablar sin estar seguro de que sus palabras siguieran en orden que intentaba dar en su cabeza.

    -Yo…nunca he hecho nada con un chico.

    -No es complicado…- murmuro con absoluta confianza la otra voz, apremiándolo.

    -Supongo que no…mucho más si es besar…- dejo que el final de la oración que tejían el hilo de sus pensamientos se perdiera entre los dos, inclinándose, quizás algo mareado por la sensación de altura y los decadentes movimientos de la rueda de la fortuna o la excitación o simplemente por los fuegos artificiales que seguían segándolos cada vez que ascendían al cielo para morir antes de volver a tierra.

    Como se estaba volviendo usual en esos momentos, el chico se movió atrapando su boca con la propia, sintiéndolo delinear sus labios apenas un segundo, para exigir el paso profundamente en el interior de su boca, relamiendo cada recorrido lo sintió perseguirlo empujando y anudando las lenguas entre ellas, por un momento, incluso le pareció que su saliva al mezclarse con la ajena adquiría un sabor sublime y propiedades afrodisiacas, entre mas tragaba y mesclaba mas excitado parecía quedarse, gimiendo por mas con el corazón galopando por todo su cuerpo y su polla guiando una embestida de caderas, Dante fue dejado atrás. La boca ajena y deliciosa se separo como vino, echado atrás el hombro dejo escapar una risa echa sexo que extrañamente no asusto aun mas al ya asustadizo Dante, si no que lo hizo esperar con curiosidad lo que estaba debajo de ella.

    -Buen muchacho…besas bien.- agrego acercándolo.

    Sus brazos se movieron aun más cerca empujando las manos sobre los pantalones azul real, parecía tener suficiente experiencia quitándolos, cuando los dedos se deshicieron de los slips grises, dejando rebotar su pene fuera para probar el ambiente Dante apenas tuvo tiempo para ahogar un gemido, el pulgar recorrió el glande aplicando presión en la raja húmeda.

    -Pobrecillo, ¿has estado llorando lindura todo este tiempo?- los dedos se frotaron insistentemente contra la cabeza de su miembro, recogiendo el pegajoso fluido que parecía salir en mayores cantidades, no tardo mucho en que el olor a almizcle fuera abrazado por el de la pólvora creando una sensación de algo prohibido.

    -¡No, no toques!, si…si tocas…- ¿a quién diablos engañaba?, no quería que aquel desconocido dejara de acariciarlo como lo estaba haciendo ahora, cerrando sus dedos alrededor de su eje y recorriéndolo hasta la base, dándose tiempo de masajear los testículos aterciopelados, sin embargo algo de sentido común bombeaba ideas casi tan rápido como su corazón bombeaba sangre a su polla.-oh, si…hum…no…sii

    La rueda de la fortuna era solo un circulo que inevitablemente bajaba y quedaba rozando la tierra, por lo que había visto la vuelta duraba cerca de treinta minutos…si todas las canastas estaban ocupadas, cada canasta gozaría de una vista privilegiada de cinco o algo mas en lo alto, suspendidos, meciéndose adelante y atrás. Era divertido, emocionante y condenadamente peligroso, no solo estaba erecto en un juego y siendo acariciado sin pudor, no sabía si sus gruñidos serian cubiertos completamente por el tronar de la pirotecnia o serian escuchados por la multitud que aguardaba subir, y por encima de todo: ¡quien le estaba dando el entretenimiento de la noche era nada menos que un hombre!, uno que no conocía y era especialmente follable. Por mucho que se tolerara en un lugar como la feria la convivencia de parejas de todo tipo, seguramente serian echados y humillados si eran descubiertos haciendo eso en semejante lugar.

    Dante quizás era demasiado joven, lo suficiente para ser un completo estúpido y cagarla todo el tiempo, pero él mismo sabía que no quería ser cogido, al menos no por los guardias de seguridad, el caliente tipo que ahora se perdía en examinar su pene y acariciaba cara vena de este definitivamente era una excepción.

    Cayendo parcialmente contra el asiento que estaba a su espalda, ahogo un gemido de sorpresa mientras miraba idiotizado como aquel hombre de sedoso cabello separaba sus piernas y bajaba hasta sus tobillos la ropa que debía cubrirle desde la cintura.

    -¡oh…oh mierda!…¿qué jodidos se supone que vas a hacer?- gruño intentando seguir murmurando con la voz echa un hilillo ante la excitación y el terror que se peleaban por ocupar los gestos en su rostro.

    Intento cerrar las piernas y levantarse asiéndose del otro, solo guiando sus manos a los glúteos ajenos apretándolos una y otra vez al tiempo que se hacia una imagen mental de estos.

    -bastante bueno…- balbuceo perdiendo el interés en su objetivo inicial, empujándolo sin mucho esfuerzo a una esquina que rápidamente sepulto la lujuria.

    -Quieto, no hay tiempo para eso lindura…luego.

