Salí al parque que estaba justo frente al hotel. Era agradable. Los árboles y los setos formaban curiosos caminos que semejaban laberintos intrincados. Me senté a la sombra de un ficus en un cómodo banco de metal pintado de verde mientras recibía los cálidos rayos del sol que se escurrían por entre las ramas. Había llegado esa mañana a la ciudad para entrevistarme con algunos posibles clientes.Todavía era temprano. Esperaría hasta la hora del almuerzo y de ahí ya veríamos. Al fondo, los juegos de los niños estaban casi desiertos. A excepción de un par de columpios ocupados por dos pequeños al resguardo de sus respectivas niñeras que charlaban aburridas en un banco adyacente. A lo lejos, una anciana caminaba con pasos lentos sobre las baldosas.
A un extremo del parque y a escasos 15 metros de mi posición, por un hueco entre los setos, casi a mi espalda, pude distinguir a tres chicas adolescentes que se acercaban. Sin duda se habían ido de pinta a juzgar por la hora. Llevaban una falda corta a cuadros y un chaleco azul marino y venían haciendo alboroto. Llegaron al pie de una valla baja y angosta de mampostería que delimitaba el patio de juegos con uno de los senderos del parque. La altura de la valla apenas rebasaba los 60 cms. Las chicas pasaron una a una alzando las piernas sobre el pequeño obstáculo con desfachatez, dejando ver sus preciosos y firmes muslos. Yo me regocijé de la vista tan fresca que me ofrecía la ocasión. La última, una chica morena y bien proporcionada, quedó un momento del otro lado de la cerca. Después, con sensualidad levantó una pierna sobre la valla permitiendo ver su floreada y ajustada ropa interior. Pero no pasó al otro lado, sino que se quedó ahí a horcajadas, luciendo unas piernas suaves y hermosas. Dejaron sus cuadernos y bolsas sobre un banco cercano. Ahí de pie, bromeaban y reían animadamente. Yo observaba embelesado las deliciosas piernas de la chica morena. Su cara ovalada, su nariz pequeña y respingada eran hermosas. La adolescente había apoyado los codos sobre la valla y se había inclinado sobre ésta, un torneado y hermoso trasero se dibujaba bajo la falda. Su diminuta escocesa había subido unos centímetros y mostraba unos muslos redondos y musculosos. Parecía una amazona montando un corcel. La suave brisa matinal agitaba su negra cabellera ondulada cubriéndole en ocasiones su delicado rostro de niña.
Ahí estaba yo, como voyeurista ocasional, mirando a unas chicas que se creían aisladas y solas. Camuflado entre los setos no era fácil ubicarme, lo que me permitió seguir observando sin que se percataran de ello. Una de ellas sacó una cajetilla de cigarrillos y les ofreció a las demás. La chica morena se levantó un poco y volvió a sentarse sobre la valla con el cigarrillo entre los dedos. Aspiró el humo y sonrió expulsándolo hacia arriba. Yo la seguí mirando hipnotizado. De pronto reparé en algo que no había notado. La muchacha hacía un movimiento casi imperceptible de vaivén. Por un momento creí que lo imaginaba y que era parte del movimiento natural al conversar con sus amigas. Mientras reía y conversaba, se movía hacia adelante y hacia atrás de manera nerviosa, giraba un poco sobre su cintura y volvía a su posición apretando y relajando sus muslos. Las demás chicas reían y conversaban y no parecían darse cuenta de lo que para mí era obvio. Mi corazón se disparó y sentí una presión palpitante que iba aumentando en mi entrepierna.
Cualquier otra persona lo habría ignorado, pero ahora me tenía atrapado como a un púber, mirando sin poder abstraerme de la escena. Las muchachas seguían en sus conversaciones y mi chica, se movía más rápido cada vez. A veces se levantaba un poco de la valla para luego volver a sentarse en ese balanceo sensual… erótico. La chica reía, fumaba y se movía. Su risa parecía una cascada de agua cristalina que iba in crescendo. Las compañeras sin saber bien por qué, se contagiaban de su risa deliciosa. Después de unos cautivadores momentos, la chica arqueó el cuerpo y apretó los muslos contra el muro. Disimulando su explosión con una carcajada histérica, quedó con las dos manos sobre la valla y la cara sudorosa casi tocándola, con espasmos que se asemejaban a los de la risa. Su pelo se había vuelto hacia su rostro y cubría sus mejillas encendidas. No es necesario describir lo que sentí en ese momento. Sólo diré que de pronto me sentí observado. Giré la cabeza y vi parada frente a mí a la anciana. No sabía cuánto tiempo había estado ahí, mirándome. El voyeur, había sido descubierto. Una oleada de indignación llegó a mi rostro febril. No supe distinguir si la irritación fue por la interrupción del espectáculo o por haber permitido que me sorprendieran, como a un mocoso que se le ha pillado al intentar robar una galleta. Como quiera que haya sido, aquello había terminado.
La persona me miraba con morbosa curiosidad; pero no era precisamente a mí, sino a la protuberancia que resaltaba en mi bragueta. Me puse de pie de un salto y salí casi corriendo del parque. Nunca podré olvidar el rostro lascivo y lujurioso de aquella anciana voyeurista.





VIMON
Dos mirones descubiertos. Excelente relato, Inge, que se lleva mi voto y un saludo.
Ingeniator
Muchas gracias por pasar a leer Vimon. Un abrazo.
Julioko
miradas bragueteras
jaja saludos
Ingeniator
Qué cosas ¿no? Julioko. Un saludo.
Gusadro
Genial relato. Los pequeños simbolismos, el gran uso del lenguaje, me gustó muchísimo. Un saludo y mi voto.
Ingeniator
Gusadro, muchas gracias por pasar por aquí y dejar tu comentario. Un abrazo.
Bicho.Reactor
Interesantísimo relato, muy ingenioso.
Ingeniator
Bicho, me alegro que te haya gustado. Saludos
español/peruano
Jajaja. No hagas lo que no quieras que te hagan. Bien por la anciana, pues le dio su propia medicina. Me ha gustado mucho tu relato. Es fresco y bien redactado. Mi voto y mi saludo desde Perú de un español errante.
Ingeniator
español/peruano gracias por tus palabras, te agradezco que te hayas tomado el tiempo para dejar el comentario. Un abrazo.
Aldo
Buen cuento, con un buen final. Te ganaste mi voto. Saludos.
Ingeniator
Muchas gracias Aldo, un abrazo.
Mabel
¡Vaya par de mirones! Un abrazo y mi voto desde Andalucía
Ingeniator
Muchas gracias Mabel, un fuerte abrazo.