¿Te acuerdas de aquél beso, gentil y susurrante, que en medio de la nada me regalaste? ¿Recuerdas el silencio, nuestros labios húmedos, y acorazado sentimiento que iba fundiéndose sin decir nada? Y tus manos frías, sedientas, que tomaban las mías como queriéndose escapar de la sin razón que dejaba ese sol tardecino ocultándose en la belleza del oeste. Y mi ser, que sin tu ser, no hubiera podido encausarse en la sorpresa que nos besaba, en la condición de vida, puestas en la salvia de cada uno de nosotros. El verde llameante, al ras del suelo, que nos alumbraba con la naturaleza que lo caracteriza, nos perfumaba los pies regocijados por el sentimiento que nos abundaba. De pronto nos desarmamos en la impiedad del frio, que iba acechándonos con la sensación misma de un otoño que se tornaba cueva para invernar, en lo más orbitado de nuestros cuerpos. Y tu cuello sobre el mío, amarrados en un abrazo congelado, mullidos en la eternidad del otro, como queriéndonos refugiar no sólo de la llanura, sino también de la ráfaga que con demencia se había levantado. ¿Y te acuerdas del último suspiro de quien encuentra alivio en la tormenta, con la sensación de quien había ganado una lucha interna entre medio de tantas personas que se escabullen por las veredas de una ciudad turbulenta, día a día?
Y te recuerdo…
miel, enjambre de abejas…
Valioso mora del cielo.
Descampe, sol poseído.
Imprecisa sensación,
sujeta a la colisión de deseos,
a la bienaventurada sonata de las aves
disolviéndose con anhelo
en la liviandad de la lejanía,
en la mezquindad
del frio que nos acobijaba,
en el cerrar de los párpados


Mabel
Que belleza de historia, felicidades, un abrazo y mi voto desde Andalucía
Chulio
Gracias Mabel! Gracias… Perdón a todos pro no tener tanto tiempo para responder sus comentarios, en los diferentes textos!!!