    Los ojos claros que lo habían estado estudiando se oscurecieron con hambre, el dueño de ellos se movió, impulsándose hacia adelante con una rodilla en el suelo sucio, le sonrió con sorna y malicia mientras se hundía entre sus delgados muslos, su cabeza dejo una sensación extraña en ellos cuando sus cabellos salvajes los rozaron quedándose sobre su miembro, pudo sentir el calor de una boca y luego la humedad aumentar…

    -¡oh Dios, oh Dios, oh Dios!- Dante aguanto la respiración sintiendo el cuerpo latirle entero y sus pelotas pesadas.

    -No me molesta que me llames así…aunque soy solo un simple mortal que apenas comienza…- La voz surgió ronca apareciendo el rostro para guiñarle un ojo y volver a hundirse, tomándolo entero hasta el fondo. “Garganta profunda” quedaba completamente claro ahora para el pequeño pelinegro que había perdido el tiempo y el lugar, al diablo los demás.

    Había sido chupado en el pasado, una chica que parecía tener experiencia apenas lo había lamido un poco llevándolo a medias dentro para dejarlo con arcadas, pero nunca se había corrido con una felación y ahora estaba especialmente ansioso por ver hasta donde lo llevaba su amante masculino. La lengua se novia mucho provocándole gruñidos de placer, enterrando la mano en los cabellos espesos y suaves como el pelo de un gatito del otro se entrego al disfrute con todo lo que tenia. Abriendo aun mas las piernas, era engullido y lavado por aquel trozo caliente y rojizo que había probado en su boca, pero esta ultima también era toda una delicia apretada se podía deslizar sintiendo que lo rosaba por todos lados tocando cada vena y deteniéndose en la cabeza para dedicarle un trato especial.

    -Oh si…tan bueno…-

    Con los ojos desorbitados al tiempo que los fuegos se terminaban con la música de vuelta, Dante observo que la rueda estaba a algunas canastas de detenerse, sus “siete minutos en el paraíso” habían pasado y él ni siquiera se había dado cuenta, empujo mas fuerte con las caderas sin parar, de cualquier forma estaba tan abrumado y su acompañante tan absorto que no hubiesen podido. Cerró los ojos y mascullo mentalmente justo en el momento que aquella lengua deliciosa pasaba por sus testículos, empujándolos sintió como cada uno era limpiado dentro de la boca ajena, increíblemente caliente que Dante se estremeció con cada pasada y cuando fueron liberados para volver a ser cogidos y balanceados entre los dígitos gruesos, cuando volvió a tocar su pene y engullirlo y a la vez presiono sus huevos no pudo evitar correrse.

    Desbocado su polla se hincho e inyecto todo su contenido dentro de la experta boca, siendo ordeñado hasta la última gota, fue sostenido vibrando cuando vio de nuevo los fuegos artificiales y quedo desconectado en el éxtasis.

    Un clímax intenso, incapaz de controlar las olas de placer que convulsionaban su cuerpo solo se entrego a la sensación, cuando abrió los ojos su miembro estaba guardado y empacado en sus ropas, su compañero se limpiaba la boca con el puño y se arreglaba el cabello, fue un silencio de dos minutos que parecieron internos alfileres clavados entre los dos, cuando la canasta dejo de mecerse, el otro chico se había adelantado y tenía ya un pie debajo de la atracción, Dante aun desorientado temía caerse fuera y hacer un espectáculo, sobrecogido mientras aspiraba noto su propio aroma rodar alrededor de él y se sonrojo furiosamente, entrando en pánico, uno peor que el que sentía cuando veía las atracciones más rápidas y locas desde el suelo apretándose la tripa y con el mareo tan fuerte que era incapaz de mantener la vista fuera de sus zapatos. Seria descubierto, indudablemente, debía alejarse pero aun estaba algo torpe por el desgaste emocional y físico que había pasado, un maravilloso momento erótico definitivamente que ahora no parecía suficiente.

    Cuando se impulso al frente alejándose algo le sostuvo, tirando a un lado de él sin entender el porqué sus pasos se volvieron más lejanos, levantando la vista cuando escucho el inconfundible “Clic” de las canastas en la rueda de la fortuna.

    -No te voy a permitir correr dejándome atrás lindura… ¿Qué, creías que te ibas a deshacer de mi por una mamada?…bien dije que aun estaba comenzando…

    La voz lejos de aquel pequeño espacio parecía más relajada y juvenil, incluso dulce. Dante enarco una ceja relamiéndose los labios andando a la par del ahora “no tan extraño chico”. Aprovechando el espacio y el tiempo como en el juego, le tomo la mano y le guiño el ojo.

    -Entonces simplemente corre más rápido…que estoy empezando a pensar que solo hablas por hablar…Aunque debería pagarte por haberme curado…no importa que tan desagradable fue…antes del final- vocifero mirándolo de arriba abajo, notando algo abultado entre los pantalones ajenos el deseo volvió a llenarlo como si fuese un animal en celo…con un suspiro se giro mirando atrás…en sus ojos se reflejaba la noria, con su cadencia y su iluminación Dante creyó que no era para nada aterradora…si no suave y deliciosa…simplemente perfecta…

     

    Fin

    Comentarios

    1. Avatar de Mabel

      Mabel

      1 julio, 2014

      ¡Impresionante!!! Un abrazo y mi voto desde Andalucía. Bienvenido

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