A sus cinco años de edad, Aurita, no conocía a sus abuelos. La oportunidad de hacerlo fue dramática: ella y sus padres debieron viajar, desde su lejano país de residencia, hasta su pueblo de origen cuando sus abuelos paternos perecieron.
Al verla por vez primera, su abuelo materno, la besó apasionado en la frente intentando entregarle todo el amor represado hasta entonces.
Dos años después, distante y presa de violenta enfermedad, Aurita, exigió ver a su abuelo. “No quiero morir sin que me des tu beso”, le dijo al verlo.
“Yo tampoco quiero irme sin besarte.” Respondió el abuelo.




Mabel
Que bonito micro, un abrazo y mi voto desde Andalucía