Esteban se había sentado en una mesa de una cafetería situada frente a una gran cristalera por la que se colaba la visión de una tarde lluviosa de Otoño. Se oían canciones pop de moda pero sobre todo se oía a la gente, con sus muchas conversaciones a la vez.
Esteban esperaba a Laura que tenía que llegar, que tenía que haber llegado hacia diez minutos, pero que no llegaba. Esteban y Laura habían quedado para hablar del estado de su relación, una relación en crisis que tenían que arreglar o romper. Esteban la quería arreglar, pero algo en su interior, algo a quien no quería hacer caso, le decía que ella quería romper.
Laura no llegaba. Los exitos pop se sucedían, y el murmullo de la gente no cesaba. Y Esteban había pedido un segundo café, lo que no le hacía más tranquila la espera sino que, por la acción de la cafeína, le ponía nervioso.
La lluvia continuaba. Aquella tarde la meteorología se había rebelado contra el “cambio climático” y dejaba caer sobre Madrid una intensa lluvia, apiadandose de la seca meseta. Pero esa lluvia, buena para muchas cosas, hacía la tarde más triste. Convertía la tarde en una película triste, en una novela triste. Se convertía en un triste decorado para Esteban, que era un hombre de treinta y tantos años, que trabajaba frente a un ordenador en una empresa y que tenía una novia que se llamaba Laura, también de treinta y tantos años pero tan bién teñida y arreglada que parecía como de edad indeterminada.
Laura era la secretaria de un importante jefe, en otra empresa. Esteban la quería porque era guapa, tenía una voz agradable y era simpatica. Primero fueron amigos y un día Esteban, tras tomarse varias cervezas, se declaró con unas palabras que ya no recordaba, aunque si recordaba que algo misterioso, una fuerza o algo así, había cambiado momentaneamente su habitual caracter tímido y de pocas palabras y le había convertido en una especie de personaje cinematográfico, de comedia optimista americana o inglesa al que habían acudido a su mente palabras y hasta frases enteras correspondientes a novelas y películas. Y resultó. Ella aceptó y se inició la relación. Durante un tiempo todo fue bién hasta que la realidad, que no siempre quiere ser como las películas, se imposo y la relación entró en crisis.
“Tenemos que hablar” le había dicho Laura a Esteban. Esteban había oído un día en una comedia de la televisión, que la frase “tenemos que hablar” dicha por una mujer en relación a una relación, era terrorífica. Algo le decía que ella quería terminar pero no quería hundirse, quería mantener el optimismo hasta el final. “Puede que resolvamos las cosas” se decía.
El tiempo no se detenía aquella tarde y avanzaba, aunqe a Esteban le parecieran siglos aquellos minutos. Pero aquellos minutos se conviriteron en una hora. Y una hora ya era mucho esperar, y más cuando aquella triste tarde gris de Otoño y aquella lluvia persistente no invitaban al optimosmo.
Demasiadas canciones pop seguidas, demasiado murmullo de la gente, demasiada lluvia. Y Laura ausente, sin acudir a la cita. A Esteban le entraba angustia, su optimismo ya no podía luchar contra el pesimismo. “Ella no vendrá” acabó diciendose a si mismo.
Se disponía a levantarse, a marcharse. Triste por no haber tenido la oportunidad de luchar. Tal vez aquella fuerza misteriosa que en el día de la declaración a Laura había actuado en él y le había convertido en un hombre capaz de enamorar podría haber actuado aquella tarde. No sabría núnca si eso podía haber ocurrido porque ella no había aparecido.
De repente dos fuertes pitidos del movil indicaron a Esteban que tenía un mensaje. El mensaje era de Laura. “No he podido ir pero esta noche te llamaré al fijo”. Todavía había una oportunidad de arreglar aquello aquel día. Esteban pensó que tal vez aquella tarde lluviosa y aquella concurrida cafeterá no se prestaban para arreglar la relación. Pero tal vez la noche, más tranquila, se prestaría más. Claro es que la cosa no será cara a cara, pero tal vez así, él estará más inspirado. Quiso que el optimismo voviera a su mente. “Esta noche lo arreglaremos” se dijo a si mismo mientras sonaba la enesima canción pop de moda. Pagó los dos cafés, se levantó y salió de allí. Abrió su paraguas y se dirigió a su casa.
Por la noche Esteban se encontrab en su pequeño apartamento. Zapeaba delante del televisor. No hacía caso a lo que veía porque su mente estaba concentrada en que su teléfono sonara.
Había dejado de llover y eso Esteban lo entendió como un señal que indicaba que ahora las cosas si que se ivan a arreglar. Distintos canales con distintos programas pasaban ante sus ojos y mientras tanto allí estaba el teléfono fijo, silencioso.
De repente el teléfono sonó. Era ella, era Laura. Esteban sintió que la fuerza misteriosa, la que le ayudó a conquistar a aquella mujer, estaba de nuevo entrando en él. Sintió que la vida real estaba a punto de convertirse en una comedia americana o británica. Pero Laura apenas le djó hablar y fue ella quien monopolizó la conversación telefónica.
“Quiero decirte algo, y no quiero rodeos. Quiero terminar nuestra relación, la quiero terminar ya, no quiero hablar, ni discutir, no quiero suplicas ni promesas, ni segundas oportunidades, no quiero frases tipo todo cambiara, todo irá mejor etc. No quiero nada de tí, no quiero verte, solo quiero que te marches de mi vida, así que adios”
Esteban había intentado hablar, decirle que porque no discutían aquello cara a cara. Pero no había duda, ella lo tenía claro. Cuando Laura había colgado Esteban se había quedado como un tonto, con el auricular en la mano, pegado a la oreja. Así permaneció un rato, hasta que colgó. Laura le había dejado. Durante unos minutos sus ojos quedaron fijos en el televisor. Ponian un programa en el que la gente cantaba y reía mientras que los ojos de Esteban estaban llorosos. La historia con Laura había terminado, así se lo decía la triste realidad.

Mabel
La realidad es esa, tú puedes sentir mucho amor por esa persona y arreglar las cosas pero el destino, siempre te juega una mala pasada. Un abrazo y mi voto desde Andalucía
alca
Gracias por tu comentario y apoyo. Un saludo muy afectuoso.
VIMON
Buena historia, amigo Alca, aunque yo encuentro algunos clavos sueltos. Saludos y mi voto.
alca
Gracias por tu comentario. Espero que los clavos sueltos puedan ser resueltos en las futuras entregas. Un saludo muy afectuoso.