Un mal lugar donde no exista la sal

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Ella escribió sobre un margen casi asfixiado, lleno de tinta y pisadas, donde los espacios en blanco eran hijos de olvidos y no garantes de historias futuras. Deslizó, sobre renglones quebrados, fruncidos versos sin rima que hablaban de noches saladas, de mañanas y dulces penumbras.

Suave, con ritmo adormecido, relató a qué sabe el rumor de las olas, el olor de las crestas de espuma, el tacto del frío que llega y no huye. Aquel que desafía, que atenaza los huesos.

Me habló de las fotos manchadas, de los recuerdos ajados, de esos nombres propios que justifican suspiros. De los espacios, vacíos y mudos, por los que se desliza el eco de la frase inmediatamente anterior. Ella habló de las veces que los hombres mienten por no callar, de las horas que pasan luchando, batallando con su sombra sólo por no sollozar. De las tormentas encerradas entre paredes sin ventanas ni vida, de la luz que no logra huir, de un ocaso que absorbe hasta la última esperanza del día.

Con serenidad y suficiencia, como quien se desviste entre costumbre, ella arrojó sus temores a la cal inmaculada de los muros del cuarto desnudo, y yo, con premura, les di acomodo entre las grietas de mi alma y sufrí, como sólo sufre quien vaticina el silencio.

Todavía me susurró al oído historias de castañas y fuego, de llamas y abrigo. Y balbuceó en el aire el aroma a piel y naranja, el hedor de la ira enquistada, la fragancia del beso en la frente. Y, mientras lo hacía, yo me hundía en sus ojos, que ya no reflejaban miradas, imaginando un lugar donde yacer, un rincón donde esperar, donde sentir las ansias del tiempo enredando en mis piernas, arañando mi piel, tropezando y ralentizándose, haciéndose eternas.

Un rincón apartado en el que ver morir días y noches, en el que evocar la rutina y buscar refugio a mis manos y a la inquietud de mi mente. Un mal lugar en el que repetir los gestos gastados, una y otra vez. En el que imaginar las campanas sumisas y dóciles.

Un rincón, alejado y sin senderos, donde no se permita la palabra, donde no exista la sal. Un mal lugar, donde las campanas de muerte permanezcan por siempre calladas.

 

acervo.es · Un mal lugar donde no exista la sal

Comentarios

  1. Ángel_del_Barco

    3 julio, 2014

    Enhorabuena. ¡Qué difícil es escribir con una carga lírica tan fuerte y que todo lo que digas tenga sentido!

  2. Imagen de perfil de Mabel

    Mabel

    3 julio, 2014

    Excelente micro, muy bueno, un abrazo y mi voto desde Andalucía

  3. Imagen de perfil de guardiña

    guardiña

    10 mayo, 2015

    ¡ Ufff Me encanta!! Una lírica excepcional y con sentido. Felicidades. Me alegro haberte descubierto. Un saludo

    • Imagen de perfil de Ignorant.Walking

      Ignorant.Walking

      11 mayo, 2015

      Gracias, de verdad. No se merecen los elogios, pero es un placer recibirlos de alguien que ha publicado relatos como los que tú has publicado. Un placer.

  4. Imagen de perfil de GermánLage

    GermánLage

    21 junio, 2017

    Es lo que pasa por llegar tarde. ¿Qué puedo añadir a lo que los demás ya han dicho? Me ha gustado mucho tu escrito y me encanta tu forma de escribir.
    Un cordial saludo y mi voto.

  5. Imagen de perfil de eleachege

    eleachege

    21 junio, 2017

    Muy sobrio estilo al escribir. Recibe mi voto Ignorant.Walking.

